20.7.15

Vicedo 2015: primer fin de semana

Hemos descubierto que lo que estos años tomamos por una tienda de artículos de playa y papelería encerraba una pequeña pero verdadera librería. Librería que tiene, por ejemplo, Impedimenta y Libros del Asteroide. El otro día le compré a Marta una biografía en cómic de Virginia Wolf, de la colección El chico amarillo de Impedimenta. Y creo que la compra estival de libros este año será allí.

Hace bastante calor, para estas latitudes. De hecho, evitamos la playa en las primeras horas de la tarde, y estiramos la mañana y a veces bajamos al caer la tarde. En esas sobremesas estoy intentando poner en práctica lo aprendido este invierno en clases de pintura: el resultado no es bueno, pero disfruto mucho mientras lo hago.

Los niños han pasado parte del fin de semana con su madre, y hoy ya los he ido a buscar. Ya solo tenemos que dedicarnos a disfrutar de todo, todos los días.

Este era el aspecto del agua esta mañana, cuando me bañé, a las nueve y media. Sé que soy un pesado, pero no me digan, sinceramente, que no es algo increíble.









19.7.15

Yes we are: Vicedo 2015

El miércoles 15 llegamos a Vicedo. Creo que nunca habían venido con tantas ganas, los niños, después de un año sin volver.


Los dos primeros días Marta se volvió a casa porque tenía que trabajar, pero ya estamos los cinco. 



La primera mañana me saludan, en el mismo cruce, cuatro señoras del pueblo. Vamos a la compra y a tomar un café a Oliva, donde los niños juegan a las cartas mientras yo hablo con ella, que dice que últimamente se fatiga mucho. El café me encanta.

Todos los días me levanto a las siete y estudio hasta las nueve. A esa hora llega el pan, salgo a por él, me pongo el bañador y bajo a la playa a bañarme. La luz a esa hora suele ser esta:




Lo mismo de siempre, lo que venimos a buscar cada año, sigue igual y no deja de maravillarnos.

También es siempre lo mismo salir a nadar y dejarme mecer por el agua mientras miro alrededor. Y sin embargo cada vez parece superar la anterior, y no acabo de dar crédito ante tanta belleza.



20.6.15

Costa da Morte

Siempre he creído que no le sacamos partido (comercial, mediático, turístico, no sé) a lo que tenemos, entre otras cosas porque no lo presentamos bien. Pero me parece que este atípico vídeo es una excepción.


4.6.15

Habas cocidas

Una de las razones por las que hace años decidí hacer un doctorado fue la posibilidad de que me permitiese acceder al mundo académico como colaborador más o menos frecuente, bien en forma de artículos, bien participando en lo que fuera que se organizase sobre el tema. Buscaba abrirme una puerta, no exactamente laboral, sino a una actividad que supusiese un aliciente (intelectual) para mí.

La semana pasada, y aunque todavía no he ternimado mi tesis, participé por primera vez en una especie de congreso, en Madrid, presentando algo así como parte de un capítulo de ella.

A priori, creía que podía volver: a) encantado con todo y conmigo mismo; b) impresionado con todo y avergonzado de mi papel, o c) decepcionado con lo que me iba a encontrar. Ahora, pensándolo mejor, me parece que la opción a no era posible (un poco en la línea de Groucho Marx y su opinión sobre un club que lo admitiese como socio), pero bueno, el caso es que la resultante fue la c: me pareció que aquello era básicamente un producto de autoconsumo, con bastante autobombo y poca aportación real útil a nada. No todo, hubo cosas interesantes, pero el caso es que algo fallaba. Para empezar, que si no hay receptor el mensaje sobra, sea como sea.

En fin, era mi primer contacto, pero espero encontrarme algo más que esto en el futuro. Supongo que en realidad habrá de todo, como en todos lados; y quiero creer que uno, si quiere, puede elegir bien dónde ir (sobre todo si su sueldo no depende de ello), o por lo menos elegir bien dónde intentarlo.


Por delante, y con un paréntesis vacacional, tengo cinco meses de trabajo a marchas forzadas. No tengo ninguna duda de que voy a conseguirlo, pero tampoco de lo hasta las narices que voy a acabar.

Una de esas razones para meterme en esto se cumplirá con el mero hecho de terminar. Otra ya se ha ido cumpliendo por el camino. Y el resto, ya veremos si eran fundadas.


31.5.15

45

Hoy he cumplido cuarenta y cinco años.




Cuando cumplí cuarenta no tuve ninguna crisis. De hecho, me parecía que entraba en una etapa interesante, donde definitivamente quedaba atrás el desesperado intento de continuar siendo joven de los treinta.



Confieso que este cumpleaños me impresiona un poco más, porque me acerca a los cincuenta, que me impresionan bastante. Me empiezo a hacer mayor, creo. Pero bueno, la vida.



Esta mañana Marta y los niños no me dejaron levantar hasta que tuvieron todo listo: regalos por toda la casa (centrados en la nueva faceta pictórica, sobre todo) y velas para soplar al final. Fue muy bonito y me sentí muy contento.



El deseo que pedí fue seguir así.


20.5.15

2666

Como casi no leo, he tardado meses, pero ya he acabado 2666, de Bolaño.

Me ha parecido una obra maestra.

No voy a intentar analizarla, porque al final repetiría lo que leo en todos lados (es una mezcla de varias novelas, cada una en su estilo y con su tono, que forman un conjunto magnífico), pero ha sido leer gran literatura. Yo creo que este libro es ya un clásico, y lo será.

Y aunque puede que sea injusto (hacia el dolor de quienes lo perdieron y hacia él mismo), frívolo o, sencillamente, tonto, da todavía más pena que se muriese tan joven, el pobre.


11.5.15

De dinosaurios en Asturias

Este puente hemos ido los niños, su madre y yo a Asturias, en un viaje que era un regalo para Carlos y que giraba en torno al tema dinosáurico.

Nos quedamos en una casa en Lastres, y desde allí nos movimos por la zona y un poco más: Gijón, Colunga, Ribadesella, Cudillero, Tapia... Todo precioso y muy cuidado, aunque un poco turístico de más.

Lastres
 



El paisaje asturiano (y habla un gallego que cree vivir en un sitio privilegiado) es alucinante. Parece un jardín bien diseñado, con su alternancia de prados y árboles. Y ver picos nevados desde una playa es fantástico. Con respecto a Galicia hay (además de esos picos) una diferencia fundamental: casi no hay eucaliptos, ni todo lo que ellos conllevan; y se nota, se nota mucho. Y otra más, también achacable al hombre: no hay feísmo.

En Galicia hay mucho feísmo: casas habitadas pero sin terminar, casas terminadas que te hacen desear que no lo estuviesen, galpones de bloque cuyo interior le habría parecido caótico a Diógenes, alrededores de casas que son lodazales y tienen restos de una obra de hace veinte años, fachadas forradas de azulejo, añadidos a tración, y edificación nueva que ni se integra ni lo intenta, sino que atenta contra todo lo que la rodea. No solo hay eso, pero todo eso lo hay, y no hace falta buscar mucho. Y en Asturias, en el campo (no sé en zonas urbanas), por lo que había visto en anteriores ocasiones y volví a comprobar, no; nada: hay muchísimas casas tradicionales, y todas están arregladas, y la construcción actual pasa desapercibida, en el peor de los casos.

Las razones serán varias, pero seguro que todas tienen que ver con decisiones. Y no estamos comparando Suiza con Albania, económicamente. Y me dio mucha envidia.






En cuanto a nuestras visitas, el MUJA (Museo del Jurásico de Asturias) no tiene mucho que envidiar al Museo de Historia Natural de Londres (en el que estuvimos en verano) en lo que a dinosaurios se refiere: está francamente bien. Fuimos a ver unas huellas de dinosaurio, también; que te las tienes que creer, claro, pero que, si lo haces, impresionan, y mucho. Y lo más interesante para mí fue la cueva de Tito Bustillo, donde después de andar casi 1 km bajo tierra te plantas delante de unos dibujos que hicieron unos hombres hace unos 10.000 años... A mí me pareció increíble. Y a Carlos le encantó todo, que era de lo que se trataba.


Carlos en una huella
De lo mejor del viaje fue un paseo por el pueblo que di un día, antes de cenar, con Paula. Estuvimos más de una hora charlando. Ya bastante en serio. Para algunas cosas (importantes) Paula es muy madura; siempre lo ha sido.




Ha estado muy bien.


8.4.15

Cementerio, Semana Santa y felicidad

Estas vacaciones han sido especialmente buenas. Tras unos días de estudio, llegaron los niños y pasamos la mitad de la semana juntos, con Marta y Cibrán, en casa. Aunque en casa poco estuvimos: la Semana Santa es seguramente la época del año en la que hay más ambiente en nuestra ciudad, y si a eso le sumamos que los niños querían ver las procesiones, el resultado fue que pasábamos el día fuera, solos o con amigos.

Me he sentido muy bien, a pesar de mis habituales y difíciles de explicar ratos de mal humor o algo así. Pero ha sido agradable, me ha dado tiempo a estar bien, a disfrutar del tiempo juntos.

Hace unas semanas, un domingo después de comer, cuando iba a casa a trabajar (en la tesis, en qué si no), pasaba por delante del cementerio municipal y decidí parar. Quería hacerlo desde hacía tiempo. Estaba prácticamente desierto y llovía.

Fui a ver las tumbas de mis abuelos.

Yo me considero no creyente, aunque la mayor parte de mi vida lo fui; por tanto, hay poca o ninguna religiosidad para mí en una visita así. Pero no cabe duda de que hay algo que a lo mejor se puede llamar espiritualidad. La espiritualidad de pensar en algo trascendente: en el amor y su capacidad para hacer de la vida propia y de otros algo trascendente.

Porque pensaba, como tantas veces, en si el gesto de ir a verlos tenía alguna importancia. Eliminada la religión y lo que ella comprende, ¿la tiene? Para mí sí, sin duda, por lo que provoca en mí, por lo que me hace pensar y sentir; pero no me refiero solo a eso: ¿es posible pensar que tiene alguna importancia para ellos, que ya murieron?

Me imaginaba la situación contraria: algún día (en un futuro muuuy lejano) un nieto mío, hijo de Paula o de Carlos, al que habré paseado, al que habré cuidado, con el que habré jugado, con el que habré vuelto a disfrutar como con ellos, al que querré como a ellos, se acordaría de mí, haría un alto en su rutina, pararía su coche e iría a donde yo esté. A pensar un momento en mí. A recordarme. A acordarse de su abuelo, que lo adoraba.

Por desgracia, sé que en ese momento yo no seré nada (¡qué suerte, creer!); pero también sé que pensar que eso pueda suceder es lo único que tengo parecido a un consuelo.


Anteayer Carlos estaba jugando, Paula estudiaba y yo le explicaba el siglo XVIII mientras intentaba pintar mi primer óleo. En la cocina entraba el sol.


17.3.15

Adiós, Cifu

Ha muerto Juan Carlos Cifuentes, Cifu para los amigos, que éramos nosotros que estábamos allí, junto a nuestras radios.

Lo siento mucho. Que descanse en paz, si eso es posible.

Besos, abrazos, carantoñas y achuchones varios, Cifu.



18.2.15

Doce

Sigo aquí.

Tratando de lograr una rutina de trabajo diario, y siendo a la vez víctima de ella porque casi nunca me gustan las rutinas. Además, conseguir concentrarme, aunque se supone un triunfo, me aleja de lo(s) demás. Espero al menos que todo esto dé el fruto que tenga que dar.

Posibilidades, me hace falta sentir que tengo posibilidades. Que no todo está ya dicho (para bien, por favor, para bien).

Carlos y yo hemos empezado  a ir juntos a clase de dibujo. Eso es abrir una puerta.

Y mientras, Paula cumple doce años. Doce. Doce significa dulce en gallego. Como ella.