Costa da Morte
Siempre he creído que no le sacamos partido (comercial, mediático, turístico, no sé) a lo que tenemos, entre otras cosas porque no lo presentamos bien. Pero me parece que este atípico vídeo es una excepción.
- ¿Y a usted, si le concediesen todo cuanto deseara, qué le gustaría hacer en sus vacaciones? - ¿A mí? Estar sentado en una silla.
Siempre he creído que no le sacamos partido (comercial, mediático, turístico, no sé) a lo que tenemos, entre otras cosas porque no lo presentamos bien. Pero me parece que este atípico vídeo es una excepción.
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Portarosa
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- Paisajes
Una de las razones por las que hace años decidí hacer un doctorado fue la posibilidad de que me permitiese acceder al mundo académico como colaborador más o menos frecuente, bien en forma de artículos, bien participando en lo que fuera que se organizase sobre el tema. Buscaba abrirme una puerta, no exactamente laboral, sino a una actividad que supusiese un aliciente (intelectual) para mí.
La semana pasada, y aunque todavía no he ternimado mi tesis, participé por primera vez en una especie de congreso, en Madrid, presentando algo así como parte de un capítulo de ella.
A priori, creía que podía volver: a) encantado con todo y conmigo mismo; b) impresionado con todo y avergonzado de mi papel, o c) decepcionado con lo que me iba a encontrar. Ahora, pensándolo mejor, me parece que la opción a no era posible (un poco en la línea de Groucho Marx y su opinión sobre un club que lo admitiese como socio), pero bueno, el caso es que la resultante fue la c: me pareció que aquello era básicamente un producto de autoconsumo, con bastante autobombo y poca aportación real útil a nada. No todo, hubo cosas interesantes, pero el caso es que algo fallaba. Para empezar, que si no hay receptor el mensaje sobra, sea como sea.
En fin, era mi primer contacto, pero espero encontrarme algo más que esto en el futuro. Supongo que en realidad habrá de todo, como en todos lados; y quiero creer que uno, si quiere, puede elegir bien dónde ir (sobre todo si su sueldo no depende de ello), o por lo menos elegir bien dónde intentarlo.
Por delante, y con un paréntesis vacacional, tengo cinco meses de trabajo a marchas forzadas. No tengo ninguna duda de que voy a conseguirlo, pero tampoco de lo hasta las narices que voy a acabar.
Una de esas razones para meterme en esto se cumplirá con el mero hecho de terminar. Otra ya se ha ido cumpliendo por el camino. Y el resto, ya veremos si eran fundadas.
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- Observaciones y reflexiones desde una silla, Venturas y desventuras del señor de Portorosa
Hoy he cumplido cuarenta y cinco años.
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- Hijos, Un viaje sentimental, Venturas y desventuras del señor de Portorosa
Como casi no leo, he tardado meses, pero ya he acabado 2666, de Bolaño.
Me ha parecido una obra maestra.
No voy a intentar analizarla, porque al final repetiría lo que leo en todos lados (es una mezcla de varias novelas, cada una en su estilo y con su tono, que forman un conjunto magnífico), pero ha sido leer gran literatura. Yo creo que este libro es ya un clásico, y lo será.
Y aunque puede que sea injusto (hacia el dolor de quienes lo perdieron y hacia él mismo), frívolo o, sencillamente, tonto, da todavía más pena que se muriese tan joven, el pobre.
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15:53
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Este puente hemos ido los niños, su madre y yo a Asturias, en un viaje que era un regalo para Carlos y que giraba en torno al tema dinosáurico.
Nos quedamos en una casa en Lastres, y desde allí nos movimos por la zona y un poco más: Gijón, Colunga, Ribadesella, Cudillero, Tapia... Todo precioso y muy cuidado, aunque un poco turístico de más.
| Lastres |
| Carlos en una huella |
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22:21
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- Hijos, Paisajes, Venturas y desventuras del señor de Portorosa
Estas vacaciones han sido especialmente buenas. Tras unos días de estudio, llegaron los niños y pasamos la mitad de la semana juntos, con Marta y Cibrán, en casa. Aunque en casa poco estuvimos: la Semana Santa es seguramente la época del año en la que hay más ambiente en nuestra ciudad, y si a eso le sumamos que los niños querían ver las procesiones, el resultado fue que pasábamos el día fuera, solos o con amigos.
Me he sentido muy bien, a pesar de mis habituales y difíciles de explicar ratos de mal humor o algo así. Pero ha sido agradable, me ha dado tiempo a estar bien, a disfrutar del tiempo juntos.
Hace unas semanas, un domingo después de comer, cuando iba a casa a trabajar (en la tesis, en qué si no), pasaba por delante del cementerio municipal y decidí parar. Quería hacerlo desde hacía tiempo. Estaba prácticamente desierto y llovía.
Fui a ver las tumbas de mis abuelos.
Yo me considero no creyente, aunque la mayor parte de mi vida lo fui; por tanto, hay poca o ninguna religiosidad para mí en una visita así. Pero no cabe duda de que hay algo que a lo mejor se puede llamar espiritualidad. La espiritualidad de pensar en algo trascendente: en el amor y su capacidad para hacer de la vida propia y de otros algo trascendente.
Porque pensaba, como tantas veces, en si el gesto de ir a verlos tenía alguna importancia. Eliminada la religión y lo que ella comprende, ¿la tiene? Para mí sí, sin duda, por lo que provoca en mí, por lo que me hace pensar y sentir; pero no me refiero solo a eso: ¿es posible pensar que tiene alguna importancia para ellos, que ya murieron?
Me imaginaba la situación contraria: algún día (en un futuro muuuy lejano) un nieto mío, hijo de Paula o de Carlos, al que habré paseado, al que habré cuidado, con el que habré jugado, con el que habré vuelto a disfrutar como con ellos, al que querré como a ellos, se acordaría de mí, haría un alto en su rutina, pararía su coche e iría a donde yo esté. A pensar un momento en mí. A recordarme. A acordarse de su abuelo, que lo adoraba.
Por desgracia, sé que en ese momento yo no seré nada (¡qué suerte, creer!); pero también sé que pensar que eso pueda suceder es lo único que tengo parecido a un consuelo.
Anteayer Carlos estaba jugando, Paula estudiaba y yo le explicaba el siglo XVIII mientras intentaba pintar mi primer óleo. En la cocina entraba el sol.
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15:37
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Ha muerto Juan Carlos Cifuentes, Cifu para los amigos, que éramos nosotros que estábamos allí, junto a nuestras radios.
Lo siento mucho. Que descanse en paz, si eso es posible.
Besos, abrazos, carantoñas y achuchones varios, Cifu.
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15:50
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Sigo aquí.
Tratando de lograr una rutina de trabajo diario, y siendo a la vez víctima de ella porque casi nunca me gustan las rutinas. Además, conseguir concentrarme, aunque se supone un triunfo, me aleja de lo(s) demás. Espero al menos que todo esto dé el fruto que tenga que dar.
Posibilidades, me hace falta sentir que tengo posibilidades. Que no todo está ya dicho (para bien, por favor, para bien).
Carlos y yo hemos empezado a ir juntos a clase de dibujo. Eso es abrir una puerta.
Y mientras, Paula cumple doce años. Doce. Doce significa dulce en gallego. Como ella.
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- Hijos, Un viaje sentimental, Venturas y desventuras del señor de Portorosa
Con el título ya les cuento el final, para que sepan a qué atenerse.
Hace años, cuando las primeras caricaturas, las danesas, ya escribí diciendo que yo no veía la situación tal y como se explicaba en nuestros medios. Ahora, algunas de aquellas opiniones las tendría que matizar, y otras probablemente las he cambiado (todavía cambio de opinión, por suerte), pero en general sigo pensando lo mismo.
Cuando hay muertes, siempre hay que hacer al menos una separación: la cuestión de los muertos por una parte, y el resto del problema, por otra. Aunque todo venga unido. Y en lo de Francia sucede lo mismo: por un lado tenemos unos asesinatos, terribles como todos, y por otro, el debate sobre la libertad de expresión, la tolerancia, el respeto, la religión, Oriente, Occidente, el Islam, el laicismo, etc.
Sobre el asesinato a los periodistas (lo de terrorismo o no terrorismo mejor lo aparcamos a un lado, porque tampoco importa demasiado; pero parece que vamos camino de definir terrorismo como aquel asesinato cometido por un islamista), poco hay que decir, que no se dé por sentado entre personas civilizadas. Lo único que se me ocurre es llamar la atención sobre el hecho de que es principalmente un problema de seguridad cuya solución, a corto plazo, es básicamente policial. Aunque por supuesto la causa sea mucho más profunda.
Sobre lo otro (dentro de lo cual estaría, sumergida, esa causa), en cambio, sí que veo mucho que opinar. A ver si yendo por partes me aclaro:
La libertad de expresión no da derecho a decir lo que uno quiera: la libertad de expresión tiene límites, aquí, allí y en todas partes. Algunos de esos límites son tácitos y vienen dados por una idea comunmente aceptada de respeto a los demás, pero en general, y por si hay dudas, suelen venir explícitamente recogidos e impuestos por la ley, que a su vez, como es lógico, lo que hace es adaptarse a lo que la sociedad considera aceptable, y como tal lo refleja. Así, las injurias (que no son otra cosa que insultos) están penadas en cualquier caso, y mucho más seriamente si son contra la Corona; como también es delito la calumnia. Es decir, que tener libertad de expresión no significa que uno pueda decir lo que le dé la gana.
(Todo esto, naturalmente, sin entrar en las mil y una razones que en la práctica cercenan cada día esa libertad; solo las económicas darían para mucho. Y sin querer valorar, tampoco, leyes que ahora mismo están a punto de darle un buen recorte. Tanto por una cosa como por la otra, es mejor no decir nada sobre el que nuestros representantes políticos hayan encabezado esta protesta masiva en defensa de nuestras libertades...)
Así pues, el debate no puede ser si podemos o no decir lo que queramos (pues está claro que no), sino qué cosas justifican la imposición de ese límite y cuáles no. Estaríamos por tanto, en realidad, cuestionando si las razones de unos son válidas para nosotros.
Pero antes de seguir con eso, otra aclaración: en España la blasfemia dejó de ser delito en 1988, y aun ahora el Código Penal recoge la figura del escarnio:
1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.Así que tampoco es cierto eso de que aquí no consentimos que la religión nos tape la boca. Y si no que se lo pregunten a Javier Krahe. Ah, y en el Reino Unido la blasfemia es delito.
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- Sexo
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- Hijos, Un viaje sentimental, Venturas y desventuras del señor de Portorosa