Adiós, Cifu
Ha muerto Juan Carlos Cifuentes, Cifu para los amigos, que éramos nosotros que estábamos allí, junto a nuestras radios.
Lo siento mucho. Que descanse en paz, si eso es posible.
Besos, abrazos, carantoñas y achuchones varios, Cifu.
- ¿Y a usted, si le concediesen todo cuanto deseara, qué le gustaría hacer en sus vacaciones? - ¿A mí? Estar sentado en una silla.
Ha muerto Juan Carlos Cifuentes, Cifu para los amigos, que éramos nosotros que estábamos allí, junto a nuestras radios.
Lo siento mucho. Que descanse en paz, si eso es posible.
Besos, abrazos, carantoñas y achuchones varios, Cifu.
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Portarosa
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Sigo aquí.
Tratando de lograr una rutina de trabajo diario, y siendo a la vez víctima de ella porque casi nunca me gustan las rutinas. Además, conseguir concentrarme, aunque se supone un triunfo, me aleja de lo(s) demás. Espero al menos que todo esto dé el fruto que tenga que dar.
Posibilidades, me hace falta sentir que tengo posibilidades. Que no todo está ya dicho (para bien, por favor, para bien).
Carlos y yo hemos empezado a ir juntos a clase de dibujo. Eso es abrir una puerta.
Y mientras, Paula cumple doce años. Doce. Doce significa dulce en gallego. Como ella.
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- Hijos, Un viaje sentimental, Venturas y desventuras del señor de Portorosa
Con el título ya les cuento el final, para que sepan a qué atenerse.
Hace años, cuando las primeras caricaturas, las danesas, ya escribí diciendo que yo no veía la situación tal y como se explicaba en nuestros medios. Ahora, algunas de aquellas opiniones las tendría que matizar, y otras probablemente las he cambiado (todavía cambio de opinión, por suerte), pero en general sigo pensando lo mismo.
Cuando hay muertes, siempre hay que hacer al menos una separación: la cuestión de los muertos por una parte, y el resto del problema, por otra. Aunque todo venga unido. Y en lo de Francia sucede lo mismo: por un lado tenemos unos asesinatos, terribles como todos, y por otro, el debate sobre la libertad de expresión, la tolerancia, el respeto, la religión, Oriente, Occidente, el Islam, el laicismo, etc.
Sobre el asesinato a los periodistas (lo de terrorismo o no terrorismo mejor lo aparcamos a un lado, porque tampoco importa demasiado; pero parece que vamos camino de definir terrorismo como aquel asesinato cometido por un islamista), poco hay que decir, que no se dé por sentado entre personas civilizadas. Lo único que se me ocurre es llamar la atención sobre el hecho de que es principalmente un problema de seguridad cuya solución, a corto plazo, es básicamente policial. Aunque por supuesto la causa sea mucho más profunda.
Sobre lo otro (dentro de lo cual estaría, sumergida, esa causa), en cambio, sí que veo mucho que opinar. A ver si yendo por partes me aclaro:
La libertad de expresión no da derecho a decir lo que uno quiera: la libertad de expresión tiene límites, aquí, allí y en todas partes. Algunos de esos límites son tácitos y vienen dados por una idea comunmente aceptada de respeto a los demás, pero en general, y por si hay dudas, suelen venir explícitamente recogidos e impuestos por la ley, que a su vez, como es lógico, lo que hace es adaptarse a lo que la sociedad considera aceptable, y como tal lo refleja. Así, las injurias (que no son otra cosa que insultos) están penadas en cualquier caso, y mucho más seriamente si son contra la Corona; como también es delito la calumnia. Es decir, que tener libertad de expresión no significa que uno pueda decir lo que le dé la gana.
(Todo esto, naturalmente, sin entrar en las mil y una razones que en la práctica cercenan cada día esa libertad; solo las económicas darían para mucho. Y sin querer valorar, tampoco, leyes que ahora mismo están a punto de darle un buen recorte. Tanto por una cosa como por la otra, es mejor no decir nada sobre el que nuestros representantes políticos hayan encabezado esta protesta masiva en defensa de nuestras libertades...)
Así pues, el debate no puede ser si podemos o no decir lo que queramos (pues está claro que no), sino qué cosas justifican la imposición de ese límite y cuáles no. Estaríamos por tanto, en realidad, cuestionando si las razones de unos son válidas para nosotros.
Pero antes de seguir con eso, otra aclaración: en España la blasfemia dejó de ser delito en 1988, y aun ahora el Código Penal recoge la figura del escarnio:
1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.Así que tampoco es cierto eso de que aquí no consentimos que la religión nos tape la boca. Y si no que se lo pregunten a Javier Krahe. Ah, y en el Reino Unido la blasfemia es delito.
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- Sexo
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23:08
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- Hijos, Un viaje sentimental, Venturas y desventuras del señor de Portorosa
Y otro.
Ojalá este año que empieza tengamos un poco más claro qué queremos, y podamos intentar conseguirlo.
Os deseo un año nuevo muy feliz.
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- Blogosfera, Un viaje sentimental, Venturas y desventuras del señor de Portorosa
Muy feliz Nochebuena, de todo corazón.
Besos y abrazos.
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- Blogosfera, Un viaje sentimental, Venturas y desventuras del señor de Portorosa
El Bremen es un taller literario un poco guadianesco que nació hace unos siete años.
Yo lo conocí hace menos tiempo, y para mí (aparte de que me animó a escribir un poco) fue el segundo gran paso de la conversión del mundo virtual en relaciones de carne y hueso (el primero había sido encontrarme con blogueros tras leernos mutuamente varios años). Y supuso además, y más concretamente, conocer a un grupo de gente en el que di con personas verdaderamente interesantes y con las que surgió fácilmente la amistad. Una amistad atractiva que me ha enseñado cosas nuevas y vidas diferentes.
Cada momento que me he acercado a ellos ha sido muy bueno.
Creo de verdad que ha sido algo importante en mi vida en los últimos años.
Y ahora estoy en un tren, con Marta, rumbo a Madrid. Para celebrar todo eso.
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- Blogosfera, Taller, Venturas y desventuras del señor de Portorosa
Acabo de terminar, a pesar de que hace unos días pensaba dejarlo, El profesor, de Frank McCourt. Que es el autor del famoso Las cenizas de Ángela.
Como digo, he estado a punto de dejarlo, porque no me gustaba lo suficiente; pero al final me he alegrado mucho de seguir hasta el final. Ha resultado bastante emocionante.
Supongo que los best sellers tienen todos un aire a telefilm. Es un peligro que siempre les está rozando: la sensiblería, el morbo, etc. Y supongo que, a ratos, aquí también lo he visto. Pero consigue mantener todo eso a raya, creo.
He empezado 2666, de Bolaño, y nada más hacerlo uno tiene el placer del reencuentro (tras una temporada) con la buena literatura. Sin duda El profesor no es eso. Pero es algo. Y algo que vale la pena conocer.
Habría preferido que dedicase más libro al tiempo en el aula, en cualquier caso. Pero aun así ha estado bien: es una profesión con una parte oscura, frustrante y carente de todo tipo de alicientes salvo uno; y él no trata de disimularlo. Ni trata de presentarse como un héroe anónimo; de hecho, a veces se muestra casi vergonzósamente pusilánime; pero seguro que todo eso contribuye a que la amenaza telefilm no llegue a materializarse.
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- El vicio solitario, Hijos, Un viaje sentimental, Venturas y desventuras del señor de Portorosa
Cada noche, Carlos recibe a su madre con una cara hecha con la ropa que es para lavar. Normalmente, los calcetines y el calzoncillo.
Suelen estar muy bien, y se va perfeccionando: ojos guiñados, morros de cerdo, bocas de sorpresa, etc. Hace unas semanas hizo este buzo:
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20:43
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- Hijos
Cuando John Travolta volvió a aparecer en una película, Pulp fiction, tras años de ausencia, dijo que nadie se pensase que se había pasado quince años en una habitación de hotel con una bombilla solitaria en el techo, bebiendo vino barato; que había tenido vida, mientras tanto.
Yo también, aunque no escriba.
Ha empezado el invierno, mentalmente. Lo estaba deseando; quería dejar de sentirme de paso entre el verano y el curso.
Estoy con la tesis. Esta vez es la última, para bien o para mal; no quedan más oportunidades. Tengo ganas pero me da pereza y me falta tiempo, me canso. Estoy aprendiendo mucho sobre Haití y Mozambique (son los casos que quiero estudiar), pero casi todo es tristísimo.
Hay un chelo en casa. Me parece increíble. Es Carlos el que, por decisión propia, lo va a estudiar. Estoy seguro de que se le va a dar muy bien, sin embargo no tengo tan claro que su interés se mantenga en el tiempo. Por ahora, en cualquier caso, está entusiasmado.
He decidido aprovechar el horario cómodo que tenemos por delante y reservar varios momentos a la semana para Carlos, precisamente. Para hacer cosas los dos solos (manualidades, leer y pintar). Creo que Carlos necesita atención y la agradece muchísimo. Empezamos la semana pasada y cada día prepara el material con antelación; está ilusionadísimo. Y yo.
Paula crece. De la pre a la adolescencia. Y (parece obligado decirlo) muy bien.
El otro día Marta y yo vimos La noche del cazador, de Charles Laughton y con un joven y genial Robert Mitchum. Una película que se nota antigua, más teatral, sin la pretensión de verosimilitud del cine actual, con escenas casi expresionistas. Me gustó mucho; y más tras dejar pasar unos días.
He leído un libro muy interesante de Xavier Melgarejo, Gracias, Finlandia. En él explica las razones del éxito del sistema educativo finlandés: en parte son técnicas y en parte, sociales, como es lógico. Lo resume muy bien, y explica también por qué no nos valen como ejemplo, este artículo.
Y esto me recuerda que mi vida cojea en mi faceta de ciudadano. Como la de la mayoría; de ahí la situación: nuestros elegidos nos coñean impunemente, porque saben que pueden. ¿Hay más gente indignada por la deshonestidad del caso de las tarjetas opacas (por ejemplo), o gente envidiosa por no tener una?
A veces, en mi día a día corro el riesgo de no ver la posibilidad de cambio, de ahogarme. Pero casi siempre hay algo, como un cormorán levantando el vuelo en la ría, que me pone en contacto con la vida.
Además, cada noche duermo abrazado a un cuerpo cálido y suave que, además de ser bonito, no encierra más que bondad y amor.
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- Cine, El vicio solitario, Hijos, Un viaje sentimental, Venturas y desventuras del señor de Portorosa