Una Nochebuena más
Una Nochebuena más (y van siete), os deseo a todos los que, leyéndome, le dais sentido a este blog, y a los que, comentando, lo hacéis mejor, unas muy felices Navidades, con todo mi cariño.
Besos y abrazos.
- ¿Y a usted, si le concediesen todo cuanto deseara, qué le gustaría hacer en sus vacaciones? - ¿A mí? Estar sentado en una silla.
Una Nochebuena más (y van siete), os deseo a todos los que, leyéndome, le dais sentido a este blog, y a los que, comentando, lo hacéis mejor, unas muy felices Navidades, con todo mi cariño.
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Portarosa
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17:53
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La validez de una teoría no reside en su originalidad, ni en su atractivo intelectual, ni en la brillantez con la que se formula, aunque todas esas cosas sean de agradecer, sino en su acierto, en que se cumpla.Yo
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Portarosa
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9:21
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Llego a una entrevista muy interesante y, en cierto modo, especialmente apropiada para estas fechas, vía Jesús (uy, qué nombre más apropiado para estas fechas, también).
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Portarosa
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12:02
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No hace tanto tiempo que viajar, por cerca que fuese, era algo excepcional. Estaba al alcance de pocos, casi nadie necesitaba hacerlo, y desde luego no se había convertido en una forma de ocio popular (los viajes en vacaciones los hacían los ricos y duraban seis meses).
Mi madre le hablaba en el sesenta y muchos a una señora de su aldea de los rascacielos de Nueva York, cuando fue mi padre, y la señora, Carmen, le preguntaba "Pero e iso hai xente que o veu?". Verlos, solo verlos, ya le parecía inaudito; pensar en, por ejemplo, vivir en ellos era inconcebible.
Y eso es comprensible aún ahora, y aquí, donde conviven épocas distintas, pero hay algún caso pasmoso. La bisabuela de M, que vivía en una aldea de este ayuntamiento, a unos dos kilómetros en línea recta de la costa, nunca vio el mar. Nunca llegó tan lejos de su casa, ni quizá tuvo motivos para hacerlo. Su vida nunca rebasó las pequeñas fronteras de su día a día, que eran las de su entorno inmediato. Yo me pregunto si no habría noches de temporal en las que incluso oiría las olas desde la cama, y si se lo imaginaría.
Y el otro día un amigo, R, me comentaba cómo esta historia le había llevado a pensar en otra cosa: había hecho un paralelismo entre el caso de esta mujer y la humanidad, donde el mar sería la vida extraterrestre. Suponía él que tal vez alguna civilización nos estuviese observando, o llegase a estudiarnos dentro de unos cuantos siglos, y comentasen, sin salir de su asombro:
- Fíjate cómo estaban de atrasados en ese planeta, ¡que nunca habían visto a otros seres vivos!
- ¡Qué me dices!
- En serio. ¡Se pensaban que no había más vida, que estaban ellos solos en el Universo!
- Pero cómo es posible; si estaban al lado...
- Ya, pero para ellos esas distancias eran terribles; no eran capaces ni siquiera de salir de su sistema, y de hecho apenas abandonaron su planeta. Se pasaron toda su existencia allí.
- Increíble.
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9:30
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En la difícil elección entre sostener una posición y ceder, entre la teoría y la práctica, no hay receta. Allá cada cual con el equilibrio al que crea haber llegado.
Sé que, por un lado, todos creemos en ciertas verdades irrenunciables por las que estaríamos dispuestos a mucho, e incluso a todo. Por otro, reconozco el valor de las puntas de lanza que no se conformaron ni se conforman, su insustituible papel alertándonos, despertándonos, señalando direcciones, acercándonos lo imposible hasta que deja de serlo; sin ellos, la Historia sería más lenta.
Pero aun así, cada vez me cansa más el todo o nada, el desprecio de los logros parciales; me parece preferible avanzar un poco a quedarme parado muy digno. Y hablo de ideas y opiniones, claro, pero también de trabajo, de relaciones personales y de nuestros planes y proyectos.
Comprendo que se le pueden poner muchas objeciones a esto. Que se puede hablar de medias tintas, de claudicación, de falta de valor, de tibieza. Y que en muchos casos será con razón. Pero, qué quieren, en la postura contraria, por cada caso de entereza y honestidad intelectual veo dos de simple cerrilidad, cuando no de fanatismo.
¿Adoptar esa actitud presuntamente conciliadora supone en la práctica allanar el terreno a quien no pretende sino aprovecharse de nuestra buena intención? ¿Supone, al final, perder? No lo sé; ni sabría decir tampoco cuál de las dos posturas lleva más daño acumulado a sus espaldas.
Pero si en lugar de pensar en términos políticos o sociales traslado la pregunta al ámbito personal, apenas tengo dudas: la capacidad de ceder, la flexibilidad, la búsqueda de soluciones intermedias, los esfuerzos por comprender al distinto y, en fin, la prudencia de cuestionar las propias seguridades, casi (casi) siempre son la opción adecuada.
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Portarosa
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11:58
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- Sexo
Bueno, el título es un poco de marketing.
Hablar de ser de derechas o de izquierdas parece estar un poco demodé (1), pero yo creo que aún significa algo, y que por tanto todavía resultan unas etiquetas útiles.
Por ejemplo, a la hora de ver cómo entiende uno la economía y cuáles son sus prioridades o, digamos, sus asunciones básicas de partida.
Y dado que considero que la derecha defiende, en ese aspecto, los intereses de quienes tienen más dinero, yo también me he hecho a menudo la nada original pregunta de por qué tanta gente humilde, tantos asalariados, tantos parados, son (hayan llegado ellos a esa conclusión por sí mismos o mediante bombardeo mediático, es igual) de derechas.
Y, ojo, no me refiero a la extrema derecha, porque en ese caso la explicación me parece más fácil (y más terrible); me refiero al apoyo a la derecha normal.
Una posible explicación, claro, es que yo estoy equivocado y la gente en cambio en lo cierto cuando dice que la derecha es su mejor opción.
Sin embargo, es curioso pero creo que el que tiene razón soy yo y que ahí hay una contradicción; y por eso buscaba una explicación.
Normalmente se me ocurrían dos cosas:
a) La extendida convicción de que la derecha es la que entiende de dinero, y que por tanto es la que tiene que gestionarlo. Que las ideas de los otros estarían muy bien en un mundo mejor, pero que hay que ser práctico, dejarse de teorías (y de tonterías) y centrarse en lo que importa.
b) Un deseo de orden, relacionado con la seguridad ciudadana, con la inmigración, con cierta idea de quiénes merecen y quiénes no el apoyo del estado, con la añoranza de las cosas como toda la vida, con cierta inseguridad ante los cambios, con el miedo a los bárbaros, etc., e incluso con un perfil de gobierno fuerte, resolutivo, capaz de dar un puñetazo encima de la mesa (recuerden el caso "Alacrana" y los comentarios y comparaciones que suscitó). Esta segunda razón es la que, en situaciones críticas, llevaría también al auge de la extrema derecha.
c) Ah, bueno, y en España una tercera, todavía visible en las generaciones mayores: la idea, arraigada por la educación recibida durante décadas, de que la derecha es lo respetable y lo moralmente correcto, y la izquierda es mala.
...[a partir de la década de los setenta] varios acontecimientos significativos dilataron las grietas surgidas entre los distintos sectores de la clase obrera (...). Los situados en los niveles superiores de la clase obrera -la mano de obra cualificada y empleada en tareas de supervisión- se ajustaron más fácilmente a la era moderna de producción (...) y su posición era tal, que en realidad podían beneficiarse del mercado libre, aun cuando sus hermanos menos favorecidos perdiesen terreno.(...)La vieja división victoriana entre los "respetables" y los "indeseables"resurgió, tal vez en una nueva forma más agria, porque en los días gloriosos de la expansión económica global, cuando el pleno empleo parecía satisfacer las necesidades materiales de la mayoría de los trabajadores, las prestaciones de la seguridad social se habían incrementado hasta niveles generosos que, en los nuevos días de demanda masiva de subsidios, parecía como si le permitiesen a una legión de "indeseables" vivir mucho mejor de los "susbsidios" que los pobres "residuales" victorianos, y mucho mejor, en opinión de los hacendosos contribuyentes, de lo que tenían derecho.Así pues, los trabajadores cualificados y respetables se convirtieron, acaso por primera vez, en partidarios potenciales de la derecha política.
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13:51
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- Sexo
Carlos me preguntó esta semana cuándo íbamos a ir a Vicedo. Ya habían pasado dos meses desde la última vez. Y volvimos. Paula, el viernes, de camino, me contó que se había levantado súper contenta al acordarse.
Fue solo un día y medio, no hizo buen tiempo y estuvimos bastante en casa, pero aun así estuvo muy bien. Ellos están siempre contentos en casa; incluso Carlos me decía, el sábado después de comer, "Bueno, nos iremos, ¿no? Que no vamos a venir aquí para no estar nada en casa...". Además, pudimos dar un paseo por el muelle, ir un rato a un parque y comer fuera. Y solo salir a la puerta y mirar el mar ya hace que el viaje valga la pena.
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| Mi frugal comida |
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| O Barqueiro, enfrente |
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| Hay muchas formas de ir a la playa |
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11:00
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El viernes, tras meses sin pisarla, volvimos los tres a la biblioteca municipal. Fuimos paseando, parando cada vez que les apetecía, por cualquier cosa, sin prisas en una excepcional tarde sin actividades. Cada uno cogió su libro y su película.
Antes, esa mañana, había recibido un correo que supone la sorprendente primera apertura de esas puertas que yo pretendía que el doctorado me franquease.
La idea de doctorarme obedeció en su momento, y obedece, a varios motivos, perfectamente identificados desde el principio. Motivos que en general hacen del doctorado un fin en sí mismo, de modo que si, una vez acabada la tesis, no vuelvo a saber nada más del tema, habré dado el esfuerzo por bien empleado. Pero al mismo tiempo me gustaría mucho, claro, tener la posibilidad de hacer algo más. No se trata de pretensiones laborales, ni mucho menos, pero sí de complementar mi trabajo con otra actividad que me interese más y me ofrezca otros alicientes. Me conformaría con algo muy modesto, como seguir escribiendo sobre el tema en el ámbito académico, continuar investigando...
Y parece que voy a tener una oportunidad: voy a escribir mi primer artículo sobre lo mío, para el anuario de un instituto (el único de Galicia) de análisis exterior. Gracias, por supuesto, a unos contactos quiero creer que no suficientes, pero desde luego imprescindibles.
El sábado fui con M y C a una xuntanza básicamente infantil, que incluía una actuación teatral, la escenificación de un cuento en la que M y yo tuvimos un inesperado protagonismo. No me pregunten de qué iba, pero un servidor hizo, por este orden, de cocodrilo, de Zeus y de lobo feroz (el que le soplaba a los tres cerditos). La verdad es que es un papel que se ajustaba a mi perfil y creo que no me salió mal del todo, pero procuraré no repetir, más que nada para no encasillarme.
La pena fue que no me vieron Paula y Carlos.
Por cierto, ¿conocen el problema del lago y los nenúfares?
En un lago, el día 1 de un mes hay un nenúfar; el 2, hay dos; el 3, cuatro; el 4, ocho, y así sucesivamente, doblándose cada día. Si los nenúfares tardan 31 días en llenar el lago, ¿qué día ocupan la mitad?
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8:51
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Pues sí, voy a ser el único español que lo defienda, me parece.
Pero vayamos por partes.
1. LA CRISIS
No descubro nada nuevo si digo que la crisis ha determinado casi por completo los resultados de anteayer. No digo que no hubiese ganado el PP de todos modos, pero seguro que no así. Creo que poca gente lo discutirá.
Sí me discutirán, en cambio, que afirme que aquí en España se ha decidido cómo encajarla, que no es poco, pero poco más. Por supuesto, la responsabilidad de que nuestra economía y nuestros bancos no sean como los de Alemania es más bien nuestra, pero no hablo de esas carencias, cuyas causas se remontan a décadas (si no a siglos), sino de lo ocurrido en los últimos años. Desde luego, ni se ha provocado esta crisis (más allá de la connivencia con el sistema) ni (lo que ahora es más importante) se puede hacer prácticamente nada en solitario para salir de ella. Porque esta crisis es internacional (que no global), y a nivel internacional habrá de arreglarse. Como mucho, el gobierno podrá poner mayor o menor diligencia en seguir las instrucciones que está y seguirá recibiendo. Y no me quiero poner demagógico; hablo de instrucciones así en general, algunas provenientes de voces muy concretas, es cierto, pero otras surgidas de no se sabe bien dónde: creo en los poderes fácticos que mueven los hilos en la sombra, conscientes de hasta la última consecuencia de sus impecables e implacables planes secretos, pero aun más en la concatenación de despropósitos surgidos de la irresponsabilidad, el egoísmo y la negligencia colectivos.
Otra cosa: la crisis no es económica, sino financiera. Y lo que ahora se piden son soluciones financieras, y punto. Es decir, conseguir dinero, o por lo menos dar la impresión de que se tiene; en ningún caso se habla de sanear la economía, ni la nuestra ni la de nadie. Al menos eso es lo que yo he entendido estos últimos años. ¿Y eso qué supone? Pues... que no hay solución. O mejor dicho, que lo que se busca no es una verdadera solución, sino un remedio para superar el problema inmediato. Lo que implica como mínimo dos cosas: que los españoles de a pie la llevamos clara, pues las medidas que se tomen tendrán por único objeto conseguir ese dinero, y por tanto consistirán única y exclusivamente en apretarnos el cinturón, sin ninguna otra meta ulterior (la meta es esa); y que, si se llega a tapar este tremendo agujero, todo va a seguir igual que antes, pues lo que se está buscando es reparar el sistema, en ningún caso mejorarlo.
¿Me equivoco? Ojalá.
2. 20-N
¿Y qué tiene que ver el punto 2 con lo de ayer?
Que ambos líderes mentían cuando prometían remedios, porque ninguno los tiene ni los puede tener, y ambos lo saben (¡o eso espero!).
Que el PSOE se merecía el abandono de sus fieles, porque no ha ni siquiera intentado hacer otra política que la que le han mandado. Y que además se merecía la paliza del resto, porque, además de hacer lo que no debía, lo ha hecho mal.
Que estaba claro que, una vez descartado uno de los grandes partidos, en la España de hoy solo podía pasar lo que ha pasado. A lo que hay que sumarle que la gente, en su mayoría (absoluta), tiene la convicción de que los de derechas son al fin y al cabo los que entienden de dinero, y por tanto los que tienen que estar ahí, y dejarse de chorradas. No obstante, y como de costumbre, esa abrumadora mayoría se ha debido mucho más a la espantada socialista que al aumento de votos al PP.
Pero en verdad os digo:
a) Tampoco Rajoy va a sacarnos de la crisis. Ni Rajoy ni nadie. De la crisis saldrá Europa, así en general, o no saldrá nadie.
b) El PSOE ha traicionado sus teóricos principios, pero el PP ni siquiera va a necesitar disimular, pues aparte de que defiende el actual sistema, no va a tener ningún problema en recortar lo que considera gastos superfluos e injustificados (esas chorradas de las que hablábamos: política social, sanidad y enseñanza públicas, la cooperación exterior, etc.; y con ovación del respetable -que se cree que no va con él- incluida), y en primar los supuestos intereses empresariales (reforma laboral a su medida, reforma fiscal idem, etc.). Por eso creo que comienza una época peor.
3. ZP
Se va Zapatero por la puerta de atrás, humillado y con la cabeza gacha, pues los resultados de estas elecciones son ante todo una muestra del abrumador rechazo a su gestión (signifique eso lo que signifique; yo en realidad creo que es sobre todo una cuestión de saber vender la moto), y suponen su defenestración definitiva. Para mí, ni que decir tiene que fue mucho más vergonzante el mutis por el foro de Aznar, pero probablemente no se marchó con esa sensación de que no lo querían ni los suyos, como es el caso hoy.
Y, sin embargo, yo he defendido varias veces en este blog a Zapatero, y lo voy a volver a defender una vez más, supongo que ya la última.
No digo que lo haya hecho bien en esto. De hecho, lo ha hecho mal tanto para unos como para los otros. Y no sé, algún fallo más ha cometido durante estos años, sin duda. Pero también ha tenido aciertos: pienso sobre todo en algunos avances en políticas sociales, y en cierta iniciativa en política exterior, ridiculizada sin piedad por los obtusos.
Pero a mí lo que más me gustaba de él, lo que ayer volví a valorar mientras le oía anunciar el próximo congreso de náufragos, era su carácter, su tono. Un tono ingenuo, tachado de poco político, y seguramente revelador de que le faltaba algo para estar ahí. Por eso me convencía.
Porque a lo mejor me ha estado dando gato por liebre estos ocho años, pero lo cierto es que a mí Zapatero me parecía que tenía un sincero interés en hacer las cosas bien; con independencia de que después haya sabido cómo.
Me parecía un buen tío, una buena persona.
Y hay muy pocos políticos de los que pueda decir eso.
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Portarosa
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12:14
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- Sexo
Yo para hacer el examen que les comentaba el otro día, y mis padres por motivos familiares, salimos los tres el lunes por la mañana hacia la capital del Reino, en coche.
No por querencia a lo de toda la vida, sino porque no dábamos con ningún La Pausa ni similar que invitase mínimamente, salimos de la autovía en La Bañeza para comer. Preguntamos, nos aconsejaron, fuimos y comimos bastante mal. Eso sí, rapidísimo.
A partir de ese momento conduje yo.
Este viaje, y la vuelta al día siguiente, han sido como una mini-reconciliación estética con Castilla, creo yo. Al menos con la Castilla otoñal. Las filas de árboles cerca de los ríos, que no sé por qué solo conservaban las hojas de la parte superior de las ramas más altas, muy amarillas, y los colores en general, me encantaron.
Tuvimos una pequeña retención entrando en Madrid, y atasco ya llegando a nuestra calle. Si yo digo que al principio siempre me siento algo abrumado, de mis padres ni les cuento. Según mi padre, si llega a tener que conducir él le da un infarto, además de no llegar al destino jamás.
Esta vez íbamos a zona bien, a la calle Castelló, al piso de una amiga suya. Veo entrar en los marmóreos portales de al lado a niñas de rubias trenzas y pulcros uniformes. Y además de lugares comunes como cuántos mundos hay y hasta qué punto nuestros puntos de partida dificultan nuestros encuentros, una vez más pienso en el mérito que tienen algunos por ser capaces de salir de su burbuja y ver más allá. Y no me refiero a vencer las dificultades, que eso ya se sabe que tiene mérito, sino a ser capaz de superar las propias ventajas.
Resulta que el piso, que es monísimo, no tiene una sola mesa alta, así que al cabo de un rato salgo en busca de un sitio donde cenar algo y cómodo para dar uno de esos últimos repasos de última hora que tantas veces me han salvado la cabeza. Mis padres no vienen, dicen que la sola idea de salir a esa vorágine se les hace insoportable. Y recalo en el VIP'S de Velázquez, donde hay sandwiches y cosas tan guays que no sé qué elegir; y donde compro un regalito para los niños y para C. Después del sandwich me tomo un café con brownie y helado, y decido que al día siguiente me pondré a dieta.
Por la mañana, para un trayecto previsto de 20 minutos salgo con una hora y media de antelación. Voy guiándome por el Google Maps (no tengo navegador, no) y solo me pierdo dos veces. La primera, en la M-30, me da tiempo a decir "Anda, esa era la salida que tenía que coger"; la segunda creo hacerlo todo bien, pero cuando salgo de nuevo de la M-30 descubro que estoy justo en el lado contrario de donde debería; y a la tercera salgo de una rotonda por donde no quiero y resulta que acierto y llego. He tardado un hora.
El examen me parece muy difícil; sobre todo la prueba de audición. Llevo un mes escuchando Radio France International con un nivel de comprensión creo que aceptable, pero las grabaciones que me ponen son la leche, y las preguntas descienden a un nivel de concreción que exige entender to-do. Las pruebas escritas me salen bien, y la conversación, pues lo típico, mucho peor de como hablo cualquier otro día, pero ya veremos.
Como acabo enseguida salgo pitando para el campus de la Complutense en Somosaguas. Y ni me pierdo ni nada (porque me volví a equivocar y gracias a eso acerté...).
En una rotonda veo a Mourinho, el entrenador del Madrid, en un todoterreno Supermiriafiori que conduce una tía que le saca la cabeza: va con cara de cabreo.
Hablo con mi director de tesis, y como con él en el comedor de profesores, o algo así, y eso me hace sentir, por vez primera, en el otro lado. Salgo de la comida encantado por las posibilidades que me sugiere, y bastante animado. Veamos a dónde me lleva este camino. Pero sin olvidar que lo fundamental en este proyecto es disfrutar del paseo.
Y me piro, de vuelta a casa. No he podido ver a mi hermano.
Me llaman mis padres. Han ido a Chamartín en metro, y a la compra, y se encuentran tan agotados y sobrepasados que no piensan salir de casa en toda la tarde. Los veo vulnerables, con menos capacidad de adaptación en ciertos aspectos de su día a día, supongo que algo... ¿mayores?
El viaje empieza muy bien, estoy contento. Aunque en una gasolinera me quedo perplejo cuando oigo hablar en la radio del caso de los seres irregulares en Andalucía. Pienso en expedientes X y en Lovecraft, hasta que separo bien las sílabas.
Continúo tras un café; pero hete aquí que conforme va oscureciendo voy dándome cuenta de que no veo un carajo. Sigue anocheciendo, quito y pongo las luces cortas y confirmo que no hay ninguna diferencia con las de posición. Que los demás coches no deben de verme, y que en breve yo tampoco lo haré, salvo que vaya cegando a todos con las largas. Así que me armo de valor y entro en Tordesillas. Qué poco se imaginaban los Reyes Católicos y Juan II de Portugal, cuando se repartieron el Mundo, que cinco siglos más tarde iba a estar yo paseando por allí buscando un cajero.
Sigo mi camino con dos luces nuevas y 30 € menos. Pero algo ha sucedido, la parada me debe de haber roto el ritmo, porque desde ese momento empiezo a sentirme cansado, cansado, hasta hacer los últimos kilómetros verdaderamente agotado. Todavía me faltan 300 km cuando ya estoy hasta las narices. Me parece que no voy a llegar nunca. Y la pierna derecha, que ya no sé cómo colocar (el coche no tiene control de velocidad de crucero), me duele desde los dedos del pie hasta el glúteo. Por un momento hasta creo que el dolor me llega al lado derecho de la cara, pero trato de razonar y me digo a mí mismo que eso no tiene ningún sentido.
Llueve y hay tramos de muchísima niebla. Entro en Galicia, todavía, y el tiempo, curiosamente, empeora... Llamo por teléfono a los niños, porque ya no me va a dar tiempo a verlos. La última media hora, además, voy luchando contra el sueño.
Y llego al fin al fin.
Menos mal que la acogida es cálida y cariñosa.
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Portarosa
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12:36
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