Comunión
Me giro un poco en la mesa y veo abajo la playa, con las olas rompiendo en silencio.
Más cerca, una palmera mojada y el tejado de una iglesia, con adornos que alguien labró hace un siglo.
- ¿Y a usted, si le concediesen todo cuanto deseara, qué le gustaría hacer en sus vacaciones? - ¿A mí? Estar sentado en una silla.
Me giro un poco en la mesa y veo abajo la playa, con las olas rompiendo en silencio.
Más cerca, una palmera mojada y el tejado de una iglesia, con adornos que alguien labró hace un siglo.
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Portarosa
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15:35
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Hoy he cumplido cuarenta y cuatro años.
Estoy bien.
La verdad es que si pienso en todos estos años creo que en general ha sido un buen primer tercio de vida.
Besos y abrazos a todos, y gracias, amigos.
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Portarosa
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22:33
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- Blogosfera, Un viaje sentimental, Venturas y desventuras del señor de Portorosa
Fuimos, vimos y volvimos, como casi decía este.
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| Yo quiero vivir en una casa bonita. Lo siento, sé que es superficial, pero es importante para mí |
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Portarosa
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8:08
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- Paisajes, Un viaje sentimental, Venturas y desventuras del señor de Portorosa
Hace tiempo que estoy bien; es solo que no me apetecía escribir. Muchas gracias por sus cariñosas palabras.
Me parece que, en mí, un síntoma de optimismo, una diferencia entre el ánimo y el desanimo es ver la vida, incluso día a día, como un conjunto de posibilidades en lugar de como una situación definitiva, buena o mala; como algo que tengo capacidad para construir en lugar de como algo dado. Y últimamente es lo que siento.
Hemos pasado unos maravillosos días en casa, Paula, Carlos, Cibrán, M y yo, dándole consistencia a nuestro nuevo contorno sentimental. Todos hemos estado muy contentos. Y ahora, M, Cibrán y yo estamos a bordo de un avión, el primero del viaje también sentimental que empezamos hoy. A Udine.
Son las siete de la mañana y por la ventanilla se ve la raya rojiza de un nuevo día.
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Portarosa
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8:57
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- Hijos, Un viaje sentimental, Venturas y desventuras del señor de Portorosa
Esta mañana había escrito esto:
La tristeza del desánimo, de la soledad, de la ansiedad: del vacío. Es increíble y penoso lo mucho, lo totalmente que dependo de los demás. Y no hablo del depender del amor y la amistad para dar sentido a mi vida; eso sería normal. Hablo de hasta qué punto mi autoestima depende de lo que los demás opinan de mí; de hasta qué punto me sostengo sobre la aceptación de los otros. Qué endeble, esta fachada que soy. Qué frágil, qué superficial, qué inconsistente: qué inmaduro.
Esta ansiedad con la que busco el visto bueno, el halago, la aprobación y hasta, ilusamente, la admiración. La ansiedad que desvirtúa mi interés, que pone en entredicho mi supuesta motivación: solo busco que se me reconozcan méritos, el aplauso. Y en pos de eso trabajo, así, con ansiedad.
Pero de nada sirve intentar salir de ahí siguiendo el mismo camino: los demás. Por los demás puedo encontrar consuelo o incluso tranquilidad sobre mis temores e inseguridades. Pero solo hasta la próxima vez, hasta la siguiente crisis, provocada por lo mismo y que dependerá de ellos también. Solo yo puedo sosegarme de verdad y con posibilidades de llegar a un equilibrio estable. Solo yo, mi propia opinión, mi grado de satisfacción, lo que piense de mí mismo, pueden proporcionarme (ya que no parezco correr el riesgo de la auto indulgencia) una referencia centrada y serena, libre de los vaivenes de mirar ansioso alrededor.Por una parte, ser capaz de juzgarme y juzgar mis acciones con la suficiente tranquilidad y sinceridad como para no dejarme zarandear por la primera opinión ajena. Por otra, conseguir que esa calma se traduzca, precisamente, en madurar y actuar con madurez; en ser y hacer las cosas mejor...
La persona egoísta solo se interesa por sí misma, desea todo para sí misma, no siente placer en dar, sino únicamente en tomar. Considera el mundo exterior solo desde el punto de vista de lo que puede obtener de él (...) juzga a todos según su utilidad; es básicamente incapaz de amar.
(...)
El egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos, son realmente opuestos. El individuo egoísta no se ama demasiado, sino muy poco; en realidad, se odia. Tal falta de cariño y cuidado por sí mismo, que no es sino la expresión de su [incapacidad para amar], lo deja vacío y frustrado. Se siente necesariamente infeliz y ansiosamente preocupado por arrancar a la vida las satisfacciones que él se impide obtener. Parece preocuparse demasiado por sí mismo, pero, en realidad, solo realiza un fracasado intento de disimular y compensar su incapacidad de cuidar de su verdadero ser.
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Portarosa
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13:55
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No paro de subrayar el libro de Fromm. Y eso que ya está subrayado.
Si bien la gran popularidad de la psicología indica ciertamente interés en el conocimiento del hombre, también descubre la fundamental falta de amor en las relaciones humanas actuales. El conocimiento psicológico conviértese así en un sustituto del conocimiento pleno del acto de amar, en lugar de ser un paso hacia él.Erich Fromm, El arte de amar
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Portarosa
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10:42
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Yo, todas las mañanas, sé exactamente si voy justo a la hora, me adelanto o me retraso, por la altura a la que me cruzo con una señora que sube andando de su casa a no sé dónde.
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Portarosa
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15:01
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A todo el mundo le gusta sentirse enamorado, todo el mundo valora el (su) amor. Yo supongo que los románticos somos los que necesitamos estar enamorados, los que lo necesitábamos aun antes de haberlo conocido.
Estudio en casa. Escucho a Amancio Prada, años después, gracias a mis hijos. Y estudiar, y el flexo y la música me traen a la memoria a mi padre de joven, a mi casa de cuando yo era pequeño, donde fui tan feliz. Y el jersey azul marino que llevo, de cuello redondo, me recuerda a mi tío, a quien tanto quise y con quien viví lo insoportable que es comprender que cuando alguien se muere no lo vas a volver a ver nunca más. Nunca, ni siquiera muchos años después para decirle lo triste que estuviste y lo que lo has echado de menos. Nunca.
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Portarosa
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19:59
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