11.10.10

Microrrelato: Braga

[El tema del taller era la conspiración]

La inercia familiar, un sistema educativo que obligaba a elegir demasiado pronto y la conjunción de genética, estímulos y educación que lo llevaron a aprobar la oposición a la primera, antes de que le diese tiempo a saber que aquello no era lo suyo, hicieron que acabara ingresando en la Marina. Un curso de comunicaciones para el que fue propuesto por el comandante de su primer destino tras la academia lo condujo a Madrid, en cuya calle Almirante, precisamente, una mañana en la que un profesor faltó, vio en el escaparate de la agencia de viajes “El navegante” el anuncio de un combinado Oporto-Coimbra-Guimaraes-Braga, que había sido exactamente el recorrido de la luna de miel de sus padres. La lectura reciente, a raíz de una recomendación en un blog conocido, de una novela de Robertson Davies sobre psicoanálisis junguiano, y los posteriores comentarios sobre sincronicidad de un amigo suyo aficionado a las artes adivinatorias, consiguieron que aquello le pareciera, si no una señal, sí lo bastante curioso como para entrar a preguntar.

Su abuelo materno y Franco, Francisco, con sus ideas políticas y su empeño en encarcelar opositores, respectivamente, conformaron el ambiente político en el que tanto ella como sus hermanos mayores crecieron, y que explicaba el entusiasmo con que aceptó aquel intercambio de quince días, rechazado a causa de un compromiso familiar por su compañero de departamento, en la evocadora capital de su añorado antiguo Reino de Galicia; como explicaba también por qué el paseo de su última tarde en Portugal se prolongó más de la cuenta al oír, cuando ya se dirigía de vuelta al hotel, las notas del “Grándola”, y bajo los efectos de un ataque de romanticismo revolucionario se dejó llevar por callejuelas que la conducían, sin que ella lo supiera, a la Universidad.

De los innumerables ejemplos que veía a su alrededor, el de su difunto e infeliz tío había sido el que más había influido en el terror a la frustración que lo atenazaba y le impedía año tras año tomar decisión alguna por temor a equivocarse, y que era la causa de que él llegase a Braga, a sus años, soltero y sin compromiso. Aunque el exceso de conversaciones de bar, de camaradería, de lecturas pretenciosas y de sexo individual, y la cada vez más patente sensación de que el tiempo pasaba y él lo perdía todo en coger impulso, hacían que desease dejar de estarlo de una vez.

Ella, tras su última decepción amorosa precipitada por un regreso a casa a una hora poco habitual un día que se encontró mal, se sentía en cambio con ganas de amistad, de charlas de café, de lecturas y de libertad sexual.

Y fue otra libertad, la que él sentía en cuestiones políticas cada vez que estaba en el extranjero, sin la losa de los sospechados prejuicios ajenos que en España pesaba sobre él, la que le llevó, al leer unos carteles que anunciaban un acto con el título de “Parlamento na rúa”, a decidir acercarse a ver qué era aquello, y encaminarse así al patio frontal de la Universidad, doblando la esquina de la calle que desembocaba en él a las seis y media exactas.

Hora, las seis y media en punto, a la que ella, que tras haber visto de dónde procedía la música había recordado que había sido un concierto de Joao Afonso, sobrino del mítico Zeca, el primero al que había ido con su ex, y hubiese decidido que le podían ir dando al Grándola y a su vila morena, doblaba también, mirando aún hacia atrás y abrazando distraídamente contra el pecho una carpeta llena de apuntes, esa misma esquina pero en dirección contraria, chocaba con un chico, conseguía milagrosamente sujetar sus papeles, que por lo tanto no caían, ni hacían que ambos se agacharan a recogerlos avergonzados, ni que se mirasen, ni se sonriesen, ni se gustasen, ni fuesen a tomar un café propuesto por él en un inusitado alarde de osadía que habría sido muy comentado más adelante, ni hablasen durante horas, ni acabasen pasando la noche juntos, ni comenzasen así la que sería la gran relación de sus vidas, y solo intercambiaba unas disculpas y seguía andando sola mientras él se sentaba y comenzaba a disimular los bostezos.





5.10.10

Educación

Esto, que para algunos supongo será reprobable, a mí sin embargo me parece una muy buena señal, todo un logro, ya.



4.10.10

Braga

[Siento decepcionarles, sobre todo si han llegado aquí a través de una búsqueda azarosa en Google, pero este post trata de una ciudad portuguesa]



Me gustó la ciudad; o su casco antiguo, más bien, pero esto es una constante en casi cualquier visita: las partes modernas, salvo excepciones, me parecen todas feas, o insulsas en el mejor de los casos.

Braga es una ciudad histórica, capital de la Gallaecia romana y del añorado por algunos Reino de Galicia. Y además de por iglesias, la mayor parte del centro está formado por edificios antiguos. Los había en mal estado, pero la mayoría estaban bien conservados, y las restauraciones me gustaron mucho; incluso las intervenciones más evidentes, con elementos más modernos: mucha madera, mucho verde inglés, todo bastante discreto y, para mi gusto, bonito. Vimos unos restaurantes muy acogedores, con una estética muy cuidada (en mi opinión, la asignatura pendiente de la hostelería de mi ciudad y de tantas otras), y comimos muy bien. Las cafeterías, lo mismo.















Y estuvimos en una librería magnífica, que además era una de las más acogedoras que he visto. Se llamaba Centésima página, y creo que por primera vez en mi vida le pedí al librero que me aconsejase qué comprar. Me disculpé por mi ignorancia sobre la literatura portuguesa, pero él pareció darse por satisfecho con que hubiese leído algo. Me recomendó, y compré, A Sibila, de Agustina Bessa-Luís, y Jerónimo e Eulália, de Graça Pina de Morais. Dos novelas de dos mujeres; para él, las dos grandes escritoras portuguesas del siglo pasado. Veremos qué tal.

La librería, como les digo, era una maravilla. Vean si no el jardín trasero.



El sábado de noche, y ayer, hubo temporal.

1.10.10

Responsabilidades

No hay espectáculo más lamentable que el de un pueblo que constantemente echa la culpa de todo a sus líderes.

Arundhati Roy, Retórica bélica.



Y se refiere a la India; qué diría de nosotros.


26.9.10

Clases de Religión

1. Ya comenté una vez que mis hijos van a clase de Religión, aunque a mí me gustaría que no fuese así.

- La profe de Religión nos explicó la historia de Adán y Eva; que habían sido los primeros hombres, y que luego se fueron al infierno por comer una manzana de un árbol donde estaba el demonio.
- ¿Os dijo que veníamos de Adán y Eva...?
- Sí.
- Mira, lo de Adán y Eva no es verdad. Da igual que uno crea o no crea en Dios: el Hombre no apareció así; la ciencia ya sabe cómo es, que procedemos de otras especies, como todos los animales.
- ¿Que venimos del mono? Eso ya nos lo dijo, pero que Adán y Eva eran los primeros hombres.
- Pues no. No venimos del mono; somos sus parientes, más o menos. Pero, en cualquier caso, lo de Adán y Eva no es verdad, no aparecieron dos personas de repente. Eso es solo un cuento y no lo puedes creer, aunque creas en Dios.


Y me quedo pensando en que Utah está más cerca de lo que pensamos.

2. Ayer comimos los tres en casa de una amiga, con dos niñas marroquíes que llevan en España un año y medio. No comen carne, ninguna, a no ser que haya sido sacrificada de acuerdo con el rito musulmán (confieso que creía que lo del sacrificio especial era solo cosa judía; que el Islam solo prohibía la carne de cerdo).

- ¿Y por qué H. y A. no comen carne?
- Porque su religión se lo prohíbe. ¿Qué te parece?


Paula pone una cara que más o menos quiere decir que le parece de locos.

- Absurdo, ¿no? Bueno, pues todas las religiones, incluida la nuestra, la de aquí, tienen cosas así de absurdas, prohibiciones y reglas que no tienen ningún sentido.


Profe de religión, 1 - Yo, 1.

24.9.10

Sincronicity

Sigo con los Diarios de Uriarte. Ayer me estaban gustando bastante, y hoy mucho.

Escribe Uriarte un par de veces sobre cómo en los buenos libros siempre encontramos algo sobre nosotros, porque siempre hablan de las pocas cosas importantes para cualquiera en la vida. Si llevamos la afirmación un poco (o bastante) más allá, supongo que podríamos decir que en todo cuanto nos rodea encontramos siempre algo sobre nosotros y lo que nos ocurre. Y ya nos metemos en camisas psicológicas de once varas.

El caso es que nos hablaba ayer Taliesín sobre sincronicidad, y hete aquí que poco después leo en el libro cómo el autor, en un viaje, se pregunta para qué sirven unas pequeñas construcciones que ve en unos naranjales, y elucubra al respecto; y esa noche comienza una novela que transcurre en Nueva York, en la que un señor de Florida, que tiene allí unos naranjales, cuenta exactamente qué son esas cosas que él ha visto.

Esto pasa mucho cuando lees, y es bastante asombroso. Lo explicarán las leyes de la estadística, pero da la impresión de que se ha producido un efecto telepático que otorga a la lectura un aura casi mágica.

Y yo me quedo con el doble rizo de la sincronicidad sobre la sincronicidad, o algo así.

En otro orden de cosas, como diría un periódico, me gustó leerle esto:
¡He estado en tantos museos donde lo más excitante que he visto ha sido el culo de alguna visitante!

Porque me acordé de mí en el Prado:
Con ambos en línea, tiene mayor poder de atracción un buen culo que Las meninas.


23.9.10

Ritorno

He terminado el curso 2009-2010. Espero ahora ilusionado el siguiente paso.

Acabó en Madrid, donde, como siempre, me sentí de maravilla: amigos (sobre todo amigos), gente distinta y otras formas de llenar el tiempo.

Me leyeron el Tarot. Pregunté si alguna vez me iba a sentir satisfecho profesionalmente. En resumen, la respuesta fue que no, porque a mí el trabajo (cualquier trabajo) no me interesa. La lectura no es que venciera mi incredulidad, pero el... ¿tarotista? me impresionó por su perspicacia y su agudeza para el análisis. Me hizo pensar mucho.


Estoy leyendo los Diarios de Iñaki Uriarte y me están gustando bastante.

Entre otras cosas interesantes, dice una que me ha sorprendido porque me he dado cuenta de que a mí también me ocurre:

He llorado muchas veces en el cine, pero nunca leyendo una novela.

Y me encanta leer; más que el cine, seguro. Pero parece que leyendo es más fácil mantener una distancia, que uno lee desde fuera, que por muy enfrascado que esté en la lectura no llega a olvidar que es el lector; mientras que una película, sin necesitar ser una obra maestra, puede llegar a resultar mucho más verosímil.

Tal vez hay ejemplos más claros de esta diferencia, como el miedo o, sin duda, la risa.

Aprendo también una frase estupenda de Mencken, aplicable hoy todavía a ciertas formas de vivir la moral:
Puritanismo: el obsesivo miedo a que alguien, en algún lugar, tal vez sea feliz.

Por cierto, si uno busca Iñaki Uriarte en Google, lo segundo que aparece es el blog de Ernesto.


16.9.10

Paul

Tiene que costar mucho, mucho, aceptar que fuiste aquel chico que compuso y cantó Yesterday, y que ya no lo eres ni volverás a serlo.

10.9.10

Enfrascado

Llevo unos 40 días, desde que acabó julio, estudiando casi sin parar. Bueno, estudiando no, por fortuna (me daría algo, a estas alturas), sino haciendo trabajos para varias asignaturas.

Aunque desde que empezó septiembre Paula y Carlos están otra vez conmigo, solo paso las mañanas y las noches con ellos (estoy de vacaciones de nuevo, hasta el próximo lunes), y por las tardes trabajo a marchas forzadas; unas siete horas diarias dedicadas a leer y escribir.

Y compruebo hasta qué punto me absorbe, ocupa casi toda mi atención y consume mis energías. Y eso que me gusta y, a pesar del atracón, estoy disfrutando bastante. No se trata de esfuerzo, ni de sacrificio, ni de tiempo, sino de implicación y, digamos, monotemización intelectual. Lo tengo siempre en la cabeza e incluso me cuesta hablar de otras cosas; al menos con adultos.

Y supongo que escribir, o componer, o pintar, o cualquier actividad de ese tipo provocará unos síntomas parecidos. Igual que un puesto de trabajo que exija ese grado de implicación personal y de concentración.

Esto para mí es excepcional, pero hay gente que vive así.

¿Cómo afecta a sus relaciones personales?