19.6.05

Contra la mediocridad: cállese.

El peso de la propia coherencia intelectual, la responsabilidad ante unos lectores cada vez más exigentes, y mi compromiso ético-cultural con las generaciones venideras, me abruman y me someten a una presión tal que pocos son los momentos del día en que, liberado por una pasajera evasión -a menudo propiciada por el todopoderoso Morfeo- , no me pregunto angustiado y ansioso de qué demonios puedo escribir.

Y pienso, mientras paseo por galerías, torres y corredores, por patios y zaguanes, por alcobas y salones, e incluso por caminos y veredas, que podría opinar sobre los homosexuales y sus reivindicaciones matrimoniales y paternales, sobre los heterosexuales y su reclamación del monopolio matrimonial y paternal, sobre las recién celebradas elecciones gallegas (o de cómo uno, estando en el infierno y rodeado por diablos de toda ralea, puede verse en la tesitura de tener que elegir qué demonio, de entre varios voluntarios, debe guiar -previo pago- sus pasos durante sus próximos años en el Averno), o incluso sobre el último guiño de ETA, gesto de buena voluntad donde los haya.
Pero cada vez que estos u otros temas se me ocurren, y tras unos instantes de ilusorio optimismo, me doy cuenta de un pequeño inconveniente - siempre el mismo-: que sé muy poco de cualquiera de ellos.

No es, efectivamente, que no sepa nada, ni siquiera que sepa menos que la media (en los casos en que ello es matemáticamente posible); es, simplemente, que no sé más que la mayoría. Y yo, curiosamente, de eso deduzco que mi opinión no tiene ningún interés. Y esta sospecha me lleva -quizá cayendo en un integrismo del todo inadmisible, lo admito- a concluir que no debo escribir sobre esas cosas.
Y no escribo.

Ante este razonamiento surgen voces airadas que protestan. Y protestan basándose en el siguiente bienintencionado razonamiento: "todo el mundo tiene algo que decir, y la opinión de todo el mundo es válida y aporta algo de riqueza al acervo común".
Pues bien, yo considero este razonamiento impecable desde el punto de vista teórico, pero falso, absolutamente falso, desde el empírico.

En mi opinión, no es cierto que todo el mundo aporte su granito de arena y así entre todos lleguemos a construir una gran verdad. En mi opinión, por cada granito de arena que la mayoría aportamos, aportamos, conjunta e indivisiblemente, un montón de basura. Y, cuantas más opiniones sin seleccionar, más sepultados quedan los granos de arena bajo la montaña de basura común.

- "¿Sin seleccionar? Eso suena a elitista.

- No, mire usted, yo no digo que sólo puedan opinar los catedráticos, o los ricos, o los rubios, o los que votan en blanco, o que sólo lo podamos hacer los nobles (los nobles menos que nadie, créame, las estirpes han venido mucho a menos últimamente; si yo le contara...). Lo que digo es que cada uno intente hablar de aquello de lo que, más o menos, sabe. No le digo que haya que ser experto para comentar algo, pero sí al menos informarse un poquito, ¿no cree?; sobre todo si se pretende expresar una opinión en público.

- Pues eso va contra la libertad de expresión.

- Lo único que va contra la libertad de expresión es desperdiciarla diciendo estupideces, que bastante ha costado conseguirla."



Creo que la suma de opiniones infundadas y análisis superficiales, que como mucho consiguen repetir algunos tópicos mal aprendidos (generalmente en los nunca lo suficientemente denostados programas de tertulias televisivas y radiofónicas, más dañinos sin duda que la peor de las telenovelas por su falaz baño de seriedad que lleva al huerto a tantos y tantos ciudadanos), contribuye a agravar uno de los problemas que, con respecto al conocimiento, tiene nuestra sociedad: el exceso de información y la incapacidad (tanto por falta de tiempo como por falta de criterios fiables) para separar la importante de la superflua (la veraz de la falsa, la útil de la inútil, la de peso de la fugaz).
Es, con respecto a épocas pasadas, la otra cara de la moneda: la desinformación por saturación. Los resultados son los mismos: nadie tiene ni idea de nada, aunque trate de tenerla, porque no sabe a dónde mirar (y aunque lo supiese no valdría de nada, porque normalmente no somos capaces de analizar la información, que es lo realmente importante, pues ella es medio y no fin, bla, bla, bla... pero eso es otro tema, aun más coñazo que éste).

¿Creen que exagero? Pues yo creo que no. Generalizo, eso sí, y por tanto me equivoco con respecto a todas las excepciones; pero no creo exagerar.

- "¡Es que todas las opiniones son respetables!

- ¿A usted le parece respetable que yo opine que todos los que pronuncien esa frase suya sean fusilados? Pues entonces no me diga tonterías."


[Que nadie vaya a pensar que me atribuyo pensamientos originales, esto que sigue lo he leído muchas veces] Las respetables son las personas (al menos mientras no pierdan su respetabilidad con su comportamiento... o sus modales en la mesa, o sus chándales), y lo respetable es su derecho a opinar. Ambas cosas son "sagradas". Pero sus opiniones, una vez escuchadas (no antes, ojito), pueden ser estudiadas, analizadas, contrastadas y razonadas, para posteriormente ser loadas, aplaudidas y encomiadas, o bien cuestionadas, criticadas, rebatidas, desestimadas, reídas y ridiculizadas (sin que en ninguno de los dos casos debamos usar esos antecedentes para prejuzgar otras futuras; aunque al final nos vamos conociendo, y claro...).

-"Pero todas aportan algo. Igual que las personas, todo el mundo puede enseñarte algo."

No cabe duda. Lo malo es que, con demasiada frecuencia, ese algo no compensa ni remotamente todo lo que tienes que aguantarles. Y sí, si buscas, algo encuentras; pero las penosidades de la búsqueda a menudo no se ven recompensadas. Y con las opiniones pasa lo mismo.

Así que, si lo que vamos a decir no justifica la atención de los demás, callémonos. Que gente hablando por hablar ya hay de sobra.

- "¿Entonces, va a dejar usted de escribir?

- No, no se preocupe. Por un lado, la vanidad hará que de vez en cuando me crea con derecho a opinar sobre algo, y por otro, siempre puedo seguir hablando de mí, que es un tema fascinante y que además domino.

- No, si no me preocupo, qué me voy a preocupar... ¡al contrario!"



31 comentarios:

  1. A este post —tú que tienes un blog que funciona y no una patata a pedales (miradita condescendiente al mío y después al techo)— deberías titularle: "La torre de Babel".

    Y mañana más, que aquí veo tema pero ahora ya tengo mucho sueño. Bona nit, Porto-rosa, :-)

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  2. Iba a decir algo pero me temo que será tremendamente mediocre.

    Reflexionaré, pues, y después hablaré. Como dice Donna aquí hay mucha miga (cómo me gusta pasarme por aquí, me hace despertar la neurona que tengo).

    Besucos. Cal.

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  3. Sólo puedo aportar la frase que preside nuestro pabellón: "Si nadie hablara más que de lo que sabe, el mundo sería una inmensa cartuja de silencio".

    Dicho esto, me gusta opinar y me salen las opiniones por todos los orificios. Creo que las tertulias de café (de las que los foros de internet son sólo la última encarnación) sirven para dar salida a ese exceso de opiniones irrelevantes.

    No son públicas (eso es lo que afea las de la radio y las hace dañinas) pero garantizan un auditorio de miembros que le hacen caso a uno sólo el tiempo indispensable y a cambio de que se lo hagamos nosotros.

    Lo cual no es poco.

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  4. No entiendo muy bien por qué ese título, Donna.

    Gracias, C.

    Hola, Ignacio:
    - Generalizo, y por tanto me equivoco; creo que hay excepciones tanto de personas como de temas (o, mejor dicho, de ciertas personas con respecto a determinados temas), e incluso de situaciones.
    - Efectivamente, si las opiniones se hacen públicas, y sobre todo si es desde una posición de presunta autoridad, también las considero muchísimo más dañinas.
    - Para mí, no es lo mismo opinar en una conversación o en una tertulia "privadas" que exponer una idea con ánimo de analizar, estudiar, explicar o criticar un hecho o un concepto cualquiera. Por eso, en este ámbito, no es lo mismo opinar sobre un tema en un foro que escribir todo un post sobre ese mismo tema (con el agravante de que, en este último caso, decides tú hacerlo, sin que ningún contertulio te incite a ello).

    Por supuesto, en cualquier caso, lo que he escrito es un ejemplo de una opinión expuesta; así que se me puede (y debe) aplicar todo lo que yo he defendido.
    Gracias, y un saludo.

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  5. Acerado y acertado diagnóstico de alguno de los males más molestos de nuestra cultura: el "ruido comunicacional", la verbigeración vacua y, sobre todo, la "falacia democrática" igualitarista. No me avergüenza (al contrario) compartir un cierto sentido "aristocrático" de la vida (del todo natural, en tu caso; arduamente adquirido, en el mío), un modo estético de mirar, una ética del ser, un estilo literario de estar. Habrá quien no lo entienda, compañero, pero ¿nos importa?. Un abrazo.

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  6. Siento no estar de acuerdo con Ernesto ni con el Señor de Portarosa. Lo que vosotros proponéis es una especie de "oligarquía intelectual", en la cual sólo los realmente capacitados para escribir o hablar de un tema concreto deberían hacerlo. Entretanto, el resto de abrumados mortales se limitaría, con arrobado gesto, a recibir maravillado la sabiduría que los elegidos decidieran impartir.

    Mi opinión es ésta: hay que dejar que opine quien quiera o pueda hacerlo. Sin embargo, esta opinión puede o no puede ser válida per se y nosotros tenemos la capacidad elegir si la escuchamos, ignoramos o rebatimos. Si se rebate, deberá hacerse con conocimiento y respeto: le estaremos dando al otro la oportunidad de enriquecerse, de contrastar la validez, calidad y sentido de su opinión original. Quizás consigamos que la próxima vez formule una observación más cualificada. Tal vez, por el contrario, sea uno de esos individuos vociferantes que sólo saben escucharse a si mismos. Entonces, simplemente, le ignoraremos. Contra el ruido del que habláis, tenemos que usar nuestra capacidad de discernimiento, algo para lo que sí estamos capacitados como seres pretendida e intelectualmente "superiores".

    Lo contrario se acerca peligrosamente a la pedantería.

    Porta: te felicito por el post. Te superas cada día. Esto está alcanzado cotas difícilmente mantenibles. ¡Qué gustazo!

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  7. El problema, rythmanduel, llega (y llega con frecuencia) cuando no hay un lenguaje común para rebatir, cuando las opiniones libremente expresadas son tan burdas, irracionales y faltas de matices que no se pueden contestar sin descender a su terreno.

    Eso es el ruido: y hay mucho.

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  8. ¡Bueno, esto está empezando a estar bien!, ¿no? No diréis que mi postura anti-opinión no está promoviendo el diálogo. Ironías de la dialéctica.

    Querido Rythmanduel, al margen de las alusiones del querido Ernesto a la "aristocracia", que hay que entenderlas como una boutade provocativa y un guiño a cierta estética caballeresca (¿no, Ernesto?), no estoy de acuerdo con que lo que yo digo favorezca una oligarquía intelectual ni nada parecido:
    1. Yo he empezado explicando que se trataba de escribir sobre algo; es decir, casi casi opinar en público sin que nadie me lo hubiese pedido. Por tanto (insisto), no estoy hablando de una conversación de amigos (aunque esto ahora lo sea).
    2. Como he dicho en el artículo, en absoluto niego a nadie a priori el derecho a opinar. Tan sólo defiendo un ejercicio de autocrítica (auto, ¿eh?, auto) previo; más autocrítico cuanta más repercusión pueda tener lo que uno diga.
    3. Como tú dices, una vez oída una opinión se podrá juzgar. Y, en unos casos más y en otros menos, nos servirá, y nuestra respuesta servirá a quien la dio.Y debe intentarse, además, no utilizarla para prejuzgar las que en el futuro salgan del mismo individuo. Así que suscribo íntegramente tu segundo párrafo.
    (No obstante, es inevitable que una sucesión prolongada de tonterías procedentes de alguien vaya haciéndonos temer que ese alguien es tonto.)
    4. Por tanto, todo el mundo puede opinar, pero yo creo que es lícito pedir que se opine con el mayor conocimiento posible.

    Y, ¡ojo!, todo eso de la supuesta altura intelectual lo has dicho tú. Yo en ningún momento he insinuado que me considerase por encima de la media (de hecho, de ahí parte mi post), ni he querido atribuirme una categoría cultural elevada. Sé que a veces mi tono lo hace poco creíble (entre otras cosas, porque tiendo a sonar engreido y pedante), pero creo que tú sabes que ver la paja en el ojo ajeno (que es verdad que la veo) no me impide ver la miga (con "m") en el mío.

    Insisto, R., no defiendo un club de "listos", sino que, desesperadamente, intento que nuestros "formadores de opinión" no sean el verdadero y vergonzoso club de descerebrados que hoy en día son. Porque, además, estos formadores de opinión de pacotilla dan un ejemplo pésimo a mucha gente, que los toma como modelos y acaba creyendo que lo que da prestigio es hablar, sólo hablar, de cuantas más cosas mejor, aunque no se tenga ni idea de lo que se dice.

    R., ha sido un verdadero placer. Muchas gracias, y un abrazo.

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  9. Sí, Ignacio, mucho ruido, muchísimo, yo también lo creo. A nuestro lado, o amplificado constantemente por los medios de comunicación.
    Y no se puede combatir, porque si no usas sus mismas armas no te hacen caso, y si las usas ya estás contribuyendo a empeorar la situación.
    Gracias.

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  10. Realmente interesante toda la discusión suscitada a partir de la lúcida exposición hecha por el señor de Portorosa sobre el valor de las opiniones, sobre su necesidad y oportunidad, sobre el ruido informativo, sobre ciertos tópicos trasnochados de los mundos de Yuppy ("Es que a mí toda persona por el hecho de serlo me parece que tiene algo que aportar", "No, mire Vd: Toda persona, por el hecho de serlo, es probable que sea un cenutrio... a menos que tenga un cierto sentido de autocrítica y prefiera escuchar antes que escucharse, etc").

    Y no hay que confundir la autocrítica con la defensa de una oligarquía intelectual. Muchas veces las personas más preparadas intelectualmente se desacreditan cuando demuestran que carecen por completo de algo que solo te enseña la vida y que es el sentido común. Y a veces, aunque no siempre, las personas menos leídas demuestran anda sobrados de ello.

    Saludos generales.

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  11. Llego tarde y sólo para explicar aquello que dije al principio de los principios sobre la Torre de Babel. Internet es muchas veces la versión moderna de esa torre, pura contradicción.

    Aquella edificación llegó a los hombres después del diluvio (estaban un tanto acogotaítos con el tema "inundaciones exterminadoras", ¿sabes?) y la levantaron casi hasta el cielo con ladrillos cementados con asfalto. Babel significa Puerta de Dios. Pero (siempre los hay) el todopoderoso vio herido su orgullo y confundió su lenguaje para que los constructores no se entendieran unos a otros y no sólo eso, si no que los dispersó por todos los confines de la tierra (hay que ver qué mala baba, Señor, para todo).

    La Red a menudo es eso. Nos une a todos, nos globaliza, nos permite comunicarnos, nos envuelve en un único medio y nos dá voz. A todos. Nos dá voz a todos, y nos dá un espacio para hacerlo, nos dá público, nos dá nuestro minuto de gloria y además la sensación de acercarnos a los demás, de llegar a ellos. En realidad lo que está haciendo es aislarnos, separarnos y para siempre. Hala, hala, a empastar voces se ha dicho.

    Y bueno, como ya está todo (muy requetebien) dicho y no quiero aumentar el ruido de fondo, me callo ya.

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  12. Efectivamente, se trataba de una pequeña provocación. He estado en silencio, leyendo las interesantes intervenciones de los demás. Pensando. Concluyo que, a pesar del notable interés del asunto suscitado por Portorosa (y tan inteligentemente argumentado), son muy pocas las respuestas y, éstas, no vuelan demasiado alto (con perdón por la ¿pedantería?). Curioso. Y, como no quiero cansaros ni abusar de la hospitalidad de mi querido anfitrión, quiero acabar diciendo que suscribo sin reservas el comentario de Portorosa en el que contesta a Rythmduel (un tipo estupendo, que nadie se confunda: yo creo que sólo ha querido decirnos que no nos vayamos demasiado a nuestra torre de cristal y que apostemos por una cierta pedagogía social, a ras de suelo). También comparto el comentario de Ignacio, a quien no conozco (encantado). Y a Mobile, la comparto en su mismidad (y ganitas me dan de no "compartirla" con nadie más, pero es sólo un arrebato idiota). Abrazos a todos (y besos a la Donna).

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  13. Gracias por sus palabras, caballero. Lo es usted, realmente.

    (Siga compartiendo a la dama de Elche, por tanto, se lo ruego)

    Buenas noches.

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  14. Caramba con las propiedades.
    Desde mi casa no se ve la luna.

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  15. Pues desde la mía se veía enorme, aunque un poco difuminada por unas nubes altas. Después de contestar a Ernest, ayer (por cierto, ni usted ni yo parecemos ser propietarios de nada, me temo), salí a mirarla con prismáticos.
    Aunque no tendrá nada que ver con verla a través de un telescopio, me imagino, aun así es algo precioso. Además, simplemente con unos prismáticos, ya se ve esférica en lugar de circular, se ve "flotando" en medio del cielo, en lugar de ser una imagen pegada en el fondo del decorado... vamos, que uno se cree que efectivamente es un satélite de la Tierra y todo eso.

    Buenos días.

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  16. No se me revolucionen: que no era de "propiedad" de lo que hablaba (maldita polisemia). Quise decir que comparto las opiniones, las impresiones, las emociones, las expresiones y toíto todo (hasta el hueso) con la querida Mobile. Y, al final, hacía una broma idiota (lo de "compartir", así, entre comillas, esta vez sí, sólo ésta, en sentido de propiedad) que sobraba absolutamente. Sorry.

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  17. No, si yo no me resisto... ahora mismo me pongo en el centro de la plaza de mi ciudad y el primero que llegue a por mí, me gana para siempre.

    ¡Tiempo!

    (verás tú como me vuelvo tal cual esta noche... ains)

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  18. Ernesto, que algo de trato sí que tenemos ;-)

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  19. Hola, buenas, señorita. Que digo yo que si se vendría usted conmigo a charlar de por vida mientras damos un paseíto. (Sflaps, ella se le cuelga del cuello y él ya sólo puede ver una enorme boca desenfocada que dice "hola, qué tal, ¿taxi?", como un pez-boca de la tele). Y el tipo se va por ahí, más contento que unas pascuas, con la niñaRosa a un centímetro del alma. Los hay con suerte.

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  20. Pues no caigo, Don Ignacio. Si usted me diera alguna pista, tal vez. La verdad es que me deja usted muy intrigado. A lo peor lo que pasa es que, como soy tan despistadísimo (una cosa bárbara), no me doy cuenta. No me lo tome a mal.

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  21. Anda, coño, es que al picar en el nombre no me enlaza.

    Soy nonwriter, y me voy a las tripas de blogger a ver si lo arreglo.

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  22. Llevo una semana leyendo vuestras opiniones. Aquí escondida he ido analizando lo que el Señor de Portarosa y todos los demás habéis ido diciendo y mientras he ido sacando mis propias conclusiones sobre la mediocridad y la cultura. Casi todo esta dicho por no decir todo (y sí, ha estado preciosa la Luna. Un fenómeno poco habitual que se da sin ton ni son este de que se acerque tanto nuestro satélite lunar).

    Suscribo lo que dice Rythmduel e Ignacio al aclarar que si todos nos calláramos, esto no seguiría adelante. A menudo de ideas a priori mediocres se han obtenido grandes hallazgos y progresos. Uno de los principios básicos de la Sinaléctica (creo que así se escribe esta técnica creativa) es precisamente preguntar a aquellos que no tienen ni idea sobre un problema que un grupo de expertos en la materia no es capaz de solucionar. Así, por ejemplo, se pudo diseñar el traje espacial. En vez de preguntar a ingenieros (que ya lo hicieron en infinitud de ocasiones los de la NASA), preguntaron a biólogos que nada sabían sobre tejidos que soportaran el vacío espacial. En cualquier caso, la interpretación de las ideas ha de hacerse por un grupo de expertos.

    Pero no se habla aquí de Ciencia –al menos no sólo- sino de los creadores de corrientes de opinión. A mi parecer mucho se podría decir del actual ruido informativo que sí que existe y de qué manera (tremendos dolores de cabeza se me han puesto a mi al encabezonarme en leer algún periódico de pé a pá, inclusive Economía y los anuncios por palabras. Francamente no sé que trataba de demostrarme). Aquí sí que entronco con la opinión de Portorosa: los comunicólogos deberían de informarse y documentarse antes de hablar y de difundir ideas a diestro y siniestro. Y a veces sin ningún fundamento. La mediocridad aquí no vale. Si no sabes, mejor cállate. Y no se trata de ninguna élite cultural, se trata de hacer bien lo que te han encomendado, leñe.También hay que tener en cuenta que existen distintos públicos para diferentes opiniones.

    Y en tercer y último lugar, están las opiniones lanzadas en los grupos; algunos privados (dícese de conversación entre amigos, colegas y demás) o semiprivados (blogs, foros, etc.). Si estás hablando con unos amigos, mira, francamente, habla y expresa tu opinión que si no tienes ni pajolera idea, ya vendrá un amigo de verdad a decirte “cállate Calamity que no tienes ni p… idea”. Y sobre todo y más importante si no tienes ni idea: escucha y aprende. Y en los grupos semiprivados, pues poco, más o menos. Tú en tu blog escribes lo que quieres y te apetece; en un foro lanzas una cuestión y dejas que respondan. Das tu opinión y si me interesa, seguiré viniendo y te comentaré. Y si no me interesa, porque lo que me dices parece baladí y falto de contenido, pues a otra cosa mariposa.

    Y perdón por la extensión. Pero me gusta pasarme por aquí para poder pensar en cosas. A ver con qué nuevas ideas me revolucionas la neurona la próxima vez. Un besazo para todos. Feliz fin de semana. Calamity.

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  23. Ostras, perdón de nuevo. Si hubiera sido consciente de la extensión, hubiera publicado en mi blog. Sorry, sorry.

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  24. ¡Coño!, nonwriter, claro, ¡haberlo dicho! (fin de la "intriga" y, ahora, me da hasta penita... ¡es que me van los misterios!). Un abrazo.

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  25. Me ha gustado mucho el contenido de tu post y la espontaneidad con la que lo dices todo, Calamity. Y para nada me parece "tan" extenso.

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  26. Bueno, pues a mí sólo me queda decir que me alegro de haber dado pie a vuestras... opiniones. Y lo digo sinceramente.
    Por supuesto, ni blanco ni negro; eso ya lo sé. Con matices, creo que verdaderamente todos estamos de acuerdo, y que las diferencias no son tantas como aparentan; como tantas otras veces, se trata más bien de una cuestión de expresión, y no de ideas.
    (Claro que, por otra parte, yo creo que en general es fácil coincidir en las razones teóricas y en los argumentos; las diferencias, incluso si son irreconciliables, vienen dadas muchas veces simplemente por el grado de importancia que unos y otros le damos a cada razón. Es decir, yo creo que debo actuar según los criterios A y B, y usted también, sin duda, de acuerdo; pero el peso relativo que A y B tengan para cada uno, aunque sólo varíe un poco, hará que usted y yo discutamos, militemos en partidos distintos, votemos diferente, e incluso -si somos lo suficientemente necios- nos llevemos mal. Por eso es frecuente, en medio de una discusión, recapitular y comprobar con cierto asombro que ambas partes parecen coincidir en sus razones y planteamientos, sin que ello haya impedido pelearse durante horas, y seguir haciéndolo una vez visto que "se está de acuerdo". Bueno, y paro ya.)

    Gracias por tu comentario, C.; encantado de que te extiendas tanto.

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  27. Una tontería dicha por un millón de personas sigue siendo una tontería, como ya sabemos efectivamente.

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  28. Muchas gracias por tu comentario laudatorio en mi "blog". Me engorda la vanidad, un hecho bastante futil porque, para lo que la tengo y me sirve... A mí también me gusta lo que acabo de leer en tu "blog" y prometo sacar algo de tiempo en los próximos días para leerlo más a fondo.
    Una vez más, gracias.

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  29. Hola Portorosa, ¿qué tal?

    Yo por aquí, paseando... Me he reído mucho con este post, mucho. Y algo más. Me ha dado la sensación, y perdóname si me equivoco, de que en él había algo que escondiste en cuanto llegó gente, algo que no has querido defender hasta el final.

    Claro que puede que sólo sea un espejismo, un reflejo egocéntrico. No me hagas mucho caso. Yo siempre meto la pata.

    En cualquier caso, estupendo el post. Es muy interesante ver el proceso de crecimiento de tu blog. Si me disculpas, sigo inspeccionando.

    Un abrazo.

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  30. Más que tener algo que defender y después esconderlo, lo que creo que me pasó es lo que me pasa con casi todos mis posts: que los comentarios me obligan a ir matizando cosas, a aclararlas, y muchas veces incluso a rectificar y suavizar posturas.
    Pero eso es estupendo, claro, porque es lo que me permite decir que yo con esto aprendo.

    Gracias por tus piropos. Me encanta que hagas el esfuerzo de retroceder por el blog para leer cosas antiguas. Gracias.
    Un beso.

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