28.2.13

La vida

Hoy he pasado la tarde solo, en casa. Los niños estaban con sus abuelos. Todo bien.

Pensaba tocar algo y ponerme al día con los correos del taller de Lara. He hecho lo segundo. Al final no he cogido la guitarra. Es que no se lo había contado: en octubre, a la vez que mi hijo Carlos, me apunté a clases de guitarra, unos 30 años después; y me alegro mucho de la decisión (que me costó tomar).

Acabo de ver una película que tal vez otro día me habría parecido una cursilada, pero que hoy me ha gustado mucho. Era de amor (El juego del amor). La he visto pensando en apagar la televisión y ponerme a hacer yo algo, tratando de evitar ese especie de señuelo de creernos que vivimos viendo vivir a otros. En fin, no sé. El caso es que no he apagado y me alegro.

No escribo, ya lo ven. Tampoco para los talleres, que ya nunca he atendido como debiera. Como les he dicho a dos personas esta semana, ahora mismo estoy a otra cosa. Y, no sé por qué, no tengo ganas de contar nada; al menos no en público. Tampoco estudio, porque no tengo tiempo. Pero el trabajo sigue interesándome y me compensa.

Hemos estado revisando lo nuestro, tratando de saber qué queremos y si somos capaces de hacerlo. No puedo decir que todo sea perfecto; ni siquiera que tengamos todo claro. Pero al menos hemos sido honestos, lo estamos siendo, y no estamos dispuestos a dejar que el tiempo nos pase por encima y nos sacuda a su antojo: queremos caminar nosotros. No solo queremos ser felices, sino que queremos intentarlo. Creo que está bien, eso.

En cualquier caso, estoy raro.

Hoy pensaba en lo que me cuesta asimilar, a pesar del mucho tiempo que hace que es así, que mi vida ya no es una promesa; que es ya, todo.

Ayer a Carlos se le cayó su primer diente. Estaba muy emocionado, y no dejaba de preguntarse qué le traería el Ratoncito Pérez.

13.2.13

La belleza

Del acercarse al mundo a tocarlo; del mirar, del escuchar, del sentir; del pararse, pocas cosas hay que surjan con más fuerza y claridad que la belleza.

Que ya no es tonta ni superficial. Que llega hasta lo más íntimo. Para salvarnos, para consolarnos o para entusiasmarnos; depende.

La belleza de esas nubes o de esa curva en tu piel.

11.2.13

Globalízate

Ya que yo no escribo, les traigo el enlace a una página conocida, de denuncia, centrada principal pero no exclusivamente en cuestiones medioambientales relacionadas sobre todo con la economía sin escrúpulos (que digo yo que habrá otra).

Como saben de lo que hablan y en qué mundo viven, aunque los abusos de cierta forma de globalización cosechan casi todas sus críticas ellos se llaman Globalízate. Porque ese camino, o muy mal se pone la cosa (vuelta a encender fuego con dos palos, y así) o ya no se va a recorrer de vuelta, y de lo que se trata es de recorrerlo bien.

Además, les dejo el último de sus artículos recogido por NáN en su blog. Trata del acaparamiento de tierras. Un ingrediente más de la violencia estructural que no deja de hacer daño.



Mientras, sin ir tan lejos, seguimos observamos con calma y aparente indiferencia cómo se ríen de todos nosotros.

30.1.13

Cannery Row, de John Steinbeck

Tiempos de confusión y movimiento. Pero cuáles no lo son.

Siguiendo las entusiastas recomendaciones de NáN y Moli (gracias), acabo de leer Cannery Row, de Steinbeck.

En él se cuentan las peripecias cotidianas de un grupo de personajes de uno de los barrios conserveros de Monterrey. Personajes variopintos y extraños, para mí, como casi todos los de la literatura norteamericana.

El libro me ha encantado. ¿Y por qué, pensaba yo el otro día? Aparte, claro, de por estar bien escrito (y traducido). Y lo pensaba tras una conversación con mi padre, férreo defensor de la forma (postura que, en mi opinión, lleva implícita en el fondo la querencia por ciertos temas y el rechazo de otros), en la que sentencié que yo a la literatura le pedía que me hablara de la vida.

Pero ya me doy cuenta de que eso es decir tanto que, en realidad, es casi no decir nada. Porque, ¿qué es hablar de la vida?

A mí un libro me habla de la vida cuando me hace conocer mejor el mundo y a los demás, y sobre todo conocerme a mí mismo. Cuando leerlo es lo más parecido a vivir más que yo puedo hacer.

Por eso es tan importante la literatura para mí.



15.1.13

Café Avenida II

A las cuatro de la tarde, un hombre colorado, con el pelo sucio bien peinado, bebe una cerveza de pie junto a la mesa de dos mujeres, madre e hija, que están con un bebé. Él le hace ñoñerías y habla con la abuela. La madre no lo mira. De vez en cuando abre mucho la boca y se acerca al niño, agachándose y haciendo como si boxease. Le da la risa y acaba tosiendo. Se echa para atrás, da un trago y se acerca de nuevo, le coge la cara con las dos manos y, sacando mucho los labios y temblando un poco, le da un beso. La madre lo mira, conteniéndose a duras penas.

Antes de terminar la cerveza entra y pide otra. Se frota las manos mientras mira cómo la sirven. La coge, bebe y vuelve a la mesa, sonriendo.

 

13.1.13

Café Avenida

En la mesa de la ventana una pareja pide dos cafés y una docena de churros. Él bromea. De sesenta y bastantes, tiene manos de trabajador, se peina para atrás desde hace pocos años y lleva una camiseta negra ajustada que pone FG October Original City. Ella tiene la misma edad, viste como visten en un sitio pequeño las señoras y apenas habla. Y no sonríe. Hasta que al cabo de un rato él también deja de hacerlo y se queda callado mirando por la ventana. De vez en cuando vuelve a intentarlo, pero nada. Y no se da cuenta de que, cuando no está atento, ella lo mira de reojo y por un instante suaviza el gesto. Se ha puesto unos pendientes largos y un foulard que nunca había estrenado, pero cuando se levantan para irse, mientras él paga, se ve en el espejo de detrás de la barra y se avergüenza.


8.1.13

Taller(es): El desenlace

[Justo cuando más debería haberme esmerado, pues iba a estar en ambos talleres y el tema de uno de ellos era, aun encima, la pareja, solo escribí esto, en el autobús camino a Madrid.]

El desenlace

En el saliente de un escaparate está sentada una pareja de veinteañeros. Ella lleva la melena teñída recogida en una cola; él es moreno y de pelo corto. La gente pasa por la acera.

La chica mantiene sujeto con una mano el cuello vuelto del jersey, subido hasta la frente, tapándose la cara. Él de vez en cuando se inclina y le dice algo en voz baja, pero ella no contesta. En una de esas ocasiones se acerca un poco más y llega a tocarle el brazo, que la chica aparta bruscamente. Entonces él se echa hacia atrás, se arrastra un par de metros más lejos, sube un pie al escalón y se recuesta contra el cristal, mirando al frente.

Inmediatamente, ella se baja el cuello. No lloraba. Lo fulmina con la mirada, se pone de pie, recoge su bolso de un manotazo y se va, pasando sin detenerse por delante de él, que suspira, se levanta, duda un segundo mientras la ve alejarse y, abrochándose la cazadora:

a) se marcha en dirección contraria.
b) va tras ella.


31.12.12

Feliz 2013

Busquen las riendas de su vida. A algunos nos costará localizarlas, y si lo conseguimos necesitaremos desempolvarlas. La mayoría tendrá que pelearse para soltarlas de las manos de quienes las sujetan. Pero háganlo.

Háganlo y atrévanse a llevarlas. Atrévanse (atrevámonos) a vivir. Aunque solo sea para tratar de sacar la cabeza . Es nuestra única oportunidad.

Y mucha suerte.

Muy feliz año nuevo a todos, amigos.


24.12.12

Nochebuena


Para mí, la de hoy es la noche más señalada, más familiar y más emotiva del año. Siempre ha sido el día más importante de las Navidades, en mi familia, la fecha más genuinamente navideña. 
Os deseo, a todos los que venís aquí, que tengáis una Nochebuena llena de alegría y de cariño. Cariño y alegría. Os lo deseo de todo corazón.

Hace siete años escribí esto. Y hoy os lo vuelvo a decir:


Que paséis una noche llena de cariño y alegría.

¡Feliz Nochebuena a todos!

14.12.12

Un provinciano en Madrid: reencuentro

Ya he vuelto.

Para mí, Madrid, la ciudad, es ante todo la sorpresa de la gente, que me tiene tonto dos días; de la cantidad, por supuesto (la primera mañana, en el Metro, pensaba "En este tren hay más gente que en todo Vicedo"), pero también de la variedad y del anonimato general: me siento eso, provinciano. Es sequedad, es pelo sucio, labios secos, piel seca, nariz seca hasta empezarme a sangrar una mañana en clase. Es calefacciones achicharrantes. Es ir con el bolso al revés, con el cierre hacia el cuerpo. Es gastar y gastar.

Pero Madrid es también, como ya he dicho muchas veces, el paraíso del observador, la modernidad, gente que hace cosas distintas, otras profesiones, aire mentalmente fresco.

Madrid puede ser literatura de cerca (además de la comprada: qué maravilla, La Central), hablar con escritoras hasta la una de la madrugada sobre ella.

Madrid ha sido ver amigos y conocer a otra; ha sido el Bremen, tan cariñoso; ha sido la encantadora Lara; ha vuelto a ser mi querida Cal; ha vuelto a ser mi querido Javi; ha sido, como siembre, el gran NáN, y ha sido mis maravillosos anfitriones, Aroa y David.

Ya he vuelto. Y mejor, como esperaba.