30.4.12
27.4.12
26.4.12
Bartoleta Teatro: Yerma
El Grupo Bartoleta Teatro,
que es la compañía de teatro aficionado en la que está
A Filla do Mar,
representa
YERMA
de Federico García Lorca
en el Centro Cultural Torrente Ballester de Ferrol
este viernes, 27, a las 20.30 h.
Entrada libre hasta completar aforo.
Yo ya la he visto y se la recomiendo. Trabajan muy bien.
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25.4.12
Hermano Lobo, hoy
Ya les dije que volvería El Perich por aquí.
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- Blogosfera, Sexo
24.4.12
Cine y cine, literatura y Mabalot
Como últimamente también a nosotros nos sobra bastante mes al final del sueldo, vemos muchas películas, que ya las tenemos pagadas.
Este sábado elegimos rematadamente mal, The acid house, basada en un libro de Irvine Welsh (el de Trainspotting; es lo que siempre se dice) y pensada, realizada e interpretada para acabar con cualquier atisbo de esperanza en el género humano que el espectador pudiese albergar: la cosa más sórdida y deprimente que he visto en mucho tiempo. Tanto, que soportamos solo dos de sus tres historias; y reconozco que la segunda era muy buena, pero ya digo, terrible.
Luego buscamos como locos algo amable, para no irnos a la cama con ese sabor de boca. Pero no teníamos el día, ni mucho tiempo, y tuvo que remediarlo la literatura.
Estoy leyendo, como les dije, Una historia de amor y oscuridad, de Amos Oz. Apenas llevo 50 o 60 páginas, y si no cambia me va a encantar. Habla por el momento de un lugar, Jerusalén, y una cultura, la judía, que me atraen mucho y de los que no sé nada; habla además sobre literatura; y todo está maravillosamente escrito.
O:Todo eso [la vida en su barrio, de su gente] era chejoviano, al igual que la sensación de pérdida: había lugares en el mundo donde transcurría la vida real, lejos de aquí (...), donde cada tarde se encendían montones de luces, señores y señoras se reunían a tomar café con nata en salas de artesonados de madera, (...), veían de cerca (...) cómo la amante del pintor se enamoraba de repente de su mejor amigo, el compositor, y a mitad de la noche huía sola, con la cabeza descubierta bajo la lluvia, al viejo puente cuyo reflejo temblaba en el agua del río.
(...) lugares en donde personas nobles se enamoraban, se peleaban con honor, se perdían, renunciaban, deambulaban, se sentaban a beber solos a medianoche en un taburete en la barra de bares oscuros de hoteles, en bulevares de ciudades azotadas por la lluvia, y vivían su vida desmesuradamente.
Aquel que busca el corazón del relato en el espacio que está entre la obra y quien la ha escrito se equivoca: conviene buscar no en el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino en el que está entre lo escrito y el lector.
El domingo acabamos de ver una serie sueca de cuatro capítulos, Las mejores intenciones, con guión de Bergman y que, aunque a mí hubo momentos en que me resultó un poco lenta, nos pareció magnífica. La historia es muy buena, los protagonistas, también (en especial ella, en mi opinión), y tiene el atractivo añadido de asomarnos a otro escenario interesante, la Suecia de hace un siglo.
Y ayer, lunes, recibí un regalo de Mabalot: su primer libro, Una insolencia. Un libro en teoría sobre fútbol, que forma parte de una colección que, bajo el original título de Hooligans Ilustrados, recoge la visión de varios escritores aficionados al fútbol sobre su relación con el equipo de sus amores.
Pero, como me dice el autor en su dedicatoria, el fútbol es lo de menos.
Aquí tienen dos reseñas brillantes y completas, I y II, si quieren buenas y fiables referencias. Por mi parte, solo puedo decir que me gustó mucho, tanto como preveía después de tantos años leyéndole. Y algo más, que le he dicho a él y repito ahora en voz alta: Mabalot escribe verdaderamente bien; solo le falta creérselo, creerse que tiene algo que contar, encontrarlo y contarlo. Y dejarse de dar vueltas.
Este me parece un buen primer paso en esa dirección.
Aunque, no sé por qué, me temo que sea de los que tienden a pensar que las vueltas son la única opción inteligente.
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20.4.12
Taller: La comida
Para leer el relato, deberán ir al post
http://unhombresentadoenunasilla.blogspot.com.es/2011/11/taller-la-comida.html
Copien y peguen, por favor.
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19.4.12
Marsé ahora
Hace poco les conté mi tardío primer contacto con Marsé, con La oscura historia de la prima Montse, y cómo me deslumbró.
Inmediatamente después leí Encerrados con un solo juguete (que recuerdo ver en la mesilla de mi madre, cuando yo era pequeño, durante años, aunque serían meses o semanas), y también me encantó. Tal vez no me gustó tanto, pero me gustó mucho.
Pero la semana pasada empecé su última novela, Caligrafía de sueños, y la he dejado en la página 70 (y he empezado Una historia de amor y oscuridad, de Amos Oz). Pensé si cambiaría, si debía darle un voto de confianza y seguir un poco más, pero la estuve ojeando y me pareció que era más o menos siempre lo mismo.
¿Qué no me ha gustado? Pues (y perdonen la osadía, y sobre todo que me la perdone él si alguna vez esta crítica llega a su conocimiento) que sobraban muchas cosas; que lo que en las otras dos novelas eran descripciones, diálogos, reflexiones, etc., con sentido, siempre necesarias, que nunca estaban por estar, aquí he visto (en estas pocas páginas, y creo que desde la primera) adornos gratuitos, vueltas injustificadas, exhibición. Está todo muy bien escrito, por supuesto, pero me da la sensación de que lo ha escrito... Bueno, nada, mejor no lo digo que 70 páginas son pocas.
Son habituales las obras tardías flojas, más cómodas, o incluso mediocres de escritores consagrados (creo que el peor libro que he acabado fue La muerte del decano, de Torrente Ballester, que está entre mis escritores españoles favoritos). Supongo que casi siempre por razones económicas. No sé si estamos ante una de ellas, pero, en cualquier caso, parece que para todo gran escritor (y en mi opinión Marsé sin duda lo es; y pienso leer el resto de sus primeros libros) es difícil sortear los riesgos del éxito.
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12.4.12
Más crisis y la desesperación
Bueno, pues ya tenemos reforma laboral en marcha, intacta, y siguen los recortes. Y la prima de riesgo, ese concepto que se coló en nuestros hogares hace un par de años, sube más que nunca. Que todavía no se fían los mercados, dicen.
Pero qué más da, si todo es un sinsentido, convenientemente mal explicado por los políticos por si todavía hay alguien que no ha arrojado la toalla y sigue escuchando y tratando de comprender, y de creer.
Yo estoy a punto. No me considero entre los más desinformados de nuestra sociedad, y sin embargo me siento perdido; y me da la impresión, además, de que nadie está interesado en que deje de estarlo.
No sé nada: leo cosas como esta y me quedo casi como estaba; me veo sin argumentos técnicos para rebatir los argumentos técnicos con los que nos abruman; he tratado de leer el decreto de reforma laboral y ni siquiera he sido capaz de llegar a mis propias conclusiones, y tengo que fiarme, como en casi todo, de la fuente que más me convence. Por un lado sé que los activos financieros munidales multiplican no sé cuántas veces (he leído desde 3 hasta 70) el importe del PIB, tambien mundial, y que cualquier tropezón suyo supone una caída global, y por otro sigo oyendo que la crisis ha surgido de vivir (todos nosotros, incluidos ustedes y yo) por encima de nuestras posibilidades (opinión repetida como un mantra en cualquier conversación sobre el tema, sea en la cola del súper, sea en el vestuario del gimnasio), y que su solución vendrá de los remedios de toda la vida, de apretarnos el cinturón; y que toca sacrificarse, no para pagar, sino para levantar el país, los países...
Y me desmoralizo.
Porque estoy convencido de que la crisis está siendo una gran oportunidad de negocio para algunos, que continúan forrándose.
Porque creo que por la puerta de las primas de riesgo y los rescates, y tras convencernos de que la economía (ya saben, una cuestión técnica, un asunto muy serio) no tiene nada que ver con lo demás, las finanzas han entrado en las políticas nacionales y las están adecuando a sus intereses, ya sin necesidad de disimular apenas.
Lo de las primas de riesgo, es verdad que es una medida de presión para que nuestro gobierno acometa más medidas -incluso Mario Draghi [presidente del BCE, solamente] el miércoles pasado lo dejó claro-, pero también es verdad que es una medida de presión para que en Europa se tomen medidas conjuntas que posibiliten crecimiento. (Cinco días)
Porque pienso que esto de la crisis, haya surgido de donde haya surgido, hace tiempo que dejó de ser una oportunidad para sanear (ya no digamos cambiar) el sistema, como nos habían prometido, y se ha convertido en la excusa perfecta para deshacerse de cualquier obstáculo (social, político, humano, etc.) que todavía supusiera alguna incomodidad para (y les juro que yo siempre he sido muy comedido y prudente, enemigo de la demagogia, y estas cosas no las decía) quienes manejan el dinero.
Porque ya no espero ninguna solución proveniente de los políticos. Y eso es grave.
Y mientras, el debate a pie de calle es si los parados fueron culpa de Zapatero, o si los sindicatos se llevan más o menos subvenciones que los empresarios.
Y me pregunto si cuando ninguno de los supuestos remedios dé resultado, nuestra economía no vuelva a ser la misma (ni falta que hace) y nos quedemos con una sociedad vapuleada y una política deslegitimada como nunca, nos empezaremos a creer que era todo un engaño. Y si no será demasiado tarde.
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30.3.12
Taller: Andrés y Paula
[He vuelto a escribir para el taller. A ver si esta vez, además de tiempo, tengo más ganas.
El tema era Toda trampa es posible. Es un poquito largo...]
Andrés y Paula
- Qué, qué pasaba.Andrés se sienta a su lado y tarda un momento en responder.- Estaba llorando -dice, mirándola.- ¿En sueños?- No, qué va, despiertísima. Se acaba de quedar dormida, aún; llevo todo este tiempo hablando con ella.- Oh, ¿pero qué le pasaba?- Pues lo de la muerte, lo de si nos vamos a morir, otra vez. Que no quiere que nos muramos, que los abuelos se van a morir pronto, y que no quiere. Eso.- ¿Otra vez? Pobre. ¿Y se ha quedado bien?- Bueno, sí. Sí, más o menos.Andrés mira distraído la televisión, sin verla. Paula se gira hacia él y apoya el codo en el respaldo del sofá.- ¿Tú crees que puede ser un problema? -le dice.- El qué, ¿que piense esas cosas? No. A mí me parece normal; yo creo que es una etapa que pasan todos los niños, al llegar a una edad, ¿no?- ¿Todos los niños? ¡No! Yo nunca pensé eso, desde luego.- ¿Ah, no? Pues yo sí. Y yo creo que conozco más casos. No sé... - se interrumpe un momento- ¿Nunca te pusiste a pensar, así, en la cama, en cuando se murieran tus padres, o en que tú, o tus hermanos (bueno, no, que tú no tienes), que tú también te morirías? ¿Pero sobre todo en lo de tus padres, en que no querías que se muriesen? ¿Y que era algo angustioso? Vamos, lo que le pasa a ella.- No. Nunca en mi vida -contesta Paula asombrada. Andrés enarca las cejas, sorprendido.- Es que tú eres muy superficial -y se le queda mirando, medio sonriendo.- Sí, claro -Paula le quita una pelusa del hombro, y vuelve la cabeza hacia la tele-. Es la primera vez que lo oigo.Ambos permanecen un rato callados. Él se levanta a la cocina a beber y vuelve.- Pero, ¿y no era horrible? ¿Qué pensabas, exactamente?- Pues eso. Sí, era horrible. Horrible. Pensaba... pues la verdad: que mis padres se iban a morir, como todo el mundo, algún día; y pensaba en ellos (yo creo que además me los imaginaba sentados en la sala, como nosotros ahora, y como estaban en aquel momento ellos), y empezaba a recordar momentos buenos, muy cariñosos, muy alegres, y entonces imaginaba que desaparecían, que se iban para siempre y nunca más los iba a ver. Casi era un poco masoquista, porque era como si me mortificara recordando escenas especialmente emotivas, ¿no sabes?, especialmente alegres, y bonitas, y entonces entraba como en una caída libre donde iba alternando esas imágenes con la idea de perderlos. Y claro, era terrible, aquello: ¡una pena!- No, ya. ¿Y qué hacías?- Casi siempre acababa levantándome y apareciendo en la sala, hecho un mar de lágrimas. Si no me oían ellos llorar, ya antes, y venían a ver qué me pasaba.- ¿Y qué te decían?- Lo típico: que no me preocupase, que cómo pensaba esas cosas, que para eso aún faltaba muchísimo. Lo que le digo yo a Tina, más o menos.- ¿Y te quedabas bien? Quiero decir, ¿te tranquilizabas y se te pasaba? ¿Te quedabas normal, después?Andrés se queda pensando.- Supongo que sí, dentro de lo que cabe. Visto desde ahora, yo creo que lo que pasaba era que me consolaban, que en realidad era cuestión de consolar, más que nada, de dar cariño para compensar toda esa tristeza. Y sobre todo, que verlos, tocarlos, tenerlos delante normales y corrientes me sacaba de esa vorágine de imágenes angustiosas, de esa pesadilla en la que me metía.Paula sigue mirándolo, hasta que él continúa.- Supongo que a Tina le pasa lo mismo: que se tranquiliza. Porque es que lo otro es casi histeria pura.Ella no dice nada, y por un momento vuelve a mirar al frente. Además de la luz del televisor, solo tienen un flexo encendido. Andrés cruza las piernas y se recuesta un poco más.- Jo, pues pobre. A mí nunca me pasó. Pero parece increíble, que un niño pueda pensar en esas cosas, y llegar a angustiarse tanto, ¿no? No sé, a verlo todo tan negro, y además como algo completamente real. Bueno, no real, sino tan cercano, tan próximo.Andrés ha cerrado los ojos.- Es que es real. Y cercano, y próximo.- ¿Para un niño? Hombre, yo creo que no.- Que es real no admite discusión, ¿no? –abre los ojos y se incorpora un poco- Y con respecto a si es algo cercano o no, ¿no lo es, en realidad? Quiero decir, que la muerte, las muertes, que nos vamos a morir, no solo es algo seguro sino mucho menos predecible y controlable de lo que queremos creer.- Bueno, claro, ya sé que en cualquier momento nos puede pasar cualquier cosa; pero hay, digamos, una normalidad. Con mil excepciones, pero que son eso, excepciones a lo lógico.- Hasta cierto punto. O, mejor dicho, es verdad que hay una especie de “calendario vital”, y que vamos cubriéndolo, y contamos con seguir haciéndolo. Ya lo sé –se pasa los dedos varias veces por la boca, mecánicamente, mientras piensa.- Pues eso. ¿Entonces?- Pues que en realidad ni siquiera vivimos con eso. Ni siquiera asumimos eso. Yo, a Tina, como mis padres a mí, y me imagino que como todos los padres a sus hijos, en este tema le doy otra versión, una versión más segura, más tranquilizadora.- Pero es normal. Es que yo creo que en esos momentos lo que se pretende es tranquilizarlos, quitarles ese miedo.- ¡Esa es la cuestión!- Cuál.- El miedo –Andrés se inclina hacia delante y apoya los codos en las rodillas, ligeramente girado hacia ella– Queremos que no tengan miedo, que dejen de pasarlo mal, y los tranquilizamos, les damos seguridad, y todas esas cosas. Me parece normal, a mí también, claro; y de hecho lo hago. Pero a veces pienso si no nos estaremos equivocando. Me pregunto si no sería mejor asegurar menos y consolar más; tranquilizar, sí, tranquilizarlos, pero no así. No a base de negar la realidad –se interrumpe un instante -. No sé si me explico.- Pero qué quieres, ¿que les pongamos la mano en el hombro y les digamos “Pues esto es lo que hay: lo mismo mañana aparezco muerto en la cama, o a ti te atropella un coche cualquier día, así que ya sabes…”?- No, claro. O no así, por lo menos –sonríe-. Pero tampoco poniendo velos sobre todo lo doloroso. No sé si con eso no estaremos provocando tantos problemas posteriores, tantas dificultades –se queda de nuevo callado, con la vista fija en la ventana del fondo-. A veces pienso que esos momentos, esa edad en la que pensamos eso y nos asustamos así de lo que la vida nos tiene guardado, es la única etapa lúcida –vuelve a sonreír-. Que en realidad esa es la reacción lógica, la única inteligente.Paula se levanta a recoger su taza vacía.- ¿Inteligente? Yo no veo nada de inteligencia en esa postura –dice desde la cocina.Al volver a la sala, acaba:- ¿Cómo va a ser inteligente centrarse en eso, no apartar la mirada de toda la parte negativa de la vida? Eso no hay quien lo soporte.- Claro. Precisamente.- Qué.- Pues que, como no lo soportamos, lo ocultamos. Nos pasamos la vida tratando de ocultarlo. O de negarlo, de suavizarlo, como quieras llamarlo. Pero no deja de ser eso.Paula apaga la tele, y tras un instante en el que se queda mirando todavía para la pantalla, se levanta.- Tienes una manera de ver las cosas que, desde luego…Salen los dos de la sala, él al dormitorio y ella a la habitación de Tina.- Está dormida –le dice mientras entra en el cuarto de baño, donde comienza a cepillarse los dientes. Andrés se está desvistiendo y la oye:- ¡No me extraña que te cueste tanto ser feliz, hijo mío! Espero que a Tina se le pase y no herede eso.Se cruzan en la puerta del baño, y él le da una palmada en el culo al pasar.- ¡Que no me digas hijo mío!Al cabo de un rato él dice algo con el cepillo en la boca.- ¿Cómo? –pregunta Paula.Andrés se enjuaga y aparece en la puerta del dormitorio con la toalla en las manos, secándose.- Esas noches que, de niños, vemos lo que nos espera, lo que les espera a los que queremos, y a todos; cuando nos resulta insufrible, cuando nos enfrentamos a la certeza de algo tan… tan cruel; en fin, yo creo que en ese momento comprendemos la verdad. La vemos cara a cara. Y luego nos pasamos el resto de la vida tratando de olvidarla.Se va, apaga la luz del baño y va a ver a la niña. Al volver se queda de nuevo apoyado en el marco de la puerta, y sonríe. Paula está sentada en la cama quitándose las medias. Al acabar, se quita los pendientes y los pone sobre la mesilla.
- Como sabemos que no podemos cambiar las reglas del juego –continúa él-, nos pasamos la vida haciendo trampas.- ¿Trampas? ¿Trampas a quién, según tú? ¿A nosotros mismos?
- Claro, en la vida todo es con nosotros mismos.Se acuestan, ella se apoya en su hombro y él la abraza.- Así que todo con nosotros mismos, ¿no, don ego?- Sí, todo –se ríe y apaga la luz de la lámpara.- ¿Y entonces yo qué vendría a ser, en ese escenario tuyo?- ¿Tú? Mi circunstancia favorita, la que yo he elegido. Y, con Tina, mi mayor y único consuelo.- ¿La que tú has elegido? Qué iluso.
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