12.7.13

Me acuerdos (III)

Me acuerdo de los pasos de mi abuela, cada vez más lentos y cada vez arrastrando más los pies, acercándose por el pasillo para abrir la puerta.

Me acuerdo de su olor cuando nos daba un beso al arroparnos, y de cómo nos decía que estirásemos las piernas y nos las frotaba por el frío.


11.7.13

Me acuerdos (II)

Me acuerdo de mi madre peinándonos en el cuarto de baño grande, después de comer, para irnos al colegio.

Me acuerdo de la colcha a rayas anchas blancas y rosas.

Me acuerdo de mi padre de pie detrás de la puerta, jugando con nosotros al escondite en casa una tarde.


10.7.13

Me acuerdos (I)

Me acuerdo de ir andando por Santorcaz, al mediodía, en verano, pegado a las tuyas buscando unos centímetros de sombra y sofocándome con su olor verde.

Me acuerdo de quedarme tumbado sobre unas redes en el muelle antiguo de Vicedo, de pequeño, mirando el cielo.


26.6.13

Vida escrita


Lo que quiero lograr es expresar en mi libro una sensación de extrañeza ante la vida diaria que gradualmente, desde que era un muchacho, se ha ido apoderando de mí.

O:

Si pudiera captar exactamente el sentimiento de aquella tarde de mi niñez, podría darle al lector la clave de mi carácter.

Ciertas cosas perduran, Sherwood Anderson



La posibilidad de decir algo con significado. Algo que forme parte de la vida, que la cambie.

Contar un hombre, por ejemplo. Y verlo, y vernos.


(Claro que antes hay que estar vivo, y no es tan fácil.)




10.6.13

Echar a volar

Cada vez sé menos de la vida; o cada vez entiendo menos y estoy en general más confuso. Como perplejo.

Pero esa perplejidad es buena. Se parece bastante a la curiosidad y puede que sea un remedio (al menos para mí, que da la impresión de que no encuentro otro mucho mejor) contra el desánimo; ese desánimo del y todo esto para qué que tanta lata me da.

Durante muchos, demasiados años me he visto en la vida tomando impulso. Siempre tomando impulso, no sabía bien para qué; pero para algo que valdría la pena. Hasta que comprendí o creí comprender que hacía tiempo que tenía que haber saltado. Y no salté. Tal vez haya ido, siempre, avanzando a pequeños pasos, pero nunca salté.

Ahora estoy sorprendido, maravillado con la vida. No porque sea una maravilla exactamente, sino por asombrosa. En mis mejores momentos, me parece una promesa infinita (en los malos, ya saben, vuelvo al y todo esto para qué).

Pero a la vez me da la impresión de que hay tantas posibilidades que no escojo ninguna, que las miro, que veo todo y no sé qué hacer. No es desagradable, ni del todo negativo, pero sí algo chocante: estoy caminando nervioso, algo impaciente, dando pasitos y abriendo y cerrando las manos, como permanentemente a punto de echar a volar.


31.5.13

Today's my birthday

Así es.

34 añitos... Uy, se me han movido las cifras: 43.

Para los matemáticos debe de ser un número guay, porque es primo, pero a mí el 43 no me parece muy bonito, la verdad. Lo que espero es que este año, el año de vida que empiezo hoy, sí lo sea: que sea un año precioso.

Y me da la impresión de que, imponderables aparte, yo voy a tener algo que ver con que el deseo se cumpla.

Así que manos a la obra. Que el tiempo pasa.

Besos y abrazos a todos, que tantas cosas buenas me dais.


7.5.13

Hemingway: Cuentos

Qué se va a decir de Hemingway, a estas alturas.

Sabe Dios cuántos posts sobre libros he empezado diciendo eso.

Poco leo; solo el catálogo de IKEA, una y otra vez . Pero aun así estoy a punto de acabar este volumen de cuentos.

No solo me han gustado mucho, sino que me han impresionado. Yo, en realidad, aparte de El viejo y el mar y algún relato suelto, no había leído nada de él. Ahora dicen que sus novelas no son gran cosa, que lo valioso son sus relatos; no lo sé. Pero, como seguro que alguno de ustedes está en mi caso, aprovecho: lean sus cuentos.

No voy a repetirme diciendo lo que influirá la traducción. A mí me parece que lo hace, y mucho. A veces el lenguaje me parece tan raro que no puedo evitar achacarlo a eso, a un mal traductor. Pero bueno, eso, que no quiero volver con el sempiterno debate.

Mientras los leía, estas semanas, he pensado qué era lo que hacía especiales estos relatos. Por qué me estaban calando tanto, independientemente de que el tema fuese conmigo o no (por cierto, ha sido chocante leer por primera vez relatos sobre toreros, en los que también por primera vez se contaba qué piensa, qué siente, qué mira un torero antes y durante la corrida, y que sean obra de un norteamericano; me han parecido muy interesantes). Y creo que es por lo absolutamente creíbles que son.

Hay veces en que uno lee un relato magnífico sin dejar de saber que se trata de un relato. Muchas veces. En los casos extremos, uno puede estar ante un ejercicio técnico que a mí, personalmente, no me dice nada; pero aunque no se llegue a eso, hay buenos relatos (y malos muchos más, claro) que no nos permiten olvidarlo. Con estos, en cambio, creo que no he sentido eso nunca (se me viene una sola excepción a la cabeza; un relato, por lo demás, buenísimo): todo era de verdad, todas las historias eran ciertas y alguien me las estaba contando, todas las situaciones eran reales y alguien me las describía. Todo era cierto.

¿Es, digamos, menos literatura, entonces? Claro que no; todo lo contrario. Es tan buena literatura que consigue eso; consigue ponerte la vida delante, en unas páginas; de tal manera que llega un momento que incluso aunque el tema ni te vaya ni te venga lo que estás haciendo es algo excepcional. Es la literatura llegando al fondo, alcanzando lo que en mi opinión (y como ya he repetido mil veces) es su mayor logro: enseñarte otra vida, una vida, la vida, y hacértela vivir más.

Lo cual siempre está bien.

La vida sigue, esa y la otra, todas. Y estoy tratando de que siga bien. Es importante intentarlo, pararse a cuidarla.




24.4.13

Carlos me coñea

- Papi, yo no quiero irme de esta casa.
- ¿Por qué?
- Porque tengo mucho recuerdos. Es verdad que todos malos, pero recuerdos al fin y al cabo.

8.4.13

Detrás de los cristales

Sigue lloviendo.

Yo soy el pesado que repite que a él no le importa la lluvia. O que, molestar, le puede molestar algo para el día a día, pero anímicamente le es indiferente. Es más, tengo la impresión de que incluso me sienta bien. Tal vez si hiciese un recuento descubriría que estoy en un error, pero juraría que la forma de desánimo más habitual en mí, consistente en el vacío de todo esto, para qué, suele atacarme con el buen tiempo, con el sol. La lluvia, en cambio, es como si me atara a la tierra, me exigiera una atención que me hiciese más físico, más animal, menos abstracto, menos mental.

El caso es que llueve y el cielo, con varias capas de gris superpuestas, promete cualquier cosa menos que escampe.

La vida sigue, también. Con algunas tristezas íntimas, con un fondo de preocupación general, social, que a pesar de no querer mirar mucho (mal hecho) sé justificado, pero también con alguna nueva ilusión y, sobre todo, con las alegrías cotidianas que no deberíamos nunca dejar de apreciar, porque, como a estas alturas ya sabemos, son ellas las que dan sentido a la vida.