Un provinciano en Madrid, 2009: cuadros, prostitución y cine
1.
No sé si les suena el Prado, el museo...
Está muy bien.
Yo fui ayer.
Entré por el edificio nuevo, el añadido, que me gustó mucho. Y una vez dentro me dirigí como una bala hacia mi principal objetivo, el polo de atracción de éste y cualquier gran museo: la tienda. Eché un vistazo, elegí lo que compraría al salir, y ya después fui a la exposición.
No a la de Bacon, sino a la permanente. Hacía demasiados años que no iba al Prado, como para no ir a ver lo principal.
Estuve dos horas y media, y no me llegaron a nada y a la vez salí saturado. No hay manera de ver con calma ni la cuarta parte del museo, en ese tiempo, y aun así uno ve tanto que al final es incapaz (yo al menos lo soy) de asimilarlo. Acaba pasando a toda velocidad por delante de los cuadros: ¡Anda, el caballero de la mano en el pecho! Y ahí la fragua de Vulcano; ¡y esa sala estaba llena del Greco...! Y es una pena.
Supongo que lo ideal es vivir aquí y venir a menudo, y dedicar cada visita a un par de salas como mucho, o a un par de cuadros. Pero no pienso venir a vivir aquí.
Yo de pintura no tengo ni idea, y se lo voy a demostrar:
- La pintura anterior al Barroco me aburre bastante; la sacra sobre todo (y mucho más no hay, al menos en España).
- La pintura de los clásicos españoles me parece alucinante técnicamente, algo increíble, pero me hace entender por qué es necesario que el arte busque nuevas formas de expresión.
- Goya me desconcierta, sobre todo por las caras que pinta: les juro que, salvo si son realeza o Grandes de España, en las que se ve que se paraba más, no me gustan nada. No sé, a lo mejor la gente era así. Ayer vi un cuadro de una familia amiga suya, de los conde-duques de algo, y ella parecía un galgo afgano al que le hubiesen hecho la permanente, y los niños eran idóneos para aparecer al final de un largo pasillo en una película de terror.
- Casi nadie sabía pintar niños. Pintaban adultos pequeñitos, y no muy jóvenes. Y pintar pintaban genial, así que yo deduzco que es que no veían niños nunca.
- Que las tres Gracias hoy serían consideradas obesas es sabido. Pero lo que quizá no sepan es que la de la izquierda la pintó, Rubens, usando como modelo a su esposa ¡de 16 años! (Él tenía 62, el muy...)
- Volviendo a Goya: la cara de las majas (desnuda y vestida, pero sobre todo la de la vestida) siempre me habían parecido grotescas. Pero es que ayer, fijándome bien, no daba crédito, no podía entender cómo alguien capaz de pintar ese cuerpo (el desnudo) había hecho ese rostro. Hasta que mi guía de audio me aclaró, para alivio mío, que efectivamente la intención de don Francisco era que pareciese una máscara.
- Velázquez fue un genio.
- Con ambos en línea, tiene mayor poder de atracción un buen culo que Las meninas. Aunque en eso influye que el culo se puede ir en cualquier momento, y en cambio el cuadro sabemos que de allí no se mueve.
- Había por lo menos el doble de mujeres que de hombres, en el Prado. Que cada uno saque la conclusión que quiera.
- Casi, casi, de todo lo que vi ayer, me quedo con Ribera.
En fin, que el Prado es algo grandioso, un verdadero tesoro.
2.
Ayer quedé con Cal en la boca de metro de Gran Vía, de donde nace la calle Montera. Y me hizo esperar taaaaanto que tuve tiempo para mirar y mirar.
Una chica vino a ofrecerme sus servicios; y claro, estuve tanto tiempo allí que no se creía que no quisiese algo, y volvía una y otra vez. Al final, como yo tenía los brazos cruzados, para hablarme se apoyaba en ellos.
Pero si en un momento de estupidez uno sonríe, en cuanto ve al primer viejo acercárseles y llevárselas se acuerda de lo sórdido y triste que es todo.
3.
Hoy he visto Revolutionary Road, con Di Caprio y Kate Winslet de protagonistas.
Me ha encantado. Di Caprio lo hace francamente bien, y ella está, en mi opinión, maravillosa; creo que hace un papel extraordinario.
Por cierto, Di Caprio se supone que es un guapo oficial, ¿no? ¿Y no les parece que tiene la cara cortísima, casi triangular?
La película habla de la incapacidad para salirse de la inercia. De alguien que no tiene el valor suficiente (y siempre hay razones para el miedo) para hacer lo que quiere y se conforma con una vida que considera una mierda, vacía. Y va viendo cómo su ilusión, que parecía estar a su alcance, se va alejando cada vez más. Es la historia de un fracaso por cobardía. De un fracaso y de todas las estratagemas que usamos para tratar de negarlo y engañarnos. Y de cómo todo se va envenenando. Todo. Y lo triste que es.
Hay historias de fracasos diferentes; incluso la del contrario, no saber ver lo que uno tiene. Y se podrían contar, y serían verdad. Pero se ha contado ésta, que es al menos tan cierta como las otras.

