10.3.19

Una suerte de revelación


Publicado en el suplemento cultural Táboa Redonda del domingo 03.03.2019



Una oveja lejos del hogar


Publicado en el suplemento cultural Táboa Redonda del domingo 24.02.2019



Leer con ganas




Publicado en el suplemento cultural Táboa Redonda del domingo 17.02.2019


¡A la hoguera!

[Publicado en el suplemento cultural Táboa Redonda del domingo 10.02.2019]


¡A la hoguera!




"Escribía Manuel de Lorenzo hace unos días una columna en la que defendía por qué, en su opinión, la obra de un artista puede, y debe, ser valorada con independencia del juicio que la persona nos merezca. Y ponía numerosos ejemplos: Celine, Polanski, Lovecraft o Caravaggio. Y los que no sospecharemos, añado yo.

Y hacía un comentario sobre las últimas acusaciones, de nuevo, a Woody Allen. Acusaciones que le han valido la condena generalizada de, por así decirlo, Hollywood: actrices que repudian el haber trabajado con él, o que prometen donar sus ingresos por películas suyas a fundaciones que ayuden a víctimas de abusos, por ejemplo. A pesar de que esas acusaciones no hayan sido nunca probadas. Es más, a pesar de que ya lo hayan juzgado en dos ocasiones y nunca haya sido condenado, como explicaba muy bien Robert Weide hace hoy cinco años en “Diez cosas que no sabes sobre el caso Woody Allen”.

Yo no sé si mi director favorito es un pederasta. Y no me da igual; porque, aunque básicamente estoy de acuerdo con Manuel, me resultaría imposible obviar ese dato, si fuese cierto. Lo que sí sé es que, a pesar de las constantes acusaciones y de la fuerza de la parte contraria, W. A. no es, para la justicia, culpable de nada. Y también sé que eso parece no importar.

Las épocas en que acusar equivalía a condenar, en que llegaba con señalar y llegaba con creérselo, han sido numerosas: las brujas con la Inquisición, las otras brujas con McCarthy, los conversos españoles, los judíos ante los nazis, los antisoviéticos en la URSS de Stalin, etc. Y fueron siempre épocas terribles, dominadas por el miedo y la sinrazón. Aunque en todas y cada una de ellas quienes las provocaban no dudasen de que hacían el bien.

Me repito, pero ya lo describió perfectamente Philiph Roth en “La mancha humana”: una cita literaria de un profesor es interpretada como un comentario racista y la desgracia cae sobre él, que pierde su empleo y el respeto de la comunidad. Pero donde hace hincapié Roth no es en quienes actúan desde la maldad o la estupidez, sino en quienes (colegas, jefes, amigos), aun sabiendo que todo ha sido un error, se callan para no tener problemas, para no llamar la atención de los linchadores.

Porque de eso se trata, de linchamientos. En nombre de la justicia, como siempre. Linchamientos basados en la respuesta inmediata a informaciones sesgadas o falsas, y espoleados por las redes sociales. Linchamientos contra los que casi nadie se atreve a alzar la voz, por miedo a resultar sospechoso.

Afortunadamente, hoy en día ya no es tan fácil encontrar un árbol y una buena soga."

8.2.19

Mallo y la artritis

[Publicado en el suplemento cultural Táboa Redonda del domingo 03.02.19]


MALLO Y LA ARTRITIS



"ESTOY LEYENDO en un taburete del vagón cafetería. Llega una mujer de unos cincuenta y pico, a la que hace un rato he visto dudar de cuál era su plaza y en qué clase viajaba, se sienta a mi lado y pide un rioja. Le ponen un botellín y un vaso de plástico. Se sirve un poco y bebe mirando fijamente a la oscuridad que corre tras la ventana de enfrente. Tiene las manos muy deformadas por la artritis. Cuando al cabo de un rato vuelvo a mirar para ella me doy cuenta de que está llorando.
El libro es Trilogía de la guerra (Seix Barral), de Agustín Fernández Mallo. Hace ya años que leí su otra trilogía, el famoso proyecto Nocilla, y me interesó y me gustó —que no es lo mismo—. Fernández Mallo es un científico que escribe; es más: es un físico poeta. Y eso se nota y crea una combinación muy atractiva. Ya lo dice mi amigo Javi, que es ingeniero y filólogo y defiende, desde siempre, que la separación entre ciencias y humanidades es artificial y absurda y nos está haciendo un flaco favor. En este caso, a mí me da la impresión de que la literatura, a lo largo de todo el libro, traspasa la barrera tácita que suele respetar, y es como si de repente pudiese abarcar mucho más. Cuando leo a Javi me pasa lo mismo: hay más posibilidades."

Que merezca la pena

[Publicado en el suplemento cultural Táboa Redonda del domingo 27.01.19]



QUE MEREZCA LA PENA




"EN LA UTILIDAD de lo inútil —Acantilado, dónde si no—, el profesor italiano Nuccio Ordine trata de hacer ver lo discutible que es el criterio que actualmente se impone a la hora de clasificar los conocimientos en útiles e inútiles.
Explica hasta qué punto el enfoque pragmático actual, eminentemente económico, se equivoca al identificar qué es importante y qué no. Como profesor que es, centra parte de su crítica en la enseñanza, que no solo en su etapa universitaria sino ya en la secundaria presume de orientarse cada vez más hacia el mercado laboral; con lo que eso supone de menoscabo de la amplitud de la formación básica y lo que tiene de puntilla para la depauperada capacidad investigadora de nuestro mundo académico. Pero no se queda ahí Ordine y sigue insistiendo en que, en general, lo teóricamente superfluo puede acabar siendo lo que haga que nuestra vida valga la pena. Los ejemplos son tantos y tan variados que no tiene demasiado sentido enumerarlos, pero él, como cabía esperar tratándose de un filólogo y un amante de la literatura, piensa sobre todo en el arte, en el placer estético, el conocimiento por sí mismo y en la posibilidad de dotar a la vida, si no de un sentido, al menos de cierta consciencia.
Cuenta que, en plena Guerra Fría, una comisión del Senado estadounidense evaluaba la financiación de un proyecto científico y, en un momento de las conversaciones, un senador, harto ya, le preguntó al director cómo contribuiría aquello a mejorar la defensa nacional. La respuesta fue maravillosa: "Este proyecto no mejorará en nada la defensa de la nación, pero contribuirá a que la nación merezca ser defendida".


En un café

[Publicado en el suplemento cultural Táboa Redonda del domingo 20.01.19]

EN UN CAFÉ

"NO VOY A HABLAR del libro de relatos de Mary Lavin, editado por Errata Naturae y que les recomiendo, sino del domingo pasado por la mañana.
A nuestro lado hay una pareja de nuestra edad que tiene una conversación tan coñazo que no puedo evitar pensar que están juntos porque solo ellos se aguantan. Y me alegro, por ellos y por las dos personas que en algún lugar del mundo no saben de lo que se han librado. Sin embargo, en la mesa siguiente hay otra, algo mayor ya, extraordinaria. Porque los dos usan sombrero y porque parece que, a pesar de todo el tiempo que llevan juntos, se caen bien y se interesan. 
Otra pareja más joven acaba de encontrarse. Ella se ha retrasado un poco. Son solo amigos pero él es todo aspavientos, efusividad y gestos de autoafirmación, y con sus bromas y su lenguaje corporal podría parecer seguro si no supiésemos todos que no tiene nada que hacer, porque ella le saca una cabeza. Más allá, un matrimonio de ancianos lee a la vez el periódico, sentados hombro con hombro e inclinados sobre la mesa. Ella va siguiendo las líneas con el dedo, para los dos."

¿Quién me quiere a mííí?


[Publicado en el suplemento cultural Táboa Redonda del domingo 13.01.19]

¿QUIÉN ME QUIERE A MÍÍÍ?

"SI TUVIERA que destacar una sola razón por la que las Navidades han resultado tan buenas, creo que diría que porque durante estos días nuestra casa me ha parecido un hogar. No es la primera vez, naturalmente, que me siento a gusto en ella, pero estas semanas nos he visto, a nosotros, más unidos, más familia que nunca. Y es muy importante, claro. Falta camino por andar y no sé cómo de lejos llegaremos, pero las entradas y salidas de estos días, los desayunos, las películas de por la noche, dormir y Nochebuena y Nochevieja han sido mejores.
Los Reyes fueron el colofón y volvieron a venir cargados de libros. Entre otros, The Jewish Century (Princeton University Press), de Yuri Slezkine y recomendado por mi habitual colega de página Javier Nogueira; Física de la tristeza (Fulgencio Pimentel), de Gospodinov, una joya búlgara de la que jamás había oído hablar; una recopilación de todos los cuentos de Carver, en una edición preciosa de Anagrama Compendium —hay que ver qué colecciones más bonitas tienen algunas editoriales clásicas, como esta o como Austral Singular—, o Trieste o el sentido de ninguna parte (Gallo Nero), de Jan Morris, que no sé muy bien qué cuenta pero que con ese título tan maravilloso tuve que pedirlo. Algo bueno tiene que salir de esas lecturas.
Pero, entre celebración y celebración, a lo largo de los días fui pensando qué cosa tan rara es eso de quererse. De qué depende, por qué sale bien o mal, o por qué a veces ni siquiera sabemos si es verdad. Parece mentira que algo tan fundamental y determinante en nuestras vidas pueda llegar a ser no solo incontrolable sino incomprensible."

En todas partes


[Publicado en el suplemento cultural Táboa Redonda del domingo 06.01.19]



EN TODAS PARTES

"EL OTRO DÍA mi hija me contaba que una compañera suya de clase decía que Love Actually era una tontería superficial, un montón de estereotipos ridículos. Está claro que la niña, de quince años, apunta maneras y además sabe escuchar a sus mayores; pero a mí me dio la oportunidad de explicarle a Paula que, igual que es de tontos no analizar nada, también lo es analizar de más, y que no se puede ir siempre con las gafas de intelectual puestas. Que hay que relajarse un poco, de vez en cuando.
A mí no solo me gusta Love Actually sino que me atrevo a afirmar que los de mi generación, con ella, hemos asistido a la aparición de un clásico del cine; o al menos del cine navideño. Y ayer nos volvimos a relajar y la volvimos a ver. Y me volvió encantar. Sobre todo las historias de Billy Mack, el abuelo del rock, Karen y su crisis conyugal, Jamie y su romance portugués y, por supuesto, don Hugh, que qué bien hace siempre ese papel que siempre hace.
Para compensar, esta semana hemos visto el documental La teoría sueca del amor, que sostiene que el gran propósito que la Suecia de Olof Palme se marcó a finales de los 70, consistente en lograr las plenas independencia y autonomía personales de todo ciudadano, ha generado, cuarenta años después, una sociedad de individuos aislados, con escasas y pobres relaciones íntimas. Una sociedad en la que la mitad de los adultos viven solos y que tiene una agencia estatal dedicada a localizar a las familias de todas las personas que mueren sin nadie a su lado. Asegura que aquella independencia, teóricamente de lo más deseable y planteada a un mismo tiempo como objetivo de desarrollo socioeconómico —el Estado como proveedor de toda necesidad material— y cultural —ninguna relación personal condicionada por ningún tipo de dependencia, sino basada en una absoluta libertad de decisión—, ha creado una sociedad aquejada de un enorme problema de soledad.

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30.12.18

Un ukelele y la fotosíntesis



Publicado en el suplemento cultural Táboa Redonda del domingo 30.12.18

Un ukelele y la fotosíntesis




"Un chico y una chica se encuentran de casualidad en el andén y se saludan. Se gustan. Entran juntos en el vagón y van hablando de pie todo el viaje. Tienen treinta y pocos y son guapos: ella, de pelo castaño y pecas, risueña; él, moreno, de barba pero no muy hípster, con cara de buen tío y atractivo. A mi lado, de pie, un señor mayor lee una revista. El artículo dice que el desierto es una buena imagen del alma humana dispuesta a recibir a Jesucristo; y él subraya, apoyándose en la barra vertical, con rotulador fluorescente amarillo, las palabras “bautismo de conversión”. Habla más el chico, con seguridad y amabilidad al mismo tiempo, y ella no deja de mirarlo sonriendo, sin perderse un solo gesto. A él, ella le gusta, pero dentro de lo asumible; a ella, en cambio, él le gusta bastante, más que su novio, me temo. Al final, con el traqueteo, al señor se le tuerce un poco la raya. Cuando me bajo los dos siguen mirándose desde arriba y desde abajo, todo lo cerca que pueden sin sentirse declaradamente infieles.

Al día siguiente, en el autobús, en el asiento de delante dos señoras de pelo corto y canoso, con gafas, van hablando. La mayor le cuenta a la otra que en clase de huerto les va enseñando a los niños los tomates, los calabacines, un caracol o una tela de araña llena de gotas de rocío y, con cada cosa, añade un “Alabado sea el Señor”. Nada más, explica, sin más comentarios, eso ya llega, ya lo dice todo.

Hemos marcado un punto de inflexión en nuestro camino a la madurez: por primera vez hemos sido anfitriones en Nochebuena. De nuestros padres, además. Tras los nervios y a pesar del trabajo previo, me ha gustado. A priori, habría firmado un resultado para esa noche más modesto que como resultó todo, así que estoy encantado. Incluso no descartamos repetir.

Mi hijo les pide a los Reyes un ukelele y dice que su propósito para el año nuevo es hacer la fotosíntesis. Que sería perfecto: inhalar dióxido de carbono –que además cada vez hay más, dice- y expulsar oxígeno, para el bien de todos, y después, de noche, respirar su propio oxígeno. Y que viviría mucho más. Que cómo puede hacer para tener clorofila. Yo le digo que tome muchos chicles, a ver si así.

Mi hija va, en dos días, a su primer baile: me da vértigo pero me alegro muchísimo por ella, que es tan buena y se merece tanto pasarlo bien y tener amigos que se la merezcan a ella.

Y todos estos decorados, actores y actores de reparto, u otros semejantes, tan variados, tan prometedores, nos están esperando este año que viene. Sáquenles provecho, porque ustedes son los protagonistas. Feliz 2019."

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