[A LLS, con cariño]
Un amigo me contaba hace unos días una conversación que había tenido con un compañero suyo, profesor de Historia del Arte. Éste decía que las obras de arte, para ser de fiar, tenían que tener, como mínimo, 500 años de antigüedad. Que algo más reciente no ofrecía garantía alguna, que uno no tenía manera de saber si era un valor sólido o flor de un día.
Lo cual, ya, no me digan que no está bien.
Pero no quedó ahí la cosa. Este hombre le aseguraba a mi amigo que muchos pintores ahora considerados intocables (y no hablaba de actuales, sino, entre otros, de Renoir y Delacroix), eran sólo una moda pasajera.
- Ya verás como en 200 años nadie habla de ellos.
- Hombre, muchas gracias, pero no sé, te veo un poco optimista, con lo de que ya veré dentro de 200 años.
- Ah, claro, que tú no eres creyente... -le contestó, con un gesto entre contrariado y resignado.
Y, después de decirle yo a mi amigo que podía estar contento, que por lo menos no le había respondido Ah, claro, que tú no eres creyente, tú no lo vas a ver..., comentamos que tiene que ser alucinante, ¿no? Que este tío realmente cree que dentro de 200 años, y de 2.000, él, de un modo u otro, va a seguir por aquí.
Y lo que deben de cambiar las cosas con ese colchón debajo. Vamos, es que se tiene que reír uno de todo. Qué perspectiva.
¿Cómo será la vida, con esa seguridad incomparable tranquilizándote?