19.6.12

Cruzarme conmigo

Estamos viendo estos días Life on Mars, una serie policiaca de la BBC que en la era pre-Wire habría sido de sobresaliente, y ahora de notable. En ella el protagonista vuelve a la Manchester de 1973, cuando él tenía 4 años.

En el capítulo de ayer, unos días después de haber conocido a su madre de joven, se cruza por la calle con él mismo, de niño, yendo con su padre a un partido de fútbol. Niño y adulto se quedan mirándose durante los pocos segundos que se ven; el niño, confuso por el aire familiar de aquel extraño, y él, todo lo impresionado y conmocionado que cabe esperar.

Y yo me quedé pensando qué sentiría en esa situación, si me viese, si me encontrase conmigo de pequeño.

Y la conclusión innegable es que me daría mucha pena, que ese encuentro me produciría una enorme tristeza.

La pregunta es por qué.

Hace un tiempo (sobre eso se pueden leer algunos posts pasados, aquí) habría dicho que la tristeza viene dada por la confrontación de aquel niño, de sus expectativas (de las expectativas que yo ahora pongo en él, mejor dicho), de sus posibilidades, de todo lo que podía ser, con la realidad actual, con lo que he conseguido, con lo que soy, con cómo estoy.

Ahora, en cambio (como también he dicho ya), hace tiempo que siento que esas dos imágenes (porque imágenes son, las dos mías y las dos de ahora) se han reconciliado; si no del todo, sí en gran parte, lo suficiente como para poder mirar atrás con tranquilidad y no del todo insatisfecho.

¿Entonces?

Ayer pensé que lo que me pasaba, lo que a pesar de todo sigue haciendo que esa situación ficticia me resulte triste, es que me daría pena no poder estar más con él/conmigo, que me daría pena verme y dejarme, porque me gustaría hablarme, pasar tiempo con aquel niño, conocerme otra vez; que me gustaría escucharme y atenderme. Que me echo de menos.


Querría no dejar la cosa ahí, sacar algo en limpio de este sentimiento. Y creo que se trata de lo más lógico: que lo escuche, que lo recuerde, que lo atienda, que me acerque a él y le haga caso.


***
[Añadido el 20.06.12]

La muerte también está aquí, claro. ¿Cómo no me di cuenta ayer?
El niño permite volver atrás, da más tiempo; incluso lo detiene. Aleja la muerte, en suma.

En cualquier caso, ¡me gustaría tanto hablar conmigo! ¡Tanto!


24 comentarios:

  1. doy la mano a ese niño

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  2. Hace unas semanas yo tuve una conversación con ese niño (con el mío, obviamente). Le decía que lo que más envidiaba era la fe con la que hacía todas las cosas y la fuerza con que las hacía, precisamente por esa fe. No estaba pensando en la fe como una virtud religiosa, aunque está claro que la religión tenía algo que ver, sino más bien de un sentimiento de arraigo, de tener un fundamento, unos cimientos sólidos del mundo de los que no dudaba, que hacían que me entregara, sin ninguna reserva, a la acción.

    Siendo mi elección existencial actual la contraria, de exaltación del valor de la duda y de sospecha sobre la solidez de la realidad, que me hace consciente de la construcción social (y psicológica) de la misma, pudiera parecer que en mi nostalgia por aquel niño pudiera haber un movimiento regresivo hacia la inocencia e ingenuidad, como refugio de las incertidumbres y sinsabores de mi vida de adulto. En cierto modo percibo esa puerilidad regresiva en muchos adultos. Pero ese no es mi caso.

    Entonces ¿qué?
    Pues que descubro una polaridad en mí a la que doy la bienvenida. No trato de conciliar eses opuestos con la razón: son irreconciliables por el principio de no contradicción. Sin embargo, los opuestos pueden dialogar. Estoy deseando escuchar con mucha atención al niño!

    Si llega a haber conciliación será en el plano inconsciente que es en el que realmente nos transformamos. Pero eso ya no depende de nosotros: es “deo concedente” Lo único que podemos hacer, para facilitarlo, es el mantenimiento de la tensión de los opuestos.

    (Lo de la tristeza daría para otro macro comentario, pero lo voy a dejar aquí).

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  3. Creo que con "esto", pero también con todas las demás cosas, deberías empezar a escribir.

    Un abrazo

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  4. Venga esa mano, Aroíña :)
    Ah, no, que no soy yo...

    Bueno, José Luis, no sé muy bien qué quieres decir ni (sobre todo) por qué. No sé bien a qué te refieres. Pero lo puedo suponer.
    Lo cierto es que cada vez tengo más ganas de escribir (y menos de estudiar; ¿o será al revés?).
    Y creo justificado darte las gracias.
    Otro.

    Taliesín, me encantaría otro macro comentario.
    En este hablas de ti, y solo de ti, ¿no?

    Esta mañana le decía a Filla, repitiéndome, que mi infancia era para mí, sobre todo, por un lado, la edad que recuerdo sin problemas; y por otro, la edad en la que ahora veo que todo era aún posible (luego llegó la edad en la que me defraudé).
    Mi infancia fue muy feliz.

    Y así empezamos el día, fíjense ustedes...
    Buongiorno.

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    1. Si claro. Asi fueron las cosas y así se las hemos contado. No hay literatura!
      Ya veremos lo del macro.

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    2. Me refería a poner en práctica lo que Amos Oz decía en la entrada del otro día. ¿Por qué? Porque deberías dar tu visión de la vida, del mundo, de manera completa, a través del libro. Creo.

      Un abrazo

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  5. Yo a veces hablo con la niña que fui cuando hablo con mis hijos.

    http://madredemarte.wordpress.com/

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  6. Cada vez que escribimos damos nuestra visión del mundo, sin duda. Como lo haces tú con tus fotografías, por ejemplo.
    Lo de hacerlo de manera completa ya me parece más difícil. Más bien veo la cosa como una sucesión y suma de aproximaciones, como un tanteo.
    Pero, lo dicho: cada vez tengo más ganas de escribir.

    Madre, pues fíjate que yo no, que no soy muy capaz. Cuando lo consigo es todo más fácil; pero demasiado a menudo me sorprendo haciendo casi lo contrario: hablar con ellos de adultos, o conmigo (o con algunas personas más) de adulto. Lo cual, mucho me temo, no es nada bueno.

    Un beso.

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  7. ¡Ay, sí! ¿quién podría resistirse a intentar darle un par de consejos a nuestro niño? Pero, en fin, ya sabemos que eso podría crear una paradoja peligrosísima.

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  8. Estaría bien hacerlo e ir observando cómo, sobre la marcha, nos vamos transformando, nos cambia la ropa, el cuerpo, o directamente hacemos "plof" y desaparecemos.

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  9. Yo a veces me recuerdo de aquella niña que pensaba mucho(demasiado para aquella edad), tambien recuerdo como vivia los conflictos internos, porque me di cuenta desde los 4 años que Papá era un hombre muy centrado en su profesion, y de Mamá no se hablaba en casa, y pensaba mil cosas, como que se murio o que estaba en un lugar desconocido, como en otro planeta, y cuando fui mas grande(6 o 7 años) y me atrevi a preguntar, me hicieron callar sin darme explicaciones y como siempre fui muy vehemente, fui buscando las respuestas por mi misma, hasta que un dia encontre una foto de Mamá y de Papá, cuando se casaron y me quede mas tranquila, por fin habia comprobado que nadie me recojio de la basura o de un orfanato y era parte de ellos...

    Recuerdo aquella noche en que mirando la habitacion, sonreia como si me hubiese comido una caja de bombones, porque al fin y al cabo podia tener la conviccion de pedir una explicacion y asi fue que le dije a mi tio Ben que me dijiese porque yo no estaba con Papá y Mamá y el me conto que mis padres se separaron y fue una separacion dolorosa y que Papá se quedo conmigo, porque Mamá tenia que terminar sus estudios de medicina y que no podia verme porque las leyes judias de divorcio le habian quitado sus derechos, luego ella marcho a Sudamerica a hacer un estudio sobre enfermedades infantiles infectocontagiosas y estaba en el confin del mundo...

    Desde aquella verdad, en mi mente de niña siempre me apegue a ese imagen que no tenia de ella, pero me la inventaba, le escribia cartas que guardaba en un sotano secreto de la casa, en una caja de galletas que me habia regalado mi abuela y ese recuerdo invivido de la imagen materna me daba fuerza, cuando yo las necesitaba, y tenia miedo de pensar que no la conoceria, que tendria que esperar a ser mayor, tenia miedo que ella se olvidase de mi...

    Tengo la imagen latente de aquella niña (yo) que fui, de lo que hacia, a lo que jugaba y de esa capacidad que aun reconozco en mi de arriesgarme, aun asi lo perdiese todo.

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  10. Tu historia, Ro, no deja de asombrarme.
    Cómo será la relación de una madre y una hija, vuesta relación, tras ese principio.

    Me encantaría verla.

    Un beso.

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  11. No soy de comentarios tan sesudos. Hace tiempo escribí un post similar al tuyo, Porto, ¿qué me diría si me pudiera llamar desde el pasado? Desde luego un montón de cosas, pero sobre todo -lo dije allí- luchar sin descanso por lo que quiero, ser valiente y no darle tantas vueltas a las cosas.

    :-)

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  12. No recordaba ese post tuyo. Creo que de las primeras cosas que me diría sería también esa: intenta hacer lo que quieres, lo que te gusta.

    Anyway... En este post me he centrado, creo yo, en la parte afectiva, sentimental del encuentro.

    Un beso, Caliña.

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  13. “Querría no dejar la cosa ahí, sacar algo en limpio de este sentimiento. Y creo que se trata de lo más lógico: que lo escuche, que lo recuerde, que lo atienda, que me acerque a él y le haga caso.”

    Lo más lógico? Pero cuál es esa lógica?

    Nos cuentas que en la relación con el niño pasaste de la confrontación a la reconciliación. Lo lógico sería que, una vez que aconteció la reconciliación, la necesidad de seguir manteniendo el contacto con el niño, hubiera quedado satisfecha. Pero no. No quedó satisfecha porque sigue la tristeza que se ha convertido, a estas alturas, en el hilo conductor de una (psico) lógica que nos informa de una pérdida. Y tú, digámoslo así para no cerrar nuevas posibilidades heurísticas, “haces la hipótesis” de que ese sentimiento de pérdida no puede ser otro que la derivada del contacto estrecho con el niño.

    Vale, pero para qué, si ya tenemos la reconciliación?

    Me permito abrir otra vía heurística: ¿y si la tristeza es una memoria del niño, de aquel momento, o de aquella etapa, en la que sintió que había perdido, o estaba perdiendo, X, iniciando el camino inexorable hacia el adulto que somos?

    Hipotesis, tan solo hipotesis!

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  14. Es posible que a lo que te refieres con la primera frase entrecomillada, se me ocurre ahora, sea la tristeza y no el niño, en cuyo caso solo te sirve la segunda parte del comentario.

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  15. Hay algo animal en el mundo vivido del niño. Funciona el instinto, motor de los juegos, a través de los cuales podemos intuir un sentido inmanente a la acción lúdica y gratuita que no obedece a un plan.

    Llega un tiempo en que el plan se va instalando, hasta imponerse, a nuestra consciencia; nos sentimos obligados a diseñarlo y en el colmo de la impostura, reconocer que el plan es nuestro, que lo deseamos como camino para nuestros pasos. Esto sería impòsible si no se hubiera frustrado, antes, el pulso que nos marcaba el ritmo de nuestro movimiento en el mundo de la vida y sin un intenso adoctrinamiento. Cuando hablo de memoria de la pérdida me refiero exactamente a ésto.

    El sentimiento de arraigo en nuestro actuar, al que yo llamaba fe, va desapariciendo y es sustituido por la necesidad de un plan, que requiere otra fe, distinta de la anterior. Fe en todas las justificaciones, ideológicas, para entregarnos a todo aquello que estamos proyectando hacia el futuro, fe en la realidad cuyo sentido es la muerte.

    Lo que nos ofrece el sistema social, el régimen del estado, es futuro. Normalmente lo adjetiva como un futuro mejor, que remite a una posición social más acomodada. Pero a nadie, que conserve un poco de instinto, se le escapa que el futuro que ofrecen, es la Muerte. Al instalar el ideal de futuro en nuestra existencia, eliminando el movimiento espontáneo de la vida, nos inoculan con el sentimiento de lo que nos espera, a todos sin diferencia, en el futuro. El sentido ya no es el vivir mismo, el juego de vivir, sino que es la Muerte, el final del juego.

    De lo que dudo, como adulto es del plan y todas sus justificaciones sociales. Lo que anhelo, con tristeza, es la fe de una vida espóntanea: mi niño!

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  16. Dos cosicas: no se puede hablar de pre y post The Wire, porque se nos estropearía el caldo de la diversión. The Wire es un caso aparte, una serie fuera de concurso. No admite comparaciones.

    Recuperé a ese niño, que tiene su sección en alguna parte del cerebro, cuando acabé mi época de adulto responsable. Pero decir "recuperé" es falso; más bien nos reencontramos y podemos dialogar. No fue feliz, pero de todos los "cortes periódicos" que puedo hacer de mi vida, es el "yo" más valiente.

    No hay conflictos interpersonales.

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  17. El niño ha muerto ya, sólo a veces puedes ver su fantasma cuando le haces castillos en la arena a algún infante...

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  18. Tienes razón, T.: no hay tal reconciliación, o no es completa, si sigo viendo esa distancia. Y la veo, claro; de lo contrario no lo echaría de menos.
    El sentimiento de pérdida con la madurez (ejem) está claro. Sabes que he escrito más veces sobre él, y además creo habértelo explicado. Siempre lo he resumido como la pérdida de las posibilidades, como su reducción empobrecedora.
    Esto es lo que digo que mejoró, que ha mejorado en los últimos años. De lo cual deduzco que, además de la eliminación de opciones, influía mucho la insatisfacción con las finalmente elegidas; como era de suponer.

    Al final, se trata de dos cosas: yo quiero ser feliz, y de niño lo era y todavía podía serlo toda la vida. Luego, ya comencé a no serlo tanto, y a ver que esa posibilidad se alejaba, al menos en parte. Ahora la sensación es mejor o peor dependiendo de cómo estoy.

    Siempre temí mirar atrás y sentir que había desaprovechado la vida.

    Etc.

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  19. Recuerdo que cuando era pequeña un señor mayor me dijo que disfrutase, que estaba en lo mejor de la vida.Yo me quedé pensando que bueno,si lo decía él ,sería cierto.Así que al día siguiente le dije a una amiga que teníamos que disfrutar porque estábamos en el mejor momento de nuestra vida.Pero yo no era realmente consciente de ello.Por eso valoro los momentos felices de adulta, porque, aunque sean menos, son conscientes.Valoro también la fortaleza que da el enfrentarse a los problemas e ir superándolos,es decir ,lo que vamos aprendiendo.Es cierto que vamos perdiendo cosas pero también ganamos otras.
    Quizás por todo esto no siento tanta añoranza de esa niña o quizás es que para mi no ha muerto.Todavía la siento disfrutar del día a día , todavía conserva ilusiones,todavía soy un poco niña aunque haya dejado la inocencia en el camino.
    Tengo la sensación de que hay muchas vidas dentro de la vida y que ésta es un libro donde se escribe una página cada día y donde todas las páginas son importantes.No siento que vaya hacia la muerte, simplemente siento que estoy escribiendo mi libro.
    Portorosa te queda mucho por "escribir".
    B.

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  20. Me parece muy optimista, muy ilusionante, la idea del libro, B. Gracias.

    Esto, valoro los momentos felices de adulta, porque, aunque sean menos, son conscientes, también me convence mucho.

    Un beso.

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  21. No se muy bien como he llegado hasta aquí, pero lo que has escrito era justo lo que necesitaba leer hoy.
    Necesito pensar sobre eso, pero también necesitaba una persona que le diera forma a ese pensamiento.

    Millones de gracias.

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  22. Pues me alegro mucho, Beatriz.
    Gracias a ti.

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