22.4.08

Puertas que quedaron cerradas

Leyendo a Danae he sabido por primera vez de Jens Peter Jacobsen. Y en la fantástica El poder de la palabra he encontrado este texto:

El sol, a punto de ponerse, brillaba rojo a través de la ventana. Niels Lyhne estaba sentado delante con la mirada perdida entre los olmos del baluarte, oscuros como el bronce contra el fuego de las nubes. ¿Nunca has oído hablar de gente sobrada de talento en su juventud, fresca y llena de esperanzas y de planes, que al perderla también pierde el talento para siempre?

Jens Peter Jacobsen, Niels Lyhne


Y yo, que me suelo preguntar si alguna vez he tenido talento, me he visto reflejado en él, aunque en un tono menor: con la pérdida de la juventud creo haber perdido también, junto con tantas otras, la posibilidad del talento.

Sé que ésta es una actitud pesimista, o derrotista, o conformista, o cómoda o cobarde. Porque estoy vivo, y eso deja en mis manos la responsabilidad de vivir. Pero esa sensación de haber dejado atrás puertas sin abrir es a menudo difícil de evitar.

Esas puertas podían haberme descubierto tesoros, como podían no haberme conducido a nada, a habitaciones vacías, a otros caminos grises. La cuestión es que, al no haberlas abierto, no lo sé. Al no abrirlas me negué, eso, las posibilidades.

Viví menos.

Lo mínimo que puedo hacer ahora es aprender de mis errores y no volver a pasar junto a una puerta interesante sin atreverme a mirar, no volver a dar por sentado que lo que hay detrás no es para mí.

46 comentarios:

  1. Cómo? con lo bien (y acertado) que estás escribiendo ultimamente esa actitud derrotista está prohibida!
    He dicho.
    Y besos.

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  2. gracias por recordarme que ya no soy tan joven
    :(

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  3. Oye Porto,

    llevo leyéndote años. Años lo que se dice literalmente años (tuve otros nicks, aunque me dijiste que tu me sabrías encontrar aún debajo tierra)

    Y si algo te mitificaría es el talento que te gastas y al mismo tiempo la constancia de la que te caracterizas, que eso es de tener talento.
    Hemos visto a tus nenes crecer contigo, a tus viajes a Madrid, a todo y mucho más que me llevaría media vida describir, y no es plan tampoco. Pero tu tienes no talento no, es TA-LEN-TA-ZO.

    Y sino, a ver quien es el bonito/a que diga lo contrario???

    Es un placer leerte,

    un saludo

    ;)

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  4. ¿? Supongo que las puertas que quedaron cerradas, bien cerradas están para que de esa manera no tenga usted la necesidad de mirar atrás, por si acaso, pues las puertas que le quedan por abrir, considero visto lo visto, conducen a un salón enorme con las mejores vistas, y esas vistas son a la montaña más alta, y así continuamente, porque su talento no sólo no tiene fin, sino que crece y crece cada día, pues se reviste con el paso del tiempo de nuevas experiencias, de sentimientos y sensaciones nuevas como los que le transmiten sus hijos al verlos crecer, como el entierro de un conocido al que desea dar su último adios con su presencia, como el hallazgo de nuevas lecturas como ésta que encontro hace un par de días.
    Aun así es bueno cuestionarse los talentos de uno alguna que otra vez, significa que estás vivo, es el miedo al paso del tiempo y a lo que creemos perdido.
    Que pase usted buen día sea o no creativo

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  5. Buenos días.

    ¡Bueno, qué inyección de moral! (menos Celia, claro, Celia siempre igual... :P )

    Muchas gracias, sois verdaderamente amables. Yo tengo muchas más dudas sobre mí que vosotras, la verdad (y así debe ser, creo yo), pero me sienta muy bien recibir esos halagos.

    Ah, Coblenza, te reconozco por la foto :)

    Besos.

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  6. Sí, no hay peor arrepentimiento que el de las cosas no realizadas, de las oportunidades perdidas, ya sea por prudencia, temor, etc.
    Soy todo un experto en la materia.

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  7. Sabia filosofía, pero cuidado dentro de algunos armarios hay sólo monstruos. Creo que lo bueno no es abrirlas para conseguir algo, sino el simplemente abrirlas como proceso y desde luego nunca preocuparse de las que no has abierto, simplemente como humanos no podemos ser omnipresentes. Yo creo que no debieras preocuparte tanto por lo que no has sido, ni nunca (así en futuro pretérito inexistente) serás. Como Portorrosa tienes suficiente para sentirte orgulloso, y encima con esa hija....

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  8. yo es que soy una derrotista
    :-p

    pero me encanta como escribes

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  9. "El hombre no puede saltar fuera de su sombra"

    Provervio persa.


    Sirwood.
    :-)

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  10. se ha dado cuenta del séquito de fans /féminas que tiene?

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  11. pero me encanta como escribes

    ¡Oooohhh...! Gracias, gracias (sí, es alucinante, lo de esos piropos; es estupendo, la verdad).

    Carlos, yo me lamento por puertas cerradas detrás de las cuales sospecho que había algo, pero también por mi actitud, por no abrirlas, independientemente de lo que me haya perdido (o ganado).
    Muchas gracias; es muy bonito eso que me has dicho.

    Sirwood, no estoy seguro de entender la frase. Yo diría que habla de aceptación de lo propio, de reconocer lo que se es, asumirlo. ¿Es así?
    En ese caso, supongo que quieres decir que las cosas no podían haber sido de otra manera, puesto que era yo quien las hacía. Y sí, en parte es verdad; ¿pero no aprendemos?, ¿no podemos arrepentirnos de lo que hicimos?, ¿no es, lo contrario, conformismo?
    No sé.
    Sé que era yo, que el yo de entonces actuó como era. Pero era así por algo, por condicionantes externos y por cómo dejé que me afectasen. Fui responsable. Y hay cosas que lamento, claro que sí. De algunas puedo culpar a las circunstancias, seguro, pero no de muchas.

    Responsables. Para lo bueno y lo malo. Y es una grandeza, eso.

    En concreto, lamento mi falta de decisión, lamento no haberme atrevido, lamento algunas cobardías. Las lamento. Aunque yo fuese cobarde (y lo siga siendo).

    Un fuerte abrazo.

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  12. Al escribir, cerrando filas para que no nos desarbolen los lamentos ni el temor, uno debe hacer acopio de sus limitadas fuerzas y, apretando los puños en un gesto que no tiene retorno, dar un paso al frente.

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  13. La donna è mobile23/4/08 19:30

    Sí. Y no.

    En gran parte estoy muy de acuerdo con esta exposición que haces. Cómo no estarlo, todos hemos dejado pasar alguna oportunidad que intuíamos brillante PEEEERO (estos peros liberadores, ¿no son un encanto?), creo como Sirwood que tienes que —no aceptar, porque esa no es la palabra, sino— confiar en que lo que hiciste, tanto como lo que no hiciste, te cuadra para el momento que vivías. Eras tú, tu sombra. Tú.

    Lógicamente si con lo que sabes ahora te pones a mirar atrás, te vas a encontrar cien millones de cosas que te harán exclamar “ah, ahora tendría yo…”, “ahora sería yo”, “ahora estaría yo…”. Pero el caso es que no lo hiciste. Y ya está. Punto. ¡Por algo sería! :- )

    Por lo tonto (esta expresión está hecha para gente como nosotros), ése es un trabajo al que a veces, en períodos revisionarios, no podemos ni queremos sustraernos, PEEEERO (fíjate, otro pero), nunca es tarde.

    Cariños,

    R.

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  14. confiar en que lo que hiciste, tanto como lo que no hiciste, te cuadra para el momento que vivías. Eras tú, tu sombra. Tú.

    (...) el caso es que no lo hiciste. Y ya está. Punto. ¡Por algo sería! :- )


    Buenos días, Rosa. Pues mira, lo mismo te digo: sí y no.

    Porque pensar eso que dices viene a ser como creer que nunca te equivocaste. Y no me refiero a equivocaciones diagnosticadas a posteriori, desde lo que sabemos ahora, sino a equivocaciones que ya lo eran, e incluso que tú ya veías, pero que no evitaste.

    ¿Por algo sería? Seguro. Pero es que a lo mejor ese algo no valía la pena, era un "algo" malo, un completo error; o era, en fin, algo que no tenía que haber jugado ese papel.
    No es muy justo ser demasiado duro con uno mismo, es verdad que hay que entenderse y perdonarse. Y además no hay marcha atrás. Pero sí hay camino por delante, y debemos aprender de los errores, como digo en el post.
    Yo me arrepiento de cosas, claro que sí. Hay algunas que veo claramente que no pudieron ocurrir de otro modo, porque el... Portorosa (¡uy, casi digo mi nombre!) de entonces era, lo vieses desde donde lo vieses, así. Ahí me tengo que perdonar, y aceptarme. Pero hay otras que ya entonces hacían aguas, que ya entonces, en realidad, estaba viendo mal. De ésas me arrepiento, y de ésas debo aprender para no repetirlas.
    Y, en mi caso, Donniña, en casi todas ellas algo que podría llamar de muchas formas pero que resumiré en cobardía tuvo mucho que ver.

    Y además, fíjate: aunque yo fuese un "pelele en manos del destino", o de mis circunstancias, sin capacidad de decisión, lo lamentaría; lamentaría, como lamento, no haber abierto tantas puertas que veía y, muerto de ganas por abrirlas, dejaba cerradas.
    (Y aun encima de pelele nada. No somos peleles. Siempre hay algo que podemos decidir, sobre todo quienes -como ya me has oído muchas veces- no hemos tenido la suerte en contra.)

    Un beso.

    Francisco, un abrazo.
    A todos, buen día.

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  15. Echar la culpa a los demás, en concreto, es muy socorrido. Y, cuando de la juventud se trata, ahí están los padres para aguantar todo. Y es injusto. Y muchas muchas veces están cargando con nuestras responsabilidades, pues ponemos en su terreno errores que sólo fueron nuestros.

    Pero, PERO, de todos modos, nosotros, ahora que somos los padres, no deberíamos subestimar nunca la capacidad de influencia que tenemos sobre nuestros hijos. Lo mucho que nuestra actitud y nuestro "mensaje" les puede afectar. Debemos medirnos y no olvidar que, como el arco del poema de Gibran del otro día, podemos apuntar hacia arriba, hacia las posibilidades, o hacia abajo, a ras de suelo, encorsetándolos desde el principio de modo que ya nunca remonten el vuelo (¡ay, Dios, verás cómo al final acabo tomando infusiones entre varitas de incienso...!).

    Otro beso.

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  16. Porto...
    reconócelo
    te estás dando a los libros de autoayuda!!!

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  17. Noooo. Todo está en los libros de Coelho, querida, todo...

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  18. Está bien mirar al pasado y reconocer nuestros errores, nos ayuda a decidir qué queremos hacer con el resto de nuestra vida y cómo. Pero no te olvides de mirar hacia adelante. Hay todavía muchas puertas cerradas esperando a que tú las abras. La revisión del pasado sólo es útil si nos ayuda a mejorar nuestro futuro.

    Y a pesar de los errores, no se puede decir que te haya ido mal teniendo en cuenta todo lo que eres y todo lo que tienes (no me voy a poner a enumerar, lo sabes de sobra).

    ¿Podría haber sido mejor? Quién lo sabe ... Tal vez sí, tal vez no.

    Un beso.

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  19. Bueno, María, con el añadido al post (lo de otro color) pretendía hacerle un hueco a esa mirada hacia delante, más optimista.

    Sí, sé qué soy y qué tengo. Y lo contrario.

    Un beso.

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  20. por dios
    Coelho

    no avanzamos....

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  21. Lo que venía a indicarle con el proverbio es que las renuncias forman parte indisoluble de lo que somos; nos conforman y prefiguran. Como el agua, adoptamos la forma del envase que nos contiene, y el recipiente se forja a golpe de errores y equivocaciones; también de arrojos y cobardías. Como dice la caballera, “todos hemos dejado pasar alguna oportunidad”. Esa amarga sombra nos acompañará siempre. Umbra labitur.

    Abrazo que se devuelve con agrado.

    Sirwood.

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  22. Pues sí, Sirwood.

    Celia, entre Coelho, para la mente... no, para el alma, para el alma, y el indestructible programa televisivo matinal "Saber vivir" para el cuerpo, el que no aprende es porque no quiere.

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  23. Ya sé que sabes toda la teoría, y además la explicas muy bien. Pero ... no deja de sonar pesimista.
    Creo que se puede pensar lo mismo cambiando ligeramente el enfoque sin que siga siendo igualmente cierto.

    Más besos.

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  24. Sirwood, me ha recordado usted a Bruce Lee, con lo del agua.

    Un abrazo.

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  25. Bueno, es que en general era un lamento. Muy optimista no era, no.

    Un beso.

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  26. ¿Por qué te gustará tanto llevarme la contraria? Tiene que haber una explicación también para esto ...

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  27. ¡¡Pero si ahora te he dado la razón!!

    Es que nunca estás contenta, ¿eh?, qué cruz...

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  28. Qué me has dado la razón! Hace falta tener cara!

    María

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  29. Pues creía estar dándotela.

    En serio.

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  30. Vaya por dios Porto, se pasa usted la mañana discutiendose con mujeres...

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  31. ¡Y si sólo fuera en internet, aun...!

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  32. Buenas. Veo que habéis centrado la conversación en lo de las oportunidades perdidas, las puertas abiertas que se quedaron atrás o como se diga, que es mucho más general (personas, momentos, situaciones...).
    Siguiendo el tema de la entrada, creo que también habría que hablar de lo del talento y la juventud.
    Yo creo que el talento no se puede añorar (como algo que pudo existir y nunca llegó) sino que se demuestra (siempre en presente), y da igual el momento de la vida en que se haga (de hecho, si se supone que es necesario ayudar al talento natural con ejercicio o entrenamiento cuando más mayor más se habrá desarrollado, digo yo).
    Ni puertas ni leches. Todo está delante. Lo que quieras hacer está delante.

    A ver si me explico:
    Dice la cita: "¿Nunca has oído hablar de gente sobrada de talento en su juventud, fresca y llena de esperanzas y de planes, que al perderla también pierde el talento para siempre?"
    Pudieron perder las esperanzas y los planes y la frescura y por supuesto la juventud, pero quizás el talento nunca lo tuvieron (o lo sigan teniendo pero sin explotar).

    Siempre hay tiempo para el talento, Porto.
    Lo de las oportunidades perdidas y las equivocaciones sí es cierto, y son una putada... pero nos pasa a todos. Cada decisión es un posible error (consciente o inconsciente) y deja a las otras posibilidades fuera. A todas horas nos pasa.

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  33. Porto, buenos días.
    cuantas puertas ha abierto hoy?

    (no se olvide de comerse el sandwich)

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  34. Puede que tengas razón en lo del talento, Conde. Incluso puede que lo de achacar su pérdida al paso del tiempo sea un truco que usamos para no reconocer que, o bien no lo teníamos, o bien lo tenemos pero somos unos fósiles y no hacemos nada con él.

    ¿El talento se demuestra siempre en presente? Pues no sé. ¿No crees que es cierto que hay un momento para cada cosa, y que efectivamente hay aptitudes que, por mucho talento que tenga uno, llega una edad (o unas circunstancias) a la que ya no va a poder desarrollarlas?
    El talento es "una potencia", ¿no? Y parece una suposición aceptable pensar que, al menos en algunos casos, con el tiempo se pasan las oportunidades de hacerlo... ¿"acto"? (Te hablo así para que me entiendas :) ).

    No obstante, suscribo tu mensaje optimista, o positivo: demasiado a menudo somos nosotros nuestro principal obstáculo, tirando la toalla antes de tiempo. Ya nos decimos nosotros solitos que no valemos, que es demasiado tarde o que es imposible; y a veces sí, pero otras no.


    Señorita Celia, hoy de lo que me olvidé fue de traer el sandwich. Así que me he comido una palmera de chocolate. Buenísima organolépticamente y pésima para la salud, supongo.

    Y, fíjate, sí he abierto una puerta, hoy. He empezado a abrir una puerta que puede ser importante para mí.
    Y eso no es algo que pase todos los días.

    ¿Estaré cambiando?

    Abrazos.

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  35. Es lo que tienen las puertas cerradas. Pero tampoco se pueden abrir todas, si las hubieras abierto a lo mejor hubieras dejado cerradas otras y ahora no tendrías lo que tienes, o si, yo que se. Un saludo de puertas abiertas.

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  36. Sí, bueno, claro, depende de para qué. Por ejemplo, en cuestiones físicas: la vida de los deportistas se acaba -como mucho- a los treinta y tantos.
    El otro día me contaron -y me sorprendió, porque nunca se me hubiese ocurrido- que las matemáticas son para gente joven. Que si un matemático no ha "inventado" nada nuevo a los 30 ya no tiene nada que hacer. Que todos los grandes descubrimientos matemáticos los han hecho veinteañeros. No sé si es verdad.

    Yo me refería a talentos más artísticos, como escribir o pintar.
    Podríamos componer esta definición: el talento es una potencia que se demuestra en acto. Si no, es puro humo o ilusión, porque ¿cómo se sabe que existía realmente?, ¿cómo se mide sin resultados?
    Un abrazo.

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  37. Otro ejemplo.
    Yo nunca he estudiado música ni solfeo ni nada de eso. Evidentemente me encantaría saber tocar el piano u otro instrumento. A estas alturas poco puedo hacer ya (sí, puedo aprender un poco y vapulear las teclas, pero poco más).
    Puedo pensar "qué pena, si me hubiesen llevado de pequeño a clases etc etc", pero no sé cómo podría alguien decidir si tenía o no un talento que se ha desaprovechado. Y si realmente lo tenía lo seguiría teniendo, creo yo.
    ¿Y si no existe eso que llamamos "talento"? Podría ser...

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  38. Yo creo que sí existe. Que un tío toque un instrumento a los 3 años y a los 5 o 6 ande componiendo, es talento, ¿no?

    ¿Vale como prueba la "certeza moral"? (Es broma)


    Capazorros, bienvenido (me gustó mucho vuestro blog). Bueno, es que, claro, elegir es, sobre todo, desechar: desechar todas las opciones menos la que eliges.

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  39. Hola Porto,

    Para variar me gustaría aportar una visión pesimista ;-). Lo pongo en cursiva porque, si bien así es como hay que considerarla dentro del contexto de tu escrito y de la práctica totalidad de tus corresponsales, para mí es sencillamente realista. Pero bueno, así es el mundo, y cada uno tiene su propia visión de él.

    Yo pienso que nunca tuve talento, y que, por tanto, no debo lamentarme de oportunidades perdidas ni puertas que no abrí. Y ello por la sencilla razón de que si volviera a pasar frente a ellas volvería otra vez a no verlas, a no interesarme por ellas o a no atreverme a abrirlas. Pienso que no debo sentirme culpable por ser menos audaz, inteligente o brillante, porque no está en mi mano ser de otra manera. Y pienso que si algo en mi vida merecería revisión crítica es precisamente aquellas ocasiones en las que me machaqué a mí mismo por no haber dado la talla de lo que se supone debía dar.

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  40. Sr. Portorosa

    bufff, hasta dónde y hasta cuándo dará éste tema por largar???!!!

    La verdad es que si viene Ud. A mi último post, lo del talento- tal que así como talento- es el fondo -y en algunos casos- una desgracia.

    Y claro yo llegué casi de las primeras a darle un soberano tortazo de autoestima, porque Ud. es un hombre tranquilo -no sé ve? en esa silla con la misma postura- y entonces se levanta un día, y nos da una serie de incursiones inteligentes y brillantes y caemos rendidos a sus pies..;Y le cerramos de manera ordenada todas aquellas supuestas puertas que usted dejó al destino omitir-las.

    Refresco su página, y me encuentro tan crecido el número de comentarios que me he quedado como ¿?


    (...)

    Pero al hilo de su post, de si se suele preguntar por su talento en los años pasados. La respuesta es clara: Claro hombre¡¡¡¡

    ¿El traje que lleva Ud. es de Armani no???

    (qué nivel)

    Un abrazo,

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  41. Hola, Portorosa,

    me identifico con lo que dice el corresponsal Brian: no está en nuestra mano ser distintos a como somos. Punto.

    (La vida, por otra parte, es un suspiro) (No, la mitad de un suspiro) (Nuestra vida)

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  42. Coblenza, gracias de nuevo.

    ¿No podemos cambiar lo que somos? ¿Y qué somos?
    Desde luego yo soy incapaz de dar una definición.

    Que yo prefiera no molestar a mi jefe y me calle día tras día, en lugar de decir lo que pienso, ¿es algo propio de mí hasta el punto de no poder cambiarlo? ¿Debo aceptar que me falta coraje, y a otra cosa mariposa :) ?

    No sé si podemos cambiar "lo que somos". Desde luego, no podemos modificar nuestros genes ni variar nuestra infancia; pero que podemos cambiar, que nuestro comportamiento y nuestra actitud pueden cambiar, de eso no tengo duda.
    Y de que el cambio es a menudo fruto de un ejercicio de voluntad y de consciencia de uno mismo, de una decisión y un esfuerzo, tampoco.

    Uno aprende, o no. Y cambia. Y se da cuenta de cosas. Algunas no tiene sentido cuestionarlas, es cierto, porque considerar una alternativa es lo mismo que suponer que éramos personas que no podíamos ser. Pero no todo es así, no todo lo que hicimos y hacemos era inevitable; podíamos haber sido de otra forma, como ahora podemos ir por un camino u otro en multitud de aspectos de nuestra vida, sin predeterminaciones demasiado evidentes.

    ¿De qué me lamento yo, de todos modos, aquí? De una cosa en especial: no atreverme. De hacer demasiado caso a los demás y no haber tomado mis decisiones dispuesto a vivir mi vida y consciente de que era yo quien, en un 99%, iba a sufrir o disfrutar las consecuencias.
    Me lamento de no haber intentado más cosas, de no haber vivido ciertos momentos de mi vida con otra actitud. ¿Era yo así? Pues sí; en algunos aspectos, sin duda, y en otros, ya no sé, porque ya entonces mis deseos estaban pataleando al fondo de mi conciencia y yo los hice callar. Y los hice callar a pesar de temer tanto tanto la frustración, que viene mucho más de la mano de la omisión que del exceso. Y lo lamento. Tenía que haberles escuchado, claro que sí. No voy a cortarme las venas ni quiero dramatizar, entre otras cosas porque sé que siempre intenté hacerlo bien, pero creo que tenía alternativas.

    Me hubiese gustado llegar a ciertos nudos de mi vida con otra disposición, con otro ánimo (me hubiese gustado, por ejemplo, que me hubiesen dado alas, que me hubiesen servido de trampolín; y es lo que yo trato de hacer con mis hijos. Aunque sepa que si no fue así fue también fruto de la mejor de las intenciones y del mayor de los cariños...).

    En fin, supongo que estoy siendo bastante vago en mis argumentos.

    Creo que, si aprendemos cómo, podemos cambiar, mejorar. Aunque también creo que en el día a día nos faltan maestros.

    No acabo de entender, no obstante, Jesús (y cambiando un poco de tema), esa especie de confrontación entre la consciencia de la brevedad de la vida y la tendencia a pensarla y repensarla. Si es que es eso lo que me venías a decir con el paréntesis.

    Para mí, pensar estas cosas es lo mismo que pensar en lo del otro día, lo de mi hija en mi cama de niño, ¿recuerdas?

    Un abrazo enorme a los dos, y gracias. Aprendo, aquí.

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  43. Y es que, por otra parte, lo cierto es que yo no veo ninguna incongruencia en lamentar lo inevitable.
    Supongo que ahí discrepamos.

    Imaginaos si aun encima considero que no todo lo era.

    Un abrazo.

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  44. Hola de nuevo, Porto.

    Planteas dos cosas: una, que, fruto de la experiencia, crees que, cara al futuro, puedes modificar el rumbo de tu vida para mejor. Dos, que, gracias a esa misma experiencia, crees que puedes orientar a tus hijos para que no tropiecen con las piedras con que tu tropezaste.

    Bien, es posible. Podrás comprobarlo a la vuelta de algunos años. Yo no lo conseguí y, seguramente debido a ello, armo mi coartada a base de un cierto determinismo. Pero, desde luego, sería cruel e injusto decirte que no tienes derecho a creer que puedes y debes intentarlo.

    Un abrazo.

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  45. Oh, pero no pretendía sugerir confrontación alguna, Portorosa, sólo constatar un hecho, una perogrullada, en realidad: la vida, mientras se piensa y repiensa, mientras sentimos la consciencia de su brevedad, mientras recapitulamos, pasa. Zas. Y claro que aprendemos, claro que mejoramos o empeoramos, ¿cómo no hacerlo? Pero esencialmente, y quienes tenemos hijos lo descubrimos muy pronto para nuestra sorpresa, somos como somos desde el principio hasta el final, esa es mi opinión. Un abrazo.

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  46. Hola a todos de nuevo.

    Brian, no sé si veré algo. De todos modos, estarás de acuerdo con que si alguien lo consigue demuestra que es posible, pero que no conseguirlo no demuestra nada (nada general, quiero decir).
    En cualquier caso, yo empujo, pero son ellos los que tienen y tendrán que caminar.

    Jesús, yo no estoy de acuerdo con esa afirmación tuya. Es un tema en el que me resulta difícil opinar sin tener la sensación de estar haciendo afirmaciones peregrinas; no sé qué somos, qué parte de nosotros podemos cambiar, y qué parte de los cambios, incluso, depende de nuestra voluntad o viene dada; no sé cuánto se explica, en nuestra personalidad y nuestra vida, de acuerdo con una relación causa-efecto (hay quien dirá que todo, sin excepción).
    Pero creo (incluso creo haberlo leído) que se trata de elegir entre tendencias: que uno está orientado (biológica, psicológicamente) hacia unas opciones, pero que en última instancia casi siempre hay un margen de decisión que nos pone en la tesitura de elegir aceptarlas o rechazarlas.

    O no.
    Yo qué sé :)

    Buenos días a todos, y un abrazo.

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