2.10.07

Gris

El otro día todo era gris, gris azulado.

Mar y cielo de plomo desde punta Frouxeira

Más que un azul luminoso, es este gris el que me llega más adentro, el que mejor se acomoda a mi ánimo, casi siempre. No hay tristeza en este cielo y este mar; recogimiento, melancolía y ganas de silencio, sí, pero no tristeza.

Hasta las flores me parecían más bonitas con poca luz.

Las flores que resisten el viento

7 comentarios:

  1. Algunos la llaman la Hora Azul, y a mí, como a ti, también me inunda de calma y melancolía. Pero no estaría yo tan segura de que no haya debajo un poso de tristeza.

    Beso, Porto.

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  2. A mí lo que me inspiran estas fotos (y esos días grises de mar en calma) es tranquilidad, una tranquilidad enormemente reconfortante, la sensación de no necesitar abosolutamente nada más. Es genial. (Qué pena no saber escribir para poder expresarlo mejor). Bonitas fotos, muy bonitas.

    Un beso.

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  3. Pues puede ser, Respirando, puede ser (ah, no había oído nunca ese nombre).

    Tranquilidad, sí, claro, María. Estaba todo muy bonito.

    Un beso a las dos.

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  4. No es el azul, es el ultravioleta.

    Cuando hay poca luz entra en marcha ese extraño mecanismo que permite al cerebro adivinar con mínima información, un puñado de cuentas de fotones nada más, en longitudes de onda demasiado desplazadas hacia lo frío, hacia las ondas más cortas, casi rayos X. La luz de fuera no hace su trabajo, es fosforescencia, y sobre todo, es la luz de tus propios ojos.

    Y si hablas entonces, pronuncias errrrrres vibrrrrantes, las flores fosforescentes prevalecerán en medio de un mundo emborronado, como una transparencia ellas vivirán en tus ojos y el resto de la tierra sucumbe al terremoto. Pruébalo.

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  5. ¡Joder, qué alucine, Balcius!
    Es interesantísimo. ¿Por qué cuando estudié física nadie me supo hacer ver nunca hasta qué punto explicaba cosas fabulosas a nuestro alrededor?

    Un abrazo.

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  6. La donna è mobile12/10/07 19:04

    Qué bonitas (vengo a verlas todos los días). Los espacios abiertos, la naturaleza, más que contagiar tranquilidad o calma, o melancolía o tristeza o cualquier cosa, lo que inundan es de pequeñez. Miras el mar, el cielo abierto, el gran espacio en el que sólo eres un mindundi (con perdón, :-)) que pasaba por allí, y sabes que tú no has decidido nada de todo cuanto hay ante ti. Nada. Ni el color del mar ya estaba allí. Ni el tono del cielo. Ni la disposición o tamaño o color de las flores, que se mecerán estés tú o no. Y todo es enorme, funciona solo. Lo lleva haciendo así desde mucho antes de tú tuvieses un sólo problema, y seguirá igual cuando no existas, mucho más allá, mucho más de lo que tarden todos en olvidarte.

    A mí lo que me proporcionan esos espacios, es la sensación de que la vida transcurre y que pasará lo que tenga que pasar. Y aire puro y belleza, que nunca están de más,

    un beso,

    :-)

    R.

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  7. Qué bonito saber que vienes a verlas.

    Y tienes razón. Esas flores, esas piedras y ese mar van a seguir sin mí, y ni falta que les hago.

    Vivamos. ¡Vivamos!

    Un beso, R.

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