22.5.07

El ensordecedor galopar de nuestro caballo

Cuando este blog era un niño, una de las citas que tenía al margen era un proverbio, según Google, chino, y que yo en su día conocí como mongol (origen que me convence, o me gusta, más, dada la importancia del caballo en ese pueblo, cuyos jinetes dormían cabalgando).

La frase, para mí magnífica, es la siguiente:

No confundas, jinete, el galopar de tu caballo con los latidos de tu propio corazón.


Supongo que todo el mundo la entiende, pero hace muchos años un compañero, al leerla, me dijo que nuestro ritmo cardiaco, efectivamente, se adaptaba en algunos casos a ciertos movimientos y vibraciones rítmicas a las que nuestro cuerpo se veía sometido: comprendí que estaba como una cabra y jamás volví a comentarle nada.

Así que por si alguno de ustedes tiene dudas, lo que en mi opinión quiere decir el proverbio es que las circunstancias, en ocasiones, nos hacen creer sinceras, arraigadas y fiables sensaciones y convicciones que no son en realidad más que el resultado de una situación muy concreta. Nos dice la frase que es necesario distinguir lo que nos pertenece, lo que viene dado por nuestra personalidad y forma de ser, de lo circunstancial que se desmoronará ante la primera prueba. Porque cuando esa (por definición) pasajera situación se pase, con ella desaparecerán aquellas certezas, aquellos sentimientos, y nos veremos perdidos.

No se trata de prescindir del y mis circunstancias, sino de saber cuándo algo se debe sólo a ellas.

Y creo que esto, este discernir, es algo que no deberíamos dejar de hacer en toda nuestra vida. Tratar de saber si las señales por las que nos guiamos son, independientemente de si lo que nos aguarda al final del camino que nos hacen seguir resulta bueno o malo, las que debemos tener en cuenta.

Para tener alguna posibilidad de éxito es necesario, por un lado, conocerse bien; y por otro, ser sincero con uno mismo, más de lo que por lo general somos capaces de soportar. De lo contrario, nuestros miedos, nuestra inseguridad, la impaciencia y nuestras debilidades nos harán, no ya no lograr lo que deseamos, ni errar en la dirección en la que buscar, sino, más sencillamente, no saber siquiera qué es lo que queremos encontrar.

39 comentarios:

  1. Vamos, que es mejor vivir apegado a los clichés. Una vida-cliché ¿no?.

    Pues no.

    Y sí, el ritmo cardíaco se acompasa al del caballo cuando va galopando.

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  2. Esto de las certezas, o la necesidad de ellas, es muy enternecedor.
    Cosa de padres responsables, supongo...
    Me refiero a que tanto "lo que nos pertenece" como lo que "nos viene dado" son nuestros...míos, cuando es menester.
    Y sí, se acompasan los corazones al compañero de cama, al caballo...y hasta a la moto.

    Debe ser la impronta gallega, eso que hace que algunos necesiten un Faro de Vigo, algo por lo que guiarse sin errar, jajajaja!!!
    No me hagas caso, estoy bastante prosaica, por decir algo.
    Beso.

    M.

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  3. Porto,
    Touché. Justo en el centro de la diana.
    Ya sabes... no podemos cambiar nuestra naturaleza y averiguar cuál es, una tarea fundamental.

    Un abrazo,

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  4. Discrepo. Con independencia de lo que nos pasa, tenemos capacidad de ser nosotros mismos. En las circunstancias más jodidas se ve la pasta de la que estamos hechos y hasta dónde llegamos.

    La vida aún no ha conseguido convencerme de lo contrario.

    Yo, también, estoy como una cabra.

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  5. "Lo que en mi opinión quiere decir el proverbio es que las circunstancias, en ocasiones, nos hacen creer sinceras, arraigadas y fiables sensaciones y convicciones que no son en realidad más que el resultado de una situación muy concreta". No puedo entrar en profundidades filosóficas, pero aquí veo una confusión de términos muy grande. Habría que aclararlos un poco.
    Me parece imposible separar las "sensaciones" y "convicciones" de las circunstancias o del entorno, porque eso es precisamente lo que las define (forma parte de su esencia o, si quieres, de su mismo concepto). Propondré unas definiciones sencillas (que no dejan de ser problemáticas, pero por algo hay que empezar para saber de qué hablamos): las sensaciones son respuestas a estímulos del medio, y las convicciones son esas creencias -como tales necesariamente provienen del entorno social- que vamos haciendo nuestras (van formando parte de nosotros y de nuestra forma de ver el mundo y de enfrentarnos a él). No pueden surgir de la nada, ni tampoco de un yo autista. Eso no existe. (Es más, su propio concepto lo excluye.)
    Conclusión: la frase mongola es genial, pero presupone un imposible.

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  6. Pues yo estoy de acuerdo contigo. Es fundamental, siempre que queramos llegar a dónde sea que queramos llegar, dejar que nos dirija la convicción, por encima de las circunstancias.

    Las sensaciones son engañosas, aunque puede que acierten de casualidad. Si la idea es ir dónde nos lleve el viento y disfrutarlo, que también es una forma de vivir, poco importa entonces lo estable, o lo circunstancial.

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  7. Yo estoy igual de cabra que neogurb y me pongo a pastar a su lado, si me lo permite. Opino que hay un momento, no importan las circunstancias, en el que la voz interior, los latidos, son de fiar. Son válidos. Son emitidos con claridad y pueden ser tenidos en cuenta. Bien. Pues de ese momento (madurito momento) en adelante, póngase en la situación que se les ponga, siguen ahí, dando su opinión. Y eres tú. Tus latidos y tu voz, hablándote. En crisis, también tu voz, hablándote. Y cuando haya paz. Y aunque te pongas boca abajo. Eres tú, tus pensamientos, la suma del presente y de lo que va viniendo, es tu experiencia, lo que dijo mamá que se te quedó grabado, lo que te salió bien, el escarmiento de cuando mal, todo cuanto está ya catalogado, analizado y juzgado, tu nobleza, tus bajezas o tu lamentable educación. Y como neogurb, pienso que nunca se apaga, y que sí, influenciada o no, condicionada o no, está ahí y te acompaña a cadena perpetua. Confiar en ella es confiar en ti.

    Aun así, leo lo que tú dices y también lo encuentro razonable. Las influencias, los condicionantes, las circunstancias. Producen sordera. Dejas de escucharte. Tienes razón. Y los pasos que se dan en esos momentos, pueden estar equivocados. De todas maneras, en esos momentos y en todos, poniendo mano sobre mano en el corazón, cerrando los ojos y respirando hondo, uno tiene las armas suficientes, que para eso ha vivido los años que ha vivido y han de valer de algo, para sacarse un día y después otro, lo más buenamente posible. Y esto es, parece ser, lo único que hay.

    Cuando haya una guía ilustrada, a ella nos remitiremos.

    :-)

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  8. Buenas noches.

    Cecilia B., qué sorpresa. No entiendo qué quieres decir con lo de los clichés. ¿Quién habla de clichés?, ¿de estereotipos?, ¿de no salirse del guión?; yo no, desde luego.

    Da igual que los latidos se acompasen a lo que sea (si es que es así); obviamente ése no es el sentido de la frase, que es lo que sostenía (y no otra cosa) mi compañero.

    M., no creo que tenga nada que ver con la paternidad. Esta frase me gustaba mucho antes de tener hijos. Si te fijas, hablo de certezas para decir que se pasan, para decir que tomamos por tales sensaciones que no lo son.
    Por lo demás, no soy una persona que busque certezas, sino actitudes lo más acertadas posible (aunque que tú, a estas alturas, lo dudes, me da que pensar). Y de eso van la frase y el post, creo yo.


    Neogurb, pues precisamente me refiero a distinguir ese "nosotros mismos" del que hablas de lo que no lo es.
    Y a todo lo que tan bien explica Rosa le digo lo mismo: ¿que eres capaz de oír esa voz?, pues estupendo, tú no te creerás que el galopar de tu caballo es tu corazón.

    Y, Respirando, sin embargo soy yo el que no está muy seguro de que estemos diciendo lo mismo.

    Conde, yo de filosofía no puedo hablar en serio, y menos contigo, pero déjame explicarte que, la verdad, puse "sensaciones" para no repetir sentimientos; no me lo tengas en cuenta, ya sé que no es correcto.
    En cualquier caso, creo que los términos deben ser interpretados en función del contexto en el que se utilizan. Una vez, un presunto filósofo me rebatió un post mío (seguramente criticable por mejores y más claras razones) a base de ir diseccionando sustantivos que yo utilizaba en su sentido habitual, común, y que él suponía cargados de todo el significado que la Historia de la Filosofía había ido depositando sobre ellos.
    Creo que lo que digo es fácil de entender, y lógico, se comparta o no (que ésa es otra cuestión): en determinadas circunstancias, es fácil tomar por sentimientos profundos, o por firmes convicciones, lo que en realidad no son más que el resultado pasajero de una influencia momentánea, de una moda. Por supuesto que las circunstancias tienen un efecto sobre nosotros, quién lo ha negado; la cuestión es que no nos demos cuenta de que es así y no sepamos ponderar todo lo que pasa por nosotros, todo lo que nos pasa. La cuestión es tomar por una referencia sólida lo que no lo es, lo que no es más que un espejismo. Nadie habla de ser impermeables a la influencia externa, pues todo procede de la influencia externa; hablo de tomar decisiones importantes basándose en estímulos externos que no se lo merecen.

    Caso práctico: un mal momento, la falta de cariño, la soledad, etc., etc., hacen que una persona se acerque a otra y vea en ella, enseguida, su gran amor; puede salir bien, o puede que, cuando ese estado carencial se pase y ese individuo esté en disposición de valorar con más calma lo que tiene se dé cuenta de que las circunstancias le han engañado, que le han hecho ver algo que no había.

    Otro: un individuo, frustrado por un trabajo insatisfactorio, por su horrible jefe, porque su día a día no puede ser como le gustaría, la toma con su mujer y cree que su matrimonio está mal. Lo culpa de sus problemas, cuando en realidad puede que sea, simplemente, el escenario donde salen a la luz los problemas que trae de fuera.

    Otro: un estudiante, tras la selectividad, debe elegir carrera y, llevado por lo que opinan en casa, por lo que van a hacer sus amigos, porque su novia se va a estudiar a X, decide. Y no decide obligado, sino convencido de que es lo que de verdad le gusta. Pues bien, a lo mejor acierta, pero será por suerte, pues en realidad no lo sabe, porque no ha mirado donde debería mirar, no le ha preguntado a quien debería preguntarle: a él mismo. Lo han arrastrado, con su aquiescencia, las circunstancias.




    ¿No lo veis así?

    Saludos. Y gracias, Xavie.

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  9. Sí, bueno, no, lo siento, en cualquiera de esos ejemplos veo tanto problemas que me tiraría horas analizándolos.
    En cuanto a lo de los conceptos no estoy de acuerdo: en un díálogo siempre hay que definir las palabras que utilizamos, aunque sea dándole el "sentido común" que dices, porque en cuanto rascas ves claro que no era tan común el significado, que cada cual entiende cosas distintas. No se trata de hacer historía de los conceptos, sino simplemente de definir para saber dwe qué hablamos: de aclarar, no de confundir ni de buscar oscuridades supuestamente profundas. Si te fijas las definiciones que proponía eran muy pedestres. Precisamente porque el significado es el uso en determinados contextos (Wittg.) hay que aclarar su sentido en una conversación.
    Sigo pensando que el problema no es tal (se parte de una confusión los términos), pero ya no daré más la murga porque parece que no quiero entrar en el tema que propones.
    Sólo pregunto: ¿Qué eres tú? ¿Quién es ese "uno mismo" al que preguntar? ¿Y quién te va a responder? ¿Te preguntas y te respondes? Es decir, piensas por ti mismo. Ya...
    Perdón por mi nula aportación a la discusión.

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  10. También es útil situarse en el angulo cínico, eso da más perspectiva
    Saludos

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  11. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  12. Es una frase resultona, sin duda, suena. Aunque bajo mi punto de vista (entiendo obviamente su doble significado, claro) carente de los algoritmos que permiten a uno desplegarse henchido.

    Ser uno mismo, consciente de las circunstancias y limitaciones que nos rodean, que nos tienen presos. vale.

    Pero imaginémonos de otro modo, algo más transinfinitos. Incapaces nuestros óganos moribundos de retenernos en una conmemoración permanente de lo que podríamos llegar a ser y no distinguimos.

    Saludos en espiral

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  13. Buenos días.
    Perdón por el retraso en la contestación.

    Antes de nada: Fuego, me alegro de que hayas entendido la frase; pero me temo que yo no puedo decir lo mismo de tu último párrafo.

    A ver, Conde:

    En primer lugar, no te disculpes, por favor. La verdad es que malditas las ganas que tengo esta temporada de discutir, pero aun así tengo claro que los comentarios del blog son para eso; y que si estos días no me apetece dar largas explicaciones es problema mío. Tus comentarios son bienvenidos.

    Que hay que definir los términos que utilizamos en una discusión ya lo sé, como seguro que te imaginas.

    En mi texto, creo que hay dos fallos claros. Uno es el de esas sensaciones que, sin serlo, han querido pasar por sinónimo de sentimientos. Otro es el fragmento lo que nos pertenece, lo que viene dado por nuestra personalidad y forma de ser, que me temo que ha quedado muy ambiguo, inconcreto, e incluso un poco místico.

    Pero, con independencia de la mayor o menor fortuna con la que yo me haya expresado, y, en general, de lo simplona que pueda llegar a ser en realidad esta entrada, creo que se entiende. Y no lo digo por mí, que obviamente sé qué quiero decir cuando digo algo, sino porque los dos lectores con los que he hablado en persona sobre esto me han dicho lo que yo pensaba: que ese uso común al que yo me refería está suficientemente claro, y que cuando hablo de sentimientos, convicciones y certezas no hay demasiadas dudas sobre a qué me refiero. Con respecto a los ejemplos, te diré lo mismo: a mí me parecen claros, pero es que los he puesto yo. Tentado estoy de acusarte de deformación profesional (o académica, al menos), pero a lo mejor lo interpretas como un argumento ad hominem...

    Así que, te pregunto: la frase la entiendes, con seguridad; ¿estás de acuerdo con que es una frase pertinente, que habla de algo necesario, o no le ves ni el sentido ni la utilidad?

    Quiero aclarar otra cosa que algunos comentarios me han hecho dudar:
    Sin meterme en los para mí ignotos terrenos de la psicología y de la medicina, tengo claro que nuestra personalidad, o, dicho de otro modo, nuestras sucesivas actitudes, tendencias, ideas, modos de vida, referentes, convicciones, sentimientos, etc., dependen de lo que heredamos y de lo que vivimos. Evidentemente, sé que somos (al menos en gran parte) el resultado de lo que nos pasa, de lo que nos viene del exterior. En una palabra, de las circunstancias. No pretendo negar eso, ni mucho menos, ni creo que la frase lo pretenda.

    (Iba a ponerme a explicarla otra vez, pero mejor no, porque a estas alturas creo que mis aclaraciones no aclaran nada, y que la cita se entiende lo suficientemente bien.)

    Ya.

    Buenos días, insisto. Y abrazos a todos, empezando por Conde-Duque, por aquello de la complicidad de clase...

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  14. Señor de Portorosa, los ejemplos son muy claros; yo me refería a como ejemplos son confusos porque hablan de cosas distintas (creo yo); no son asimilables.
    La única conclusión que puedo sacar es que es mucho más fácil inventar un aforismo poético (y que cada cual lo interprete a su manera, y seguro que le será muy útil a todos) que escribir un tratado para explicar el significado pleno de ese aforismo.
    Lo mismo me vale este refrán que el contrario. Depende del momento.
    Lo de la deformación profesional puede que sea cierto, aunque huyo de ella como de la peste (y a los hechos me repito, como decía Manquiña): es el camino sin fin...
    Un abrazo.

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  15. Ah, que no te he respondido: sí, la frase es pertinente y muy sabia... incluso genial (como dije en mi primer comentario). Lo que no tengo tan claro es qué quiere decir.
    Y me callo ya, que parezco don erre que erre.

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  16. Bueno, pues aunque yo sí creo tener claro qué quiere decir, te doy la razón en esto: es mucho más fácil inventar un aforismo poético (y que cada cual lo interprete a su manera, y seguro que le será muy útil a todos) que escribir un tratado para explicar el significado pleno de ese aforismo.

    Por otra parte, quiero aclarar que, aunque yo he explicado todo dando por sentado que hacerle caso al galopar del caballo no es una buena opción, estoy dispuesto a escuchar distintas opiniones. Probablemente haya quien crea que, dado el mar de dudas en que vivimos, incluso sea la única opción lúcida.
    Pero incluso diría que quien crea eso no está confundiendo nada: está escuchando su corazón, también, y es él quien le aconseja no prestar tanta atención a sus latidos.

    Otra cosa más: el límite entre el galopar del caballo y los latidos del corazón no es claro ni se traza recto en un punto fijo; es variable, difícil de ver, y a veces incluso parece no existir. He ahí el porqué de la frase. Si no se prestara a confusión nadie llamaría nuestra atención sobre el tema.

    Creo.

    Abrazos.

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  17. Cuánto dan de sí tus reflexiones... Sólo un añadido: pararse a discernir demasiado puede ser contraproducente. Uno corre el riesgo de enfrascarse en ese discernimiento y dejar entonces de vivir. En el difícil equilibrio está la ansiada virtud.

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  18. Yo, como tú bien sabes, entiendo la frase en el mismo sentido que tú y la comparto. Hay momentos en el que las circunstancias nos hacen interpretar de forma incorrecta o sesgada la realidad. Lo ideal sería conocerse lo suficiente para evitar o minimizar esas situaciones. La gran pregunta es, ¿qué hacer en caso de duda? Existen al menos 2 posibilidades:

    1. No hacer nada y reflexionar mucho hasta aclarar la duda

    2. Actuar conforme a los latidos del corazón, propios, o del caballo

    Yo prefiero lo segundo. Me arrepiento más de lo que he dejado de hacer que de las decisiones que he tomado erróneamente.

    Un beso.

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  19. En realidad yo creo que me tiré hace tiempo del caballo y ahí estoy, en la cuneta, sangrando.

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  20. Buenos días.

    Lo sé, Sebas, no sabes lo presente que tengo últimamente la disyuntiva pensar/actuar. Un abrazo.

    María, ya comentamos ayer que no sé quién decía que los peores pecados son los de omisión; yo entiendo que porque, además del pecado, suponen cobardía. Un beso.

    ¿Qué te ha sido revelado, pues, Conde de Tarso?

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  21. Buenos días:
    Planteas lo que nos planteamos cualquier ser humano a lo largo de nuestra vida.
    Todo cuenta y siempre saldremos dañado.
    No debemos hacer las cosas con los ojos cerrados, tampoco hay que cerrar los ojos para hacer las cosas.
    Entre lo uno y lo otro la vida va pasando y nos vamos agostando.

    Si las decisiones son correctas o no lo son, es algo que se ve pasado el tiempo.

    En cualquier caso hay que seguir bailando y aunque el inicio del baile sea ensordecedor...termina siendo un vals acompasado.

    Saludos

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  22. Profunda sentencia y certero análisis. Gracias.

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  23. Acertada frase.
    Cada uno vemos en ella cosas distintas y la podemos aprovechar de mil maneras.
    Y es cierto... el corazón se acompasa a ciertos movimientos y sonidos ¿pulsátiles? (no sé como expresarlo) en contacto con él. Por poner un ejemplo: Cuando un cuerpo se pega a otro, el corazón más "suave" se adapta al más "potente" y toma su ritmo. Esta característica ha dado muchos quebraderos de cabeza o, mejor, de corazón, a trabajadores de algunos oficios.
    Espero que no, por contarte eso, dejes de hablarme.

    Un saludo.

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  24. Gracias, y un saludo a los tres (incluso a ti, Pau).

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  25. Pues yo había leído ya, hace ya muchos años, ese proverbio, pero lo recuerdo de una forma un poco distinta: “El que espera ansiosamente la llegada de un caballo, debe estar atento a no confundir los latidos de su corazón con el galope de un caballo que se acerca”. No sé cuál de las dos versiones, la tuya o la que yo recuerdo, será la china fetén de verdad, pero ésta que recuerdo yo parece tener un sentido mucho más claro y directo.
    A lo mejor la sentencia era como tú la has escrito aquí, y lo que me pasó a mí es que no pude soportar su ambigüedad (y eso que soy gallego, que si llego a ser castellano viejo, ni te cuento), y sin darme cuenta la leí estilo Rompetechos, adaptándola a mi necesidad de entonces de entenderlo todo...

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  26. Pues, Dekarde, llevo pensando desde ayer en tu versión de la frase, y no sé si dice lo mismo o justo lo contrario; o si dice lo contrario pero en el fondo lo contrario es lo mismo.
    Me parece, en cualquier caso, el complemento perfecto.

    Bienvenido.

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  27. En paladino: No confundas tus deseos con la realidad.

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  28. Bienvenido, Sirwood.

    Pues no del todo, creo yo. Te digo lo mismo que a Dekarde: ¿lo que tú dices es otra forma de decir lo que yo he dicho, o en realidad se refiere a la duda contraria?
    Lo que tú dices es lo mismo que lo que contó Dekarde, y queda claro: no confundas tus deseos con la realidad. Pero es que la frase del post no dice eso, creo yo, sino que vendría a significar "no tomes por un deseo tuyo lo que sólo por las circunstancias parece serlo".
    ¿Sí o no?

    Un saludo.

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  29. Déjame pensarlo un poco.

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  30. Claro. Es más, ojalá llegues a alguna conclusión y me lo aclares a mí, porque ya tengo mis dudas.

    Un saludo.

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  31. Estaba hace un momento leyendo la edición digital de hoy del Faro de Vigo, y de pronto me encuentro con una inesperada joya que no puedo resistirme a compartir: la áspera y sentimental versión José Luis Alvite de nuestra disputaba sentencia: “Deja los remordimientos para cuando a tu cabeza le cueste distinguir entre los latidos de tu corazón y el ruido que hace el catre”.
    ¿Será simple coincidencia?

    Un cordial saludo

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  32. Hola, Dekarde.

    Se refiere a la vejez, ¿no? Es que al principio creí que hablaba del momento en que uno se duerme (cada día estoy más torpe...)

    Es increíble lo que dan de sí los latidos éstos, oye.

    Un abrazo.

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  33. Sí, parece que se refiere a la vejez, aunque yo si no hubiera leído el resto del artículo tampoco lo habría tenido muy claro; no acabo de estar seguro de por qué al hacerse uno mayor –y no antes- puede uno confundir el ric-rac del fatigado somier con los latidos del propio corazón; pero bueno: así es la poesía de oscura (y poesía son los artículos de Alvite, aunque para despistar aparezcan en la página de “Opinión”).
    Lo único seguro ahí es que “el ruido que hace el catre” (rijosa versión alvitiana del “galope del caballo”) alude a esa actividad que, según la sabiduría popular, no tiene enmienda.
    La frase en cuestión se supone que se la dice una “fulana” al joven va de putas por primera vez. Me da un poco de envidia lo leídas y líricas que eran las fulanas que frecuentaba Alvite cuando joven, así cualquiera acaba escribiendo en buena prosa poética. A mí sólo me decían: “¿Has terminao ya, niño?”; así me ha salido a mí el estilo de ramplón y avillanado.

    Un afectuoso saludo, Portorosa

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  34. Pues a mí me dijeron que lo que pasó esa vez fue que Alvite, que es bastante miope, se confundió de portal, y en vez de meterse en el burdel se coló en el piso de María Zambrano (santa gloria haya). Eso lo explica todo.

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  35. Ah, Dekarde, gracias por la explicación.
    La del anónimo también se agradece; nada importa que sea verídica o no.

    Saludos.

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  36. Me encanta ese proverbio, de hecho hace varios años lo tengo de firma en mi correo electrónico. Llegó a mí en una época donde lo que "yo quiero" se me confundía mucho con "lo que se espera de mí" y "lo que debo querer" que dicta la sociedad. Tenía al galopar del caballo, ese caballo que nos lleva a donde quiere si no tomamos las riendas,como propio impulso. Sin embargo, el conflicto existía: "¿es lo que yo quiero?", "¿quiero ir en esa dirección?"...
    Me gustó tu párrafo final"Para tener alguna posibilidad de éxito es necesario, por un lado, conocerse bien; y por otro, ser sincero con uno mismo, más de lo que por lo general somos capaces de soportar. De lo contrario, nuestros miedos, nuestra inseguridad, la impaciencia y nuestras debilidades nos harán, no ya no lograr lo que deseamos, ni errar en la dirección en la que buscar, sino, más sencillamente, no saber siquiera qué es lo que queremos encontrar." porque es exactamente lo que me sucedía.
    Slds

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  37. Bienvenido/a, Cuentos.
    Siempre alegra tener respuesta, sobre todo si es tan positiva. Pero todavía alegra más cuando aparece tanto tiempo después, pues veo que lo que ha ido quedando atrás sigue vivo.

    Gracias.
    Un saludo.

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  38. Por andar de curiosa y vagando en Internet acabe en su Blog, realmente que valió la pena está última media hora en la cual no tenía ningún rumbo pero algo me decía que siga, quede encantada con este proverbio y cada manera de interpretarlo, me voy a dormir con el corazón de alguna manera más sobrio luego de emborracharse con los galopes de mi caballo este último tiempo, el proverbio y sus interpretaciones me han venido de maravilla, gracias.

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  39. Gracias a ti y bienvenida. Me alegro de que te haya gustado.

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