17.4.07

Con colonia

Ayer, en el cuarto de baño de casa de mis padres, vi una botella de cristal, parecida a una licorera, que me pareció la que cuando yo era pequeño hubo en nuestra casa, con colonia.

La abrí, y a pesar de que debe de llevar más de veinticinco años vacía todavía conservaba el olor.

Y como ustedes se imaginan (no en vano está todo dicho sobre el poder evocador de los olores), allí dentro vi el baño de aquella otra casa, y vi a mi madre peinándonos a mi hermano y a mí después de comer, antes de ir al colegio. Con colonia.

45 comentarios:

  1. Una sensación muy parecida a ésa debe tener tu madre, cuando todavía no la ha tirado, :-)

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  2. Ellas además no tiran nada. Y no ven el estorbo, además. ¡Pero es que tú tampoco! Obviamente hay cosas que guardamos por que son, como la colonia, un recuerdo imborrable, cálido, al que es muy agradecido volver. Pero ¿qué pasa con todas las rémoras y arritrancos que no tienen valor? ¿Por qué en nuestras casas piden a gritos desaparecer de la vista, y en casa de ellas, están en el paisaje como si tal cosa? Ella no los tiraría jamás, pero es que tú tampoco. Pasan desapercibidos para todos. Han hecho un pacto o algo. Ni piden pan ni nada...

    Inquietante.

    :-)

    pd: como inquietante está Blogger, que no deja registrarse a la señora mobile, con las ganas que tenía de decir "¡seis!", donde Mabalot y el autobús, que no se ha visto nada igual en risas. Y no puede.

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  3. The fool on the hill17/4/07 22:44

    Mañana me traerán un gran frasco de Álvarez-Gómez, que ya usaba de niño y de cuyo aroma me resisto a desprenderme.

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  4. Cuánto envido a la gente con pasado.

    Debe ser precioso.

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  5. Sí, eso pasa especialmente con las cosas que guardan olor. Y es que el olor y el recuerdo son inseparables.
    Bonita imagen, portorosa, te he visto perfectamente,empapado en colonia mientras te mirabas en el espejo.

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  6. Buenos días a todos.

    He de decirte, Arroba, que por aquel entonces no alcanzaba a verme en aquel armarito de espejo, el típico con tres puertas, en el que ahora supongo que como mucho me vería la barbilla. El espejo quedaba muy alto, y los únicos ojos que comprobaban el resultado eran los de mi madre.

    Donna, es verdad. Aunque yo a menudo, ante la idea de desprenderme de algo, y como debo de tener algún trauma atravesado y pienso demasiado en el pasado y en el futuro, me pregunto si no debo dejarlo para ir haciendo madre, para que se vaya conformando ese poso familiar.
    Y sí que es cierto que mi madre no guarda las cosas por casualidad; se da mucha cuenta de todo esto (de tal palo, tal astilla).

    Fool, te entiendo perfectamente. Ahora bien, te anticipo, ya, que esa resistencia haría las delicias de un psicoanalista...

    Es bonito tener pasado, si éste es bonito, Balcius.

    Un abrazo a todos.

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  7. Hay quien desmiga el pasado en una magdalena. Hay quien lo destapa en un viejo frasco de colonia. Son, supongo, maneras diferentes de descubrir una misma cosa: que a pesar de estar cada vez más lejos aún lo podemos recordar. que seguimos contándolo (y que sea por muchos años, Porto, y que los demás lo leamos).
    Un cordial saludo.

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  8. Aquella raya que nos hacían, perfecta, casi provocándonos daño, y no esos rizos de ahora, esas crestas, que también tienen su oficio.

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  9. Bueno, que conste que, aun peinándonos con colonia, mi hermano y yo nunca llevamos el pelo empapado. Era una cantidad de colonia que, sí, humedecía un poco, daba olor, pero nada más; quedaba la cosa bastante natural.

    Un saludo, Peter.

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  10. Lo más asombroso de todo no es el recuerdo que se dispara por la influencia de unas moléculas sobre la pituitaria y el mensaje que ésta manda al cerebro: sino que, al parecer, no son necesarias más que unas pocas para que todo ello ocurra. Al parecer somos sensibilísimos. O dicho de otro modo: somos (estamos) sujetos al recuerdo.

    Sorprendente también que la mayor parte de esos aromas que nos transportan nos lleven a la infancia.

    Un abrazo.

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  11. Sobre lo de la infancia, FPC, se podría decir tanto...
    La infancia es, creo yo, nuestra base (nuestra base anímica, afectiva), en la que todo se va sosteniendo después, sujeto a su forma y a su solidez. La infancia es lo más íntimamente nuestro, al menos así lo percibimos. Y la percibimos también, a la infancia, a menudo como el tiempo de la felicidad (insisto, la percibimos; desde aquí y ahora, en el recuerdo).

    Volver a la infancia, con por ejemplo el recuerdo que nos despierta un olor, o con una visita a los escenarios de entonces (con perdón por la cursilada), es volver a lo que fuimos cuando aún podíamos ser todo, cualquier cosa, cuando la vida era sólo presente y un ilimitado futuro.

    ¡Ay!

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  12. para determinadas cosas, portorosa, cumple la misma funciónuna colonia que una magdalena. No nos quepa duda.

    Un saludo

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  13. Bonito recuerdo que también me ha llevado de vuelta a mi infancia con katiuskas y aquellas incomodísimas braguitas de perlé. Por qué las madres se empeñaban en limpiarnos la cara con saliva?
    Un beso, Portorosa.

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  14. Es que lo de la saliva, a veces, de forma puntual (manchita de chocolate, de papilla, etc.) y en pequeñas dosis, es muy socorrido. Aunque sea un asco para el resto de la humanidad.
    Te lo dice un padre. Pero yo, en lugar de chuparme el dedo, cojo a mis hijos y los lamo, directamente. Lo juro.

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  15. ¡Ay!
    Me has traido el olor del jabón y las toallas de mis abuelos, me has acercado a su delicado y tierno recuerdo.
    Me has emocionado al recordar a su hija, mi madre y la de siete más, cuando nos ponía de mayor a menor y nos peinaba a todos con colonia y nos daba un beso en la punta de la nariz.
    Gracias Porto.
    Saludos

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  16. Pues yo no tengo ese tipo de recuerdos con mi madre, snif. Mi madre comenzó a trabajar en serio (con contrato y esas cosas) poco antes de cumplir yo seis años y se ha jubilado hace unos seis. Resumiendo, que no tenía mucho tiempo, la mujer, para peinarme antes de ir al cole. Eso sí, los fines de semana se explayaba con mi larga melena -hasta la cintura ni más ni menos- poniéndome rulos, alisándome puntas, raya para un lado, para el otro o en medio.

    Eso sí, siempre que terminaba me daba un cariñoso azotillo en el culete para que fuese a enseñarle a mi abuela (sí, aquella de la que te hablé en Madrid) lo guapa que estaba. Y era mi abuela la que me perfumaba, para dejarme lista, con Eau Jeane o como se escriba (el botecillo verde hierba que se pronunciaba ouyen) que, por cierto, la última vez que entré en su casa todavía conservaba. Coincidencia, ¿no?

    Infancia, añorada infancia, ay.

    Un besote muy fuerte. Cal.

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  17. La música y los olores, son para mí, las cosas potencialmente más peligrosas que existen a cuanto a evocaciones se refiere. Vamos que a punto estoy de ir por la vida con una pinza en la nariz y tapones en las orejas, a modo de collra de ajos, para espantar espíritus... ;))

    Beso, Porto

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  18. Un beso, Respirando.

    Y buenos días.

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  19. Un hermoso viaje, sin duda
    :))

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  20. Mucho mejor su colonia, Porto, que la magdalena mojada en té. Yo me identifico más con esa colonia.

    ¡Dios! Qué fugaz todo; pasan treinta años y ahí sigue el "arrecendo". Vida de mariposa tenemos. Te imagino de viejo, Porto, acercándote a ese frasco, y destapándolo con miedo como quien abre una puerta de un sótano, donde están encerrados... donde está el Aleph...

    Me gustó mucho. Un abrazo.

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  21. Los olores son un pasaporte al pasado agradabilísmo y su entrada preciosa.

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  22. Ay! No me seas pesimista Porto. La vida sigue siendo sólo "presente y un casi ilimitado futuro". Siempre hay algunas limitaciones impuestas por las circunstancias que nos ha tocado o hemos elegido (consciente o inconscientemente) vivir. Pero aún así, tenemos una infinidad de caminos abiertos y nuevas elecciones y decisiones que tomar que seguirán moldeando nuestra vida y nuestro carácter hasta el final de nuestros días. Cuál sea la mejor época de nuestra vida, la más placentera, la más productiva, la más consciente, es algo que sigue dependiendo en gran medida de nosotros mismos.

    ¿Me he ido mucho del tema? Aunque no lo parezca, he leído tu post y me ha gustado. Hasta te he imaginado de pequeño, peinadito y perfumadito, listo para salir.

    Un beso.

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  23. Gracias, E-catarsis; gracias, EFH.

    Mabalot, ésa podría ser una buena comprobación, la prueba de fuego de cómo hemos vivido. Llegamos a, por ejemplo, los 60 años, y destapamos el frasco de colonia de nuestra niñez.

    Si hemos vivido, nos pondremos melancólicos, un poco tristes. Si no, no soportaremos la pena.

    Un abrazo.

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  24. Ah, María, que nos hemos cruzado.

    ... buen intento.

    Un beso.

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  25. Lo creo de verdad (aunque suene ingenuo).

    Seguiré intentándo convencerte ...

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  26. Lo que cuentas lo he vivido muchas veces. Recordar mi infancia, los juegos con mis hermanos, el olor característico de ellos, de mis padres, de la cocina o del salón. Las excursiones con todos ellos... son tantas cosas. Pero pasados los años, veo que a mis hijos, pese a que es otra generación, les pasa lo mismo. Huele a...¿te acuerdas de cuándo...? .Mi marido y yo lo comentamos a menudo y volver a vivir todo eso me encanta.

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  27. Yo cada vez que tengo en mis manos una manta cuyo olor delata que lleva encerrada en un armario varios años, me acuerdo del salón de csa de María.
    Ya no están ni ella ni el salón, y me da mucha "morriña"

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  28. Pues yo, que era de los mediopenssionistas (comía en el cole), le tenía mucha rabia a los niños repeinados que llegaban por la tarde oliendo a colonia, cuando nosotros estábamos todo sudorosos y con churretones de polvo cayéndonos por la cara de jugar al fútbol campo (también llamado fútbol-tierra).
    En cambio, si es para los domingos, entonces sí lo acepto, de niños impolutos y proustianos.

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  29. Debe ser la colonia de la que hablas, este Blog cada día huele mejor.

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  30. ¡Los detalles! decía Proust. Lo importante son los detalles y por tu culpa llevo dos días intentando recordar el nombre de la colonia con la que nos peinaba mi madre. Era un frasco rectangular de color ¿verde? y se aplicaba con precaución porque te volvía rubio si eras moreno.
    Un abrazo

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  31. la del serrin22/4/07 21:41

    Me alegro de haber formado parte de tu infancia y de tus olores;y me alegra que mi abuelo tuviese una carpintería, ya que si llega a tener una granja de pollos me tendría que denominar "chica de los huevos".
    Lo que siempre he detestado es oirle a mi madre, desayuno tras desayuno, contarnos el número de galletas que te llegabas a comer.
    (cosa que me quitaba el apetito,por cierto).Pero te perdono que fueses tan glotón(nunca es tarde).
    ¡¡Hola Is@!!.Yo añoro nuestras partidas de futbolín.Lo hemos pasado bien ¿no?.

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  32. Gracias, Bartolomé.

    Sí, Serrín, ya había pensado en ti al escribir esto; tú eres un ejemplo vivo del poder evocador de un olor. Y fue buena cosa que tuviese una carpintería, sí, la madera (y el serrín) huele bien.
    (Quiero dejar claro al distinguido público que aunque de pequeño, por culpa de las mencionadas galletas, fui un bebé-bola, llevo muchos años de esbeltez.)

    ¡Is@, que me acabo de enterar de que eres tú! Perdona, la primera vez no tenías enlace, y ahora ni había mirado.

    Un beso a las dos. Esto se está convirtiendo en un blog familiar.

    Alexandrós, un abrazo.

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  33. Ah, las galletas ésas eran las que tomaba en la papilla de fruta, de merienda. Que conste. Y dicen que el record lo tenía en 13; algo hoy en día impensable, desde el punto de vista dietético.

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  34. ¿Trece? Buah, ésas me las meto yo de una tacada...

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  35. ... y fue suficiente ese momento para regresar al paraíso, ¿no? Aunque tal vez hubiera servido asimismo el olor de un viejo armario, del cajón de una cómoda, de un patio...
    Una curiosidad: ¿todavía te peinaban con raya a un lado?
    Un fuerte abrazo

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  36. Mi record galletero-sopacio está en 14. Pero de Marie Lu.

    Cuidao.

    Y sin boina.


    Fd: la donna è mobile

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  37. Vamos a ver. A los que presumen de comer galletas: mis trece las tomaba yo, a diario, con un año, junto con plátano, naranja, etc.

    Vamos hombre...

    Sí, Juan, con raya al lado; no muy empapado, ¿eh?, pero con raya al lado.

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  38. Creo que los olores evocan mejor que ninguna otra sensación todos los recuerdos. A lo mejor parece absurdo pero cuando conozco a alguien me quedo con su olor. Incluso recuerdo el olor de personas que ya no están. Igual con el olor de la comida, de la casa de mis abuelos, de la ropa de mi madre,... Como buena melancólica me gusta evocar sentimientos y esa botella de colonia tuya, Portorosa, ha servido para tirar del hilo.

    Seguramente sería bueno dejar muchos recuerdos por un tiempo, tal como dices, para que vayan haciendo madre. O al menos tomar los recuerdos puntuales como eso y no tirar del hilo más allá de lo saludable. Que si no vemos el pasado con perspectiva es muy difícil mirar hacia delante.

    Lo de las galletas me ha hecho mucha gracia. Porque fui niña-bola y era curioso eso de las mamás comentando lo mucho que comían sus niños. !Ahora que está tan de moda esto del autocontrol alimenticio!

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  39. Como en todo, en lo de recordar hay que tener cuidado, porque, como dices, Nube, puede llegar a ser no muy saludable. Sobre todo para los melancólicos. Podemos quedarnos aprisionados en la nostalgia y no ser capaces de mirar adelante.

    Un beso.

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  40. Qué breve post y cuánto me gustó!

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  41. Muchas gracias, JZ.
    He visto tu perfil y tu primer blog, el de Dreams of a Journey. Al blog tengo que volver con más tiempo, pero me llamaron la atención las fotografías, preciosas.
    Es curioso que El libro del desasosiego es también uno de mis libros preferidos; y que he leído, hace apenas un mes, el otro que citas, City.

    Un abrazo, y bienvenido.

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